ROBERTO JAURROZ

 

"UNA OBRA QUE CRECE CON EL TIEMPO Y PUEDE SORTEAR EL CAMINO AZAROSO DEL OLVIDO."
"EL TEXTO SUGIERE QUE UNA PEQUEÑA TORCEDURA PUEDE MODIFICAR EL
CURSO DEL UNIVERSO
"PARECE QUE SE REPITE, PERO SU REPETICION TRAE SIEMPRE, COMO UN
PRODIGIO, ALGO NUEVO."
la verdad que esta debajo de las cosas

poesia vertical

por: ENRIQUE FOFFANI

La poesía de Roberto Juarroz, a juzgar por la insistencia de ponerse bajo la advocación de un mismo título, Poesía vertical, parece no progresar, parece permanecer idéntica a sí misma, parece una poesía reacia a los cambios y las modificaciones. Es sólo una apariencia, en la medida en que la suya es una poesía en movimiento que hace de la repetición su manera propia de realización, como si echara por tierra de antemano conceptos como evolución o progreso en la poesía.
Pero es una apariencia en el sentido con que Nietzsche piensa esta noción, es decir, la apariencia como máscara, como la argucia modernamente contradictoria con la que cuentan los poetas para conquistar su sinceridad. La de Roberto Juarroz es una poesía de la sinceridad en el sentido de buscar a toda costa la dimensión intacta y nítida de las cosas; como lo plantea uno de sus versos más emblemáticos: «La claridad está debajo de las cosas". No se trata de localizar un centro esencial y preestablecido, sino de enfatizar la acción de ir en busca de él, así sea asumiendo la caída, el descenso, en última instancia el abismo.
Ontología poética, entonces, nunca idealista y libresca sino traspasada por la inquebrantable voluntad de ir a buscar el ser de las cosas, su centro de gravedad, ese secreto núcleo que siempre cambia de lugar y diluye la fijeza y la inmovilidad. Pero ¿cómo hace Juarroz para que su ontología no se cristalice en nociones abstractas y su búsqueda no termine extraviándose en alturas inalcanzables?
Se podría contestar que fundamentalmente lo hace a través de un lenguaje desnudo y riguroso. