THOMAS PYNCHON

EL ESTILO PYNCHON

PESADILLAS AMERICANAS

 

MARCELO COhEN

 

  

charles Mason, hijo de bue­na familia inglesa, nacído en 1730 y murió en 1787. De 1756 a 1770 trabajó en el observatorio de Greenwích como ayudante del astróno­    mo real lames Bradley, el primero que ha­blo de la aberración de la luz de las estre­llas. Jeremiah Dixon nació en Gales en 1733 y murió en 1779. Era un cristiano cuáquero, es decir que creía en la luz inte­rior y combatía la injusticia social, y además de astrónomo era topógrafo. Mason y Díxon se conocieron cuando la Real Sociedad británica les encomendó una ob­servación astronómica en los Mares del Sur. Mason había enviudado joven; Dixon nunca se casó. En 1763 los empinados norteamericanos Penn y Baltimore los contrataron para establecer la frontera en­tre PennsyIvan¡a y Maryland, estados que entre otras cosas discrepaban porque el primero era esclavista y el otro no. El trazado, que empezó en 1763, se alargó por unos 370 lan hacia el oeste del río Delawa­re, derribando árboles, allanando desnive­les, partiendo cultivos, suplantando ca­bañas por una perspectiva, indefectible, hasta que en 1767 la oposición de las tribus nativas lo frenó cuando faltaban 45 km para completarlo. En su nueva novela, Mason y Dixon, Thomas Pynchon sugiere que después de cuatro años de mancillar tierras extrañas  los       topógrafos estaban en condiciones de comprender a los indios..La línea recta es un ideal matemático  que empresarios y financistas usan  con aviesa eficacia para obviar los desvíos constantes de la vida común, donde ,pese a los cartesianos el espacio no es homogéneo sino muy desparejo y esta plagado de vibraciones .En cuanto a la hoy famosa línea Mason –Dixon plasmo no solo la frontera  entre los dos estados sino la falla central de la democracia norteamericana: de un lado el ideal de libertad igualitaria, del otro varias divisiones subsidiarias en­tre amos y esclavos. También lanzó la ex­pansi6n de una cultura hacia el oeste, en perjuicio de todas las demás. Así fue como, un Espacio se implantó sobre los espacios, y la mecánica sobre la vida. Mediaba el siglo XvIII, Faltaban pocos años para que los Estados Unidos se independizasen; un siglo para que el norte y el sur se masacraran mutuamente; los comerciantes ya surtían a los indios de rifles que les permitirían morir matando. La Compañía de las indias Occidentales se llevaba a Inglaterra algodón o tabaco y vendía a la colonia manufacturas, ansiosa de ampliar más el mercado. En Europa, la simetría bella y simple de las leyes de Newton alentaba el ideal de aplicar principios racionales al mundo entero, incluso contra la voluntad de buena parte del mundo, que en definitiva era bruto. Dios era un gran relojero. La línea Mason-Dixon fue un efecto épico y calamitoso del afán de "desencantar el mundo" (dijo Adorno) que movió a la Ilustración; el proyecto de dominar la naturaleza realizado en oportunidad para la explotación. Pero Mason y Dixon, los de la novela de Pynchon,. van a América con la cabeza llena de eficacia celeste. Van con el sector y la brújula, con dudas metafísicas y con sus pelucas empolvadas, sus zapatones de hebilla y su adicci6n al café, y descubren que las armónicas leyes de arriba chocan con las tozudas fuerzas del suelo e incluso con los habitantes, que de paso chocan entre sí. El espectáculo los incluye y los arrebata. La matemática aplicada en beneficio despacha a Dios muy lejos de lo creado y con él a una Multitud de sus hijos. Los prodigios están en la tierra, son intempestivos y no se ve bien en n42bre de qué deberían dejarse aniquilar. Esto es lo que Pynchon cuenta en Ma.son y Dixon. No extraña oír que trabajó diez años en la novela. Como para saldar el contencioso que la fantasía gótica y la técnica mantienen desde Frankenstein, Pynchon fue más atrás. Se propuso buscar la raíz de nuestra irritada relación con la máquina de la guerra y la producción, del penoso mareo que sólo nos permite ver conjuras de poder o sin sentido, en el mo­mento histórico en que la ciencia abrió una senda bárbara en el país fundado en nombre de las verdades ilustradas. Volvió del viaje con un novelón imponente, el primer libro suyo donde el gag desopilan­te no eclipsa el dolor, y el peso de saber que no sabemos no intenta aliviarse en la manía persecutorias sin duda el libro contiene muchos motivos de la subasta del lote 49 o el arco iris de la gravedad y desborda de la picaresca divagatoria en la que pynchon se ha especializado