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Quinquela y Victorica

DEL CORAZON DE LA GENTE AL ALMA DE LAS COSAS
por Isidoro Blaisten

Quinquela Martín es el más querido de nuestros pintores. Hombre cabal, artista único, su obra nunca contradijo a su vida y por eso está unido sentimentalmente al pueblo. Su obra excepcional conjura la memoria, instaura la evocación y toca de inmediato el corazón de la gente.Es el pintor que la gente elige porque lo siente próximo, y si es cierto que la Argentina es un país de inmigrantes, si es cierto que descendemos de los barcos, si es cierto que siempre habrá un barco ligado a nuestros ancestros, Quinquela Martín expresa como nadie ese vínculo. En casi todos sus cuadros, dibujos, grabados, murales, siempre hay un barco, siempre hay alguien que está partiendo o alguien que está llegando, pero, siempre, también hay alguien que está esperando. Ésa es la espera de todos los inmigrantes, la del corazón, la de la esperanza y, como decía Borges, la esperanza nunca es vana. Quinquela vivió primero todo lo que pintó después, y entre trabajos durísimos, cuando era un adolescente esmirriado, tuvo que hombrear bolsas en el puerto. De ahí esos personajes que no tienen rostro, pero que suben y bajan las planchadas doblegados por el esfuerzo infinito. Esos trabaj adores que "se doblan pero no se rompen". Con una libertad infrecuente expresa esa tenacidad, implantada con trazos nítidos y colores sufridos o rutilantes, de rápida resolución, que a veces fue criticada. Pero yo creo que ese aparente candor no es más que síntesis, eliminación de lo superfluo. Quinquela sabía dibujar y componer, pero valoró la esencia pura, la sabia comunicación repentina que, a través de la densidad de la materia, establece la solidaridad y rescata el trabajo.Con Quinquela no se razona, no se delibera. Concita el fervor porque uno se une a él por el afecto. Uno intuye que no hay cálculo en él, no hay dolo, y eso trasunta la potencia de su obra. Leonardo decía que "la pittura e cosa mentale" y en la pintura de Benito Quinquela Martín se percibe no sólo el corazón, sino el pensamiento, la forma de pensar de los seres humildes, clara e inteligente, que late en la sustancia del color y está ahí, bella, quieta y pertinaz. Quinquela no se plantea inútiles complejidades porque la complejidad del pueblo está en la lucha por la vida. Pero la sencillez es aparente: Quinquela es sutil como el ala de una mariposa y directo como una sentencia.Más allá de juicios y controversias, su nombre perdurará en esas barcazas que se mueven sobre el agua quieta entre la luz o la niebla, en esos cielos encapotados, al fondo de puentes y grúas y astilleros pintados con un vigor que el mundo entero celebra con admiración.Si Quinquela toca el corazón de la gente, Victorica toca el alma de las cosas. Si Quinquela busca la ribera, el ancla, aferrarse a la gente para encontrar su lugar en el mundo, Victorica es el constante fluir de las ondas del agua, porque, como describió Machado, El barco y el barquero son también ondas de agua". En Victorica cada pincelada tiene la vibración de la poesía y todo lo que pinta: una naturaleza muerta, un florero, un balcón, un retrato, un desnudo, un crucifijo, se convierte en un hecho poético. Uno siente que un hálito de irrealidad rodea las presencias cotidianas, que nunca volverán a ser las mismas. Una inquietud desconocida, una extrañeza como un fulgor de honda espiritualidad ha transformado los objetos y los rostros y, también, nos ha transformado a nosotros.Victorica nunca muestra, sugiere, y esa sugerencia sobrepasa lo que se ve. Uno percibe que hay una obsesiva elaboración y al mismo tiempo un distanciamiento, algo parecido a una lejanía indefinible, algo que pertenece sólo a la poesía, a su trabajada especie. Su paleta esplendorosa es cálida y fría al mismo tiempo, como si un extraño equilibrio vital diese al justo ademán el aire justo. Y su arte va de lo sagrado a lo profano, de la unción religiosa de la serie de los crucifijos y los descendimientos a los resplandores de la sensualidad El collar de Venecia. La piel de esa mujer sentada de espaldas produce la misma sensación que aquellos versos de Homero Manzi: "Su piel, magnolia que mojó la luna".Y así, del fervor religioso al erotismo velado, la elaboración minuciosa del color va buscando la engañosa naturalidad, la difícil sencillez.Esto se nota sobre todo en sus retratos. Como retratista Victorica me parece insuperable; hay una magia que supera al modelo, al parecido, a la técnica. El secretario, por ejemplo, es una obra maestra que encara infinitas posibilidades de acercamiento y las funde en una realidad única e indivisible compuesta por muchas realidades posibles. Después, en el turbión de la vida, atormentado por la fe, Victorica asume un misticismo tardío y su pintura se convierte en un regreso atormentado, como quien busca volver a pasar una y otra vez por el mismo lugar donde alguna vez ha sido feliz. Y aquí, creo, es cuando la técnica alcanza su plenitud: pinceladas perfectas, imprevistos empastes, veladuras de una delicadeza indescriptible.Creo también que Víctoríca es uno de los más grandes pintores argentinos, porque la expresión de todas las pasiones humanas cabe en su obra magistral, totalizadora, profundamente apasionada .

QUINQUELA Y VICTORICA
por Sylvia Iparraguirre

Un antiguo caserón de la calle Pedro de Mendoza, que en su época de esplendor perteneció a la familia Cichero, albergó buena parte de la bohemia boquense de la "edad dorada". Allí, dos pintores cuyas vidas y obras parecen estar en las antípodas, Quinquela Martín y Miguel Carlos Victorica, pintaron y vivieron en cuartos vecinos, con balcones que se abrían al Riachuelo y a la legendaria Vuelta de Rocha. En la década de 1920 el barrio de La Boca del Riachuelo era, en más de un sentido, un lugar periférico. El deseo de sus habitantes, en su inmensa mayoría inmigrantes italianos, fue conservar tradiciones, territorio y espíritu que no dejara definitivamente atrás su lugar de procedencia. El centro de esta "república" fueron el puerto y el Riachuelo. Elementos-ejes de una identidad que adquiere transfiguración simbólica en la obra de los pintore ' s boquenses. Fuertemente asociacionista, el barrio creó agrupaciones de todo tipo que ayudaron a sus hijos a lograr una educación y un lugar en la móvil sociedad argentina de principios de siglo. Recuerda Quinquela: "Cuando yo era muchacho creo que no había una sola persona en La Boca que no perteneciera a un centro, a una sociedad, a una cofradía, a lo que fuera". Barrio popular por excelencia, en La Boca los movimientos anarquistas y socialistas sentaron sus posiciones reivindicatorias. Esto acentuó la distancia de una modernidad que las vanguardias comenzaban a hacer sentir en Buenos Aires.