desde que publico V..Pero el enredo tiene esa luz templada que cobra la razón cuando acepta  la indisciplina del deseo y Manson y Dixon ,envarados caballeros dieciochescos sortean las peripecias mas o menos unidos transformándose a fuerza de intercambiar debilidades, para vivir, ya achacosos, el instante de reconocimiento emocionado que no se les consintió a Bouvard y Pecuchet. No vamos a olvidarlos nunca. Aunque Mason y Dixon se desvía en historias de frontera, en la fábula contramoral de una cautiva que se fuga y cae entre monjes lascivos, en poemas apócrifos y anécdotas desmesuradas, el grueso de la novela es el relato oral de Huyas Cherrycoke, un pastor que participó de dos expediciones de los topógrafos y veinte años después cuenta lo que sabe y lo que se imagina para una variedad de parientes reunidos en una sala familiar. La facundia del reverendo pasa a menudo de la pachorra a la agilidad; y salpicada como está de modismos urbanos de hoy, mitomanía, argots, agudezas y amaneramientos, se resuelve en una música descocada, devoradoramente anacrónica .Aparte de esto la trama es lineal. Empieza cuando Mason y Dixon se conocen en 1760 para embarcar rumbo a Sumatra, comisionados por la Sociedad Real Británica para observar el tránsito de Venus por el i círculo del sol. Como en el trayecto los ataca una fragata francesa, y parte de la tripulación muere, van a hacer el trabajo a Ciudad del Cabo. El miedo que han pasado los deja inermes en los perversos interiores de la cultura esclavista de la colonia holandesa. La calle es especiosa y cruel; las tabernas infinitas en sus vericuetos; la vida de los blancos hierática de día y por la noche macabramente lujuriosa. Pese a su z repulsión, cuando los astrónomos zarpan con el trabajo cumplido se llevan de re cuerdo una que otra aventurita jadeante. Un año después M & D aceptan el famoso encargo de trazar la línea en Norteamérica y el libro entra en una franja de virtuosismo geofísico. Los conflictos morarles, religiosos y políticos de un, pais a punto de nacer, las abigarradas calleis de Filadelfia. O  Nueva York, el carácter antojadizo de la ley, el inmenso yaho de la vida autóctona  ,más allá de la espesura ,la desorientación nada  amarga de MASON Y DIXON se  enlanlazan en una laxa red que no excluye a personajes estelares. Franklin (primer usuario de agros) o George Washington .La entereza  del tejido esta asistida por varias conspiraciones.. A la rapiña maniobrera de la compañía de Indias se superpone la¡ siniestra Compañía de Jesús, esos destajistas de  Dios. Los jesuitas han inventado un telégrafo propio, han fundado una comu­nidad de monjas libertinas en Quebec y financian una tropa de monjes a caballo que patrulla Canadá forzando la obediencia a su doctrina. De todo esto Mason y DIxon se apartan adentrándose en el continente y, a medida que su línea abre el te­rreno hacia el oeste, el relato se vuelve una parábola loca. La ciencia de la Ilustración se fuga por las tangentes; detrás de lostopógrafos se agolpa un tropel de hacheros, guías indios, colonos refugiados y cazadores. La Norteamérica que expande la Línea no sólo hierve de herejes europeos que buscan fortuna; a la huella acuden los habitantes del sádico castillo de Lepton, el profesor Voam y su utilísima anguila eléc­trica, un maestro chino de fenol-shui, el chef francés Armand Allegre que huye del acoso sexual del célebre pato mecánico inventado por Jacques de Vaucanson~, el inventor del ketchup y varios asesinos de indios. Mientras tanto, se tala el bosque y, aunque el paisaje es progresivamente opa­co, resistente, se nota que por el tajo abier­to un día va a perder todo el aliento. En esa hondura apesadumbrada la novela gira y gira, como atónita ante la magnitud de la ocasión que dejó escapar la Nor­teamérica original. Mientras Dixon bebe ya veces fornica, y un día deja en claro su moral partiéndole la cara a un tipo que azotaba a un negro, Mason se desespera por comprender las fuerzas invisibles que intuye detrás de las leyes fisicas. El fantas­ma de su esposa muerta suele rondarlo, pero le niega el encuentro que alivie la pe­na de una despedida amarga. Mason quie­re una revelación, pero sólo encuentra ausencia. Para colmo, estaba cantado, la expedición topa  con  indios y los, indios dicen que ni hablar:' nadie puede cruzar la Gran Senda del Guerrero, al oeste de los montes Afleghenies, vigilada por las fieras tribus, delaware y shawnee. M & D se resignan. Pero no pueden irse sin explorar un turbador