En los bordes de la ciudad, Quinquela y Victorica sugieren una forma de contraste con la renovación vanguardista que irrumpía en la Argentina a mediados de los años veinte.La pintura de Quinquela se convirtió en un símbolo de identidad para La Boca y, en un sentido más amplio, en el ejemplo del artista comprometido con su entorno social. Por el contrario, Victorica pintó sumergido en su mundo personal, que selló su obra con la marca de su subjetividad. Quinquela dijo: "La Boca es mi paisaje. Mi pintura y mi barrio se han identificado para siempre". Victorica, con influencia francesa y pariente espiritual de Odilon Redon, eligió el barrio como se elige la libertad o un destino y allí pintó cuadros de silencio y misterio, de atmósferas y claroscuros que sólo lo representaron a él.Quinquela Martín es el pintor más popular de la Argentina. Su vida y su obra armaron una leyenda que trascendió hasta aquellos estratos sociales que no frecuentan museos ni exposicione. El trazo grueso nos pintaría una secuencia de folletín: el expósito que se sobrepone a la adversidad, triunfa y generosamente no olvida sus orígenes. Sin embargo, detrás de los clichés y las simplificaciones existe una vida apasionante y la construcción de una obra cuyo vigor y personalidad lograron un lugar indiscutido en la plástica nacional. Recién nacido, fue abandonado a las puertas de la Casa Cuna un día de marzo de 1890. "Este niño fue bautizado y se llama Benito Juan Martín", decía la nota que lo acompañaba. El matrimonio del carbonero genovés Manuel Chinchella y la criolla Justina Molina lo adopta a los seis años y lo lleva a su hogar en el barrio de La Boca. Sólo cursó dos grados de la escuela primaria. Eran tiempos difíciles y el "pintor carbonero", que recuerda al Van Gogh de la estadía entre los mineros del Borinage, experimenta el duro trabajo del puerto. El chico del orfanato nunca olvidará sus orígenes y su barrio de obreros será, hasta el fin de sus días, el centro de sus desvelos. A los catorce años, entrega volantes socialistas, reparte carbón y hombrea bolsas en el puerto. Para la misma época, se inscribe en la escuela nocturna de la Sociedad Unión de La Boca en el curso de pintura del maestro Alfredo Lazzari. Más tarde, fue "discípulo libre" en las tertulias del peluquero pintor Nuncio Nuciforo, cuya peluquería adquirió en La Boca estatus de institución. "Leía mucho, lo que me cayera en las manos. Autores rusos. De ellos me impresionó Gorki Compré algunos libros al azar de mis pálpitos, y leí a Victor Hugo, a Balzac- Frecuentaba el Museo de Bellas Artes donde descubría deslumbrado a los grandes de la pintura". Su formación con el maestro Lazzari tuvo por base la escuela italiana de los "manchistas", que investigaron la luz y el color antes que los impresionistas franceses. En 1909, a causa de una tuberculosis, viaja a Córdoba, Allí pinta al aire libre, (tal mejor estilo impresionista" Y así fue como, según lo manifestó muchas veces, se consideró a sí mismo un impresionista. Pero su talento como pintor fue descubierto por Pío Collivadino, director en esos años de la Academia Nacional de Bellas Artes. A partir de ese encuentro se suceden con éxito sus exposiciones. Comienzan en la Galería Witcomb, en 1918, para continuar en el exterior, en Brasil y Madrid, en París y Nueva York. En 1920 había cambiado su apellido Chinchella por el fonético Quinquela. La crítica argentina y extranjera lo considera un notable pintor cuyo trato de la materia, a veces trabajada con espátula en empastes que llegan al relieve y el exuberante manejo del color, le dan características únicas. Quinquela puso sus recursos a disposición de lo temático. Quedaron en segundo plano las cuestiones formales, los lenguajes en pintura, centro de la problemática de los modernos. El tema central de su obra, el trabajo, se enraizó en el anarquismo y el socialismo, ideologías que movilizaban los estratos populares del país de entre siglos. Dice Quinquela: "Todosveníamos de hogares obreros, de gente humilde. No 'íbamos al pueblo', pertenecíamos al pueblo. Tampoco hacíamos folklore, pintábamos el ambiente en que vivíamos". En 1920 obtiene el tercer premio en el Salón Nacional con su obra Escena de trabajo. Presenta una muestra en Amigos del Arte. Esta vez la crítica es reticente y lo acusan de facilismo o quinquelismo, de "pintor desparejo". No obstante, la aceptación de su pintura sigue un rumbo incesante, no sólo en la Argentina (el presidente Alvear le regala al príncipe de Gales, en su visita de 1925, un cuadro de Quinquela) sino también en el exterior. En 1930 realiza una exposición en Londres donde diferentes museos compran siete de las pinturas exhibidas. Quinquela siguió creciendo. Como pintor, la adquisición de sus cuadros por