Montículo indio que según les dicen está por ahí cerca. Una fría madrugada se internan en el bosque. El Montículo es grande, cónico; una brecha abierta por algún saqueador les muestra que consiste en una serie de anillos superpuestos formados con desechos: polvo, caracoles triturados, ceniza. No bien Díxon comenta que tal vez esas sustancias convengan para reunir fuerzas telúricas, como "la muerte y los fen6menos inferiores', las brújulas enloquecen y Dixon olvida quién es y dónde está. El pasaje no sólo trata del contraste entre un conocimiento que mira al cielo y otro que mira abajo, entre jerarquías estables y ambigüedad interior: simplemente es que la ciencia universal no. les sirve a M & D para entender lo ajeno. Es fácil decir, con todo lo que se ha escrito sobre sus otras novelas, que para Pyrichon las anomalías del conocimiento empezarían a resolverse con la física cuántica, el principio de incertidumbre y las ciencias del caos, que el Montículo es una serie de reiteraciones que crean un vórtice; y que el vórtice o torbellino, ese fenómeno estable hecho de desórdenes diminutos, es para Pynchon el símil de la novela. Pero el escéptico mareo con que M & D vuelven a Inglaterra expresa algo. más difuso y esperanzado. Del proceso racionalizador que desató la Ilustración no se salvó nada', ni el individuo; la autoridad de la Razón cobró tal violencia que el que no se hizo disidente se convirtió en tirano; y la barbarie afectó a a los disidentes también. De esto, un topógrafo inglés del siglo XVIII no tenía por qué darse cuenta. En principio, el mal era para él la amorfa, lo irracional. Pero detrás del topógrafo venía la Empresa, algo que M & D no dejan de advertir. Por supuesto, explotar lo indiferenciado en nombre. del orden, y. si se resiste eliminarlo, es una postura delirante. No se puede partir lo que la vida da unido ni suprimir lo que prospera solo sin  volverlo fantasma. la Razón no debió desencantar el mundo y de hecho no lo desencanto , El proyecto de Pynchon  es reencantar el  someter la razon al desconcierto mas intenso, para que se embeba del encanto que el mundo nunca perdió. Es un proyecto rabíoso, creyente y subversivo: encontrar la forma del desequilibrio En un onírico interludio de la novela, todavía, Mason y Dixon siguen camino al oeste, en la medialuz, hasta avistar manadas de bisontes en la llanura, Pero en realidad se vuelven a Inglaterra. Mientras Mason emprende una nueva observación del tránsito de Venus, ahora en Irlanda, Dixon hace observaciones desde una isla, del Mar del Norte. Las cien últimas páginas se enturbian de remordimiento. Dixon reflexiona que el único elemento común a todos los lugares en donde han trabajado es la esclavitud; ése es "el vergonzoso meollo". La Línea no honra sus carreras científicas; quizás haya sido apenas una iniciativa corrupta de la Sociedad Real. En años crepusculares, aunque no se vean mucho, las impotencias respectivas aumentan la dependencia mutua. Dixon sufre de gota. Mason intenta sobreponerse al cansancio para recobrar el afecto de sus hijos, que casi no lo conocen. La mirada vastísima de Pynchon, que ha abarcado las tecnologías del tiempo y el espacio, se concentra hasta el ardor en las desdichas de la vejez. Pero claro, es que también Pyrichon el escritor debe estar más viejo, y acaso haga cuentas. Nunca como en esta novela había creado dos personajes tan enteros. Mason el ordenado ambicioso de saber, el huraño que padece una melancolía visíonaria. Dixon el gregario sensual, el librepensador adicto al láudano, arriesgado pero realista..Dos científicos estupefactos que asimilan con hidalguía las carencias de su saber. Tienen un recurso, que es un conversar sin pausa. En M & D hay una Línea que queda inconclusa, experimentos truncos, citas trascendentales que siempre se difieren, quince días que desaparecen del mundo por una reforma de calendario, sofocadas voces de lo oculto. Una novela sobre el trazado de una línea se resuelve en zigzagues, remolinos, saltos, en un objeto que neutralíza toda conspiración por el recurso de tragársela. Carcajada y melancolía preceden a la aceptación de las pérdidas, como si Pyrichon saliera de la paranoia totalizante para clausurar una época, de la novela. La nueva época que está contribuyendo a alumbrar tiene un signo diferente. Desde M & D la novela se afirmará como la sola forma artística capaz de hacer lo que otras nunca consiguen representar lo imposible sin que "uno piense en un truco.                     