los museos y los grandes coleccionistas dejó atrás el prejuicio. En lo humano, todo lo que fue y todo lo que hizo lo legó a La Boca y a su gente. En 1936 inauguró la Escuela Museo Pedro de Mendoza. Allí fundó el lactario y el jardín de infantes, creó el Instituto Odontológico Infantil y construyó el Teatro de la Ribera. Él mismo explica esta adhesión incondicional de su obra a La Boca: Leyendo a Rodin comprendí que la creación ha de ser gozosa. Nada se pinta mejor que aquello que se ama y se conoce ......El 4 de enero de 1884 nacía en el otro extremo de la ciudad Miguel Carlos Victorica. Creció rodeado de abuela y tías devotas en la quinta familiar de San Fernando. Su talento fue descubierto muy temprano..,por su primer maestro, Ottorino Pugnaloni. En 1901 ingresó en la Sociedad- Estímulo de Bellas Artes donde se formó, en un sentido académico, con Della Valle, Ernesto de la Cárcova y Sívori. En 1911, luego de la muerte de su padre, parte a Europa con una beca. Permanecerá allá siete años, decisivos para su formación. El maestro elegido fue Désiré Lucas, quien lo guía a disciplinar la mirada, a lograr el dominio del dibujo, a pintar obsesivamente desnudos. Viaja por España e Italia. De Venecia surgirá su primer cuadro famoso, El collar de Veneciá, de 1914. En 1918 volvía a la Argentina. La muerte de su madre provocó un vuelco definitivo en su vida. Buscó un lugar que lo apartara de ámbitos familiares y sociales. Lo encontró, inesperadamente, en La Boca. Allí pintaría por los siguientes cuarenta años, hasta su muerte.Victorica trajo a La Boca todo lo visto y aprendido en Francia. En el París en el que vivió, la ruptura entre tradición y modernidad se traducía en múltiples escuelas. Se inclinó por los pintores simbolistas e intimistas que conciliaban la tradición con algunos aspectos de la renovación moderna. La teoría del filósofo Henri Bergson, que preconizaba la intuición como medio para llegar al conocimiento, lo influyó y lo inclinó a valorizar las asociaciones mentales y los sentimientos superponiéndolos a la percepción directa de lo real. En 1917, cuando hace su primer envío al Salón Nacional, Victorica es calificado de "raro". Para un público y una crítica que salían lentamente del naturalismo, su obra propone el desafío de la inconclusión. Le interesan la captación de lo efímero, las atmósferas desdibujadas, los contornos imprecisos. Es entonces un pintor ya formado el que, en 1922, se instala en la casa de Pedro de Mendoza con Quinquela y Lacámera. En el ámbito bullicioso de La Boca, que parecía tener poco que ver con la personalidad taciturna de Victorica, el pintor participó activamente del Ateneo Popular y de la Agrupación Impulso de Gente de Arte. También compartía las largas trasnoches de la bohemia boquense. Amigos y críticos coinciden en su carácter contradictorio. Extremadamente sensible, amable a la vez que tímido y solitario, sufría a veces arrebatos de cólera o caprichos que pasaban como tormentas de verano. Muchos quedaron en la memoria de sus amigos. Cuenta Quinquela: "Los tres (con Lacámera) nos llevábamos muy bien, salvo cuando Victorica bebía. Cada vez que tomaba un poco de más, él, que de costumbre era tan medido, casi tímido, decidía matarlo a Lacámera. Yo, sin contradecirlo abiertamente, trataba de disuadirlo: 'Matarlo mañana', le proponía. Y cómo era tan fino, ante mi insistencia, accedía casi siempre a postergar el homicidio". También coinciden en la singularidad de su estudio. Parecido a un sañtuario, allí convivían muebles victorianos, estampas religiosas, objetos raros y fotografías, con sus gatos y con el Elogio de la locura, de Erasmo de Rotterdam, colgado de un alambre. Su temática abarcó desnudos, retratos, naturalezas muertas, imágenes religiosas, her mosos balcones a la ribera y el Parque Lezama por el que sentía una especial debilidad. Si Victorica no pintó el Riachuelo, cifra de la pintura boquense, pintó el Parque Lezama. En 1941 su óleo Cocina bohemia ganó el Premio Adquisición del Salón Nacional, y lo consagró como uno de los grandes pintores argentinos. Charles Baudelaire vio en la modernidad dos aspectos antagónicos. Por un lado, la racionalidad del progreso científico y tecnológico ligado a la revolución industrial y a las ideas positivistas. Por el otro, una vertiente de carácter estético que intenta preservar del dominio de la razón la espiritualidad del individuo. A esta zona perteneció Miguel Carlos Victorica. Tal vez por eso, transcurridas las décadas, la crítica consideró su obra, junto a Pettoruti y Spilimbergo, como una de las claves de la modernidad en la plástica argentina. Tal vez por eso,, Mujica Lainez lo ve como uno de los "edificadores de una Argentina en la que el espíritu proclama su difícil victoria".