EL ESTILO PYNCHON

PESADILLAS AMERICANAS

A1 contrario que Dickens, por ejemplo, o aun Joyce, que en el museo de la literatura son compuestos inestables obra y persona, se sabe que Thomas PynChon ha logrado ser pura obra, un texto sonoro con el apéndice de una foto borrosa y lejana, tosco paliativo de un cuerpo presente. Sin embargo esa obra no es reticente consigo misma: no borra los rastros de su desarrollo, y en muchos momentos trata justamente de esos rastros. Entre las historias que cuenta, relata tumultuosamente la de su gestación, y por eso sabemos que, aparte de unos cuentos, en el comienzo de Pynchon está Henry Adams, ese nieto y biznieto de presidentes de Estados Unidos que escribíó un libro tan pesimista como combativo sobre las bases y el futuro de su país. La educación de Henry Adams (1906) es una de las autobiografias más admiradas que existen. Además tiene una tesis: que la civilización es una pendiente entre la suprema unidad con el cosmos M siglo XIII y la imparable desintegración del XX. Adams instó a buscar en cada era las fuentes decisivas de energía, y requirió teorías que sirviesen de sendas en los "tupidos bosques de la historia"; él mismo se sirvió, notoriamente, de símiles de la termodinámica.El huidizo Pynchon ha dejado en claro que se interesó por ese reclamo. También él necesitaba alguna huella para orientarse, aunque en su caso no se trataba de ordenar la Historia sino de qué historias valía la pena contar, o era posible, y en ese caso cómo, sin pasar por alto el palmario desastre de nuestra época. Como muchos escntores que consi ran la realidad un problema más int esante que ellos mismos, Pyrichon tuiv la tentación del esquema organizador. Con todo, en el imprevisto prólogo que ve...cinco años después escribió a sus relatos primerizos Lento aprendizaje (1984) se encargó de invalidar el método de hacer argumentos literarios ton teorías científicas. Pynchon dice que tomó las ideas sobre la entropía la noción termodinámica sobre el crecimiento del desorden y la pérdida de energía en los sistemas cerradosde Norbert Wiener y Henry Adams, y creó un argumento acorde. "Dado mi estado de ánimo universitario reflexiona sobre el cuento 'Entropía' el sentido de poder fuera de control de Adams, unido al espectáculo de rnyerte universalpor calor e inmovilidad matemática que presenta        Wiener, parecía lo indicado. Pero la distancia y grandiosidad de todo esto me llevó a menospreciar a los humanos del cuento. Pienso que se volvieron sintéticos, insuficientemente vivos... La lección es triste ... : uno se pone demasiado conceptual, demasiado listo y remoto, y los personajes se ^mueren en la página." Las tres grandes novelas posteriores V., Ia subasta del lote 49 y El arco iris de gravedad, una obra maestra salvaron de sobra aquel traspié; pero el comentario de Pynchon no está de más, porque sirve para desautorizar muchos análisis que se hicieron abusando del silencio del autor. En breve: se ha escrito que la poética de Pynchon es paranoica. Pero el delirio del paranoico es cohesivo, indusivo> causal, lógico, jerarquizado, polarizador. Los sistemas teóricos están imbuidos de delirio, y por supuesto numerosas obras del género novela, como Casa desolada, donde más allá de las intrincadas peripecias "todo cuadra" y la plétora de sucesos