DOS MAESTROS DE LA BOCA

por María Teresa Constantin

"En La Boca se pinta con la sangre de sus crepúsculos, con la sombra estrellada de sus noche?, declara Miguel Carlos Victorica en 1940. Palabras apasionadas que seguramente podría hacer suyas Benito Quinquela Martín. El encuentro entre ambos se produce en el barrio. Los une el espacio físico y la pasión por la pintura. En origen social, formación e intereses pictóricos son la antítesis.Benito Quinquela Martín (1890-1977) es considerado unánimemente como el maestro de La Boca. Su vida, marcada por acontecimientos emotivos, fue recordada regularmente por los críticos y creó a su alrededor una aureola romántica que aumentó su renombre.Don Pío Collivadino le presenta a Eduardo Taladrid quien, en una sabia amalgama de arte y relaciones sociales, se encargará de la promoción de su obra en la Argentina y el exterior. Luego de una primera muestra en Witcomb, Taladrid utiliza su condición de ex niño expósito y consigue que dos damas de la Sociedad de Beneficencia intervengan en la realización de una exposición consagratoria en los Salones del jockey Club Argentino. En el público se mezclan las clases altas argentinas y sus amigos de La Boca. Así, casi al margen de las instituciones artísticas de Buenos Aires, inicia una exitosa carrera. Entre 1920 y 1930 lo esperan Río de Janeiro, Madrid, París, Nueva York, Cuba, Italia e Inglaterra. A sus exposiciones logra atraer desde la Infanta de España hasta el Rey de Italia y Benito Mussolini. De sus padres adoptivos toma el nombre con el que firma sus primeras obras: Chinchella Martín. Son los años de formación junto al maestro italiano Alfredo Lazzari. Se detiene en paisajes de la Isla Maciel y de La Boca, hace uso de una pince lada corta y cargada de materia con la que trabaja la luz y el color. Más tarde, incorpora el uso de la espátula, la que poco a poco reemplazará casi totalmente al pincel. Hacia 1935, en consonancia con sus convicciones en la función social del arte, comienza la realización de sus murales. Los entiende como destinados al pueblo y se propone trabajar en cerámica porque, justamente, "da la posibilidad de llevar el cuadro al aire libre, a la calle, a las plazas, acercándose así a la gente". En sus composiciones, donde parecen enfrentarse fuerzas colosales, la épica del mundo del trabajo pasa a ser el motivo casi único. Son esos los temas que sedujeron a Mussolini y frente a los cuales, en 1929, habría manifestado: "Le¡ e il mio pittore La crítica celebró unánimemente la novedad de sus temas pero fue casi siempre remisa a aceptar su calidad técnica. Mientras tanto, a cada regreso de Europa, La Boca lo recibe con concentraciones y banquetes de home naje: los sectores populares viven su triunfo como propio. El presidente de la República, Marcelo T. de Alvear, y su esposa, Doña Regina Pacini, se demoran horas en su taller viéndolo trabajar. La pintura ha permitido la superación de la pobreza y el ascenso social. Más tarde, la acción solidaria fue, en el imaginario popular, la consagración definitiva de Quinquela.
Miguel Carlos Victorica (1884-1955) es un boquense por adopción. Descendiente de una tradicional familia argentina, recibe una esmerada educación y asiste a la escuela de la Asociación Estímulo de Bellas Artes. Sus maestros son Della Valle, Giudici, De La Cárcova, Sívori. En 1911 realiza el viaje de formación a Europa donde, a pesar de la guerra, permanece hasta 1917. Visita museos y seguramente conoce la obra de los artistas de la vanguardia, en esos años en pleno combate contra la tradición. París le ofrece también la exaltación del color de Matisse y los fauves y el interés de simbolistas y nabis por expresar en la pintura los estados de ánimo. A su regreso, Victorica se instala definitivamente en La Boca. Su mirada sobre el barrio es ajena a él pero, al mismo tiempo, es la de alguien que optó por ese entorno: "Aquí he construido lo mejor de mi obra. En este lugar en que todo respira vida, se tiene un desprecio por todo lo innecesario". Mirada romántica, percibe también al barrio como un lugar de trabajo. Desde allí envía regularmente sus obras al Salón Nacional y en 1941 logra el Gran Premio. Los artistas de La Boca lo entienden como un triunfo para el barrio y organizan un gran festejo popular. El rasgo que particulariza sus trabajos es la pintura liberada de las formas. Le interesa la masa de color. Busca retener la sensación que aquél produce en el ojo y no la descripción de los objetos. El gesto cargado de materia o el grafismo rápido sugieren pero no definen. A veces el trazo se manifiesta untuoso, en la densidad de la pasta. Otras veces la materia diluida deja ver el soporte, tela o cartón, que se integra plásticamente a la obra. Recurre a la pincelada cargada o al golpe de luz para focalizar y hacer emerger la imagen desde un fondo oscuro e indefinido. La figura humana ocupa un lugar destacado en su producción: desnudos o personajes de su entorno en los que ejercita el color. A menudo es una naturaleza muerta la que permite el ejercicio plástico: un conjunto de objetos, frutos, flores o un rincón del estudio que puede modificar a voluntad. Realiza algunas telas con motivos religiosos, paisajes y, durante un período, dirige su mirada más allá del taller y trabaja la Serie de los balcones: el color estalla con más libertad aún. Toda la superficie es trabajada a un mismo nivel, a modo de un tapiz. Su encuentro con La Boca se detiene allí, en manchas de colores que se armonizan sin circunscribir jamás el motivo.

origen de datos :pintura Argentina de clarin

Benito Quinquela Martin (1890-1977)

Cargando el horno de acero, 193 1
Los instrumentos de trabajo, los carros y la espalda doblada  de los obreros sugieren diferentes diagonales que guian la mirada del  espectador.hacia el horno de la fundacion ..La luminosidad de las llamas -Y los toques rojos refuerzan  la intencion del artista en señalar como nucleo .al cual se dirige el esfuerzo comun de los operarios.

Benito Quinquela Martín
en plena actividad 1928

, QUINQUELA suele utiliZar el mismo o recurso, refleja en el agua y demarca una línea zig zag que conduce al recorrido desde el primer plano hcia el final de la obra .A los lados las quillas de los barcos y barcazas o la linea de la costa refieren la dinamica relacion entre   materias primas,instalaciones fabriles  y los grandes barcos

Benito Quinquela Martín
1928
descargando carbon

En la decada veinte ,un periodo de- exitos para el artista,,le son encomendados los dos murales esta obra y la anterior para la casa del teatro impulsados por regina Pacini, la esposa del presidente Marcelo T. de Alrear. Aquí, la mole sombría de los barcos gruas parecen vigilar el trajinar de los obreros,acentuando la sensacion del hombre de trabajo.