tiene un solo origen y acaso un gran culpable. La idéa de nudo y desenlace es paranoica, en el fondo, y sin duda la de destino, trayecto de vida prescrito y fatal. No puede decirse lo mismo de las "novelas" de Pynchon, hechas de disrupciones e interferencias, clímax múltiples, dispersión, analogías, inverosimilitud. La paranoia es sólo aquello que preocupa a sus personajes, un motivo. La sospecha de una gran confabulación los per sigue, y con ella la complementaría idea de sin sentido; sus antagonistas visibles, entre tanto, sencillamente complotan, usan el poder, realizan sus nociones y sus fantasías de orden y perfeccionan el control. En la imposición del control a la vida hay un gasto de energía que paradójicamente se resuelve en desorden. De aquí esa atmósfera de embrollo exhausto que es una novela de Pynchon. . El dilema de los personajes es si hay un gran antagonista invisible. Es lo que medita Slothrop,en El arco iris de gravedad, mientras en el Londres de 1944 caen los cohetes V2 alemanes y él tiene una erección cada vez que se acerca el peligro. Pero aunque esto parezca la sátira de una tribulación inútil, ciertas preguntas siguen siendo pertinentes para el que no atiende a la verdad de una frase sino al grado en que promueve la vida y la especie, las preserva, incluso las cultiva. ¿Es cierto que hay otro orden detrás del visible, si no invisible por lo pronto escondido? ¿Es más paranoico el desvalido que medita sobre la impunidad del poder que la elite que controla las fuentes y modos de energía, el valor del dinero, la distribución de las armas, la circulación y oportunidad de las drogas, dicta los usos y niveles de seguridad, selecciona las imágenes, decide los limites de la intimidad, constituye el perfil del enemigo principal y el contenido de la participación, la disidencia y la tolerancia, esta

blece la intensidad del espionaje, la represalia, el carácter moral o fisico del castigo al infractor? ¿Y en qué medida el oponente está embebido del delirio del poderoso, cómo pasa a ser cómplice?Vineland, esperado diecisiete años por los lectores, fue el libro que Pynchon de­dicó a esas preguntas extremando un nuevo tipo de realismo, llamémoslo holístico, como si dijera que la narración es una for­ma de estar en el mundo. Vineland es la historia de una izquierdista que se hace colaboradora de la CIA. Aborda la realiza­ción de una idea, la contracultura californiana de los años 60, y sigue sus orígenes, su ebriedad, su derrota y su flaca supervivencia desde el gobierno de Nixon hasta el de Reagan, como si rastreara las esquivas huellas del deseo en un sistema cerrado convencionalmente llamado Estados Uni­dos. Pero, por exhaustiva que fuera la novela con el destino de una cultura, Pynchon no quedó conforme. Decidió ir mu­cho más atrás, hasta el siglo XVIII, a ver cómo se libró en los orígenes de su país el conflicto entre la Razón venida de Europa y un continente en reposo. Qué es escribir historia, o cómo la historia nos escribe; quiénes quedan en el gran relato he­gemónico como agentes y quiénes son bo­rrados: esto es parte de lo. que Pynchon se propuso averiguar con las 1.000 páginas de Mason y Dixon.

 nota de clarin cultura del 24 de septiembre del 2000

 

 

 

thomas pychon

 

 

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