 

benito Quinquela Martín
A pleno sol 1940

El peso de la composicion de apoya a la derecha de la obra  y ,,, abre hacia la izquierda a la luminosidad del dia.Surgen las notas de color :el azul del cielo y del agua el verde de una quilla. A la luz del Sol la, tarea se hace más llevadera Como en otras obras. el tendido de las sogas del barco dibuja el cielo, redes semejantes a extrañas telarañas.

 

Benito Quinquela Martín
Descarga (le carbón con grampas, 1928

las siluetas de lo, barcos y las gruas se recortan como monstruos amenazantes contra el cielo La, obras de Quinquela son el resultado de la obserbacion del puerto pero cargandola de emotividad. la negrura del carbon que pasa a Las barcazas se traslada en gama de grises a la tela y recuerda dureza del mundo del trabajo

Benito Quinquela Martín
En plena actividad, 1928

Quinquela sabia que Como se movia cada musculo del cuerpo al cargar y descargar. Así, los verdes rojos azules de los aparejos aparecen siempre las mninusculas figuras de los jornaleros.No tienen rasgos individuales son la sintesis rapida que indica los movimientos rapidos y ritmicos del trabajo y otorgan a la tela una viva sensacion de de vida activa.

 

Cargando el horno de acero, 1944

La critica europea vio en estas estas el testimonio del prodigiosos desarrollo de Buenos Aires, ligado al perseverante esfuerzo del pueblo trabajador. Aquí, las llamas iluminan el escenario donde se desarrolla parte de esa epopeya y al reflejarse sobre el cuerpo de los trbajadores los incorpora como actores indispensables de la escena..

 

Benito Quinquela Martin
chimeneas 1930

Las gigantescas chimeneas de los barcos y los mastiles se abren como una ventana hacia la vista de la costa y la cupula de la iglesia .Enmarcan en primer plano las figuras de los operarios. Una vision mas cercana del trabajo que abona la voluntad del artista de que ele hombre comun a
traves le gestos fácilmente identificable se reconozca en sus obras.

 

Miguel Carlos Victorica (1884-1955) El gato, 1938

Sólo manchas de color. el contraste rorundo entre blanco
y negro corporiza la figura del gato .Victorica ilumina sabiamente la zona del pecho con un blanco mas intenso y lo hace coincidir con el centro de la obra. Rapidas pinceladas de blanco para la tela de la derecha Luego unos pocos toques de rojo dinamizan y activan todo el conjunto

 

 

,Carlos Victorica
Desnudo con frutos y flores, 1938

Un cuerpo desnudo es la excusa para pintar. El artista descuida la representacion de la realidad .Sugiere el volumen por el color,utiliza la luz para insistir sobre los detalles que le interesan: el contorno del ojo, lasuperficie de la mano o un hombro. Más alla un agil entrecruzamiento de pinceladas en i rojo ojo le permite sugerir la presencia del ramo de flores.

 

Miguel Carlos Victorica
Flores, 1954

Toda referencia especial ha Sido anulada: el plano donde se apoya la - muerta se confunde con el fondo y los toquesde color que hacen emerger las flores son tratados al mismo nivel que las pinceladas abiertas del fondo Las zonas sin trabajar se integran plasticamente en la obra como una mancha mas..

 

Miguel Carlos Victorica
Paisaje de Córdoba, c. 1938

Puntos de Colores un trozo de pincel mas alargado
o la insistencia en manchas verdes marrones y azules sirven para sugerir el paisaje ..El espacio se torna ambiguo solo el puente las casas v la iglesia del pueblo establecen los vinculos con la realidad. La línea de contorno ha desaparido y el color domina toda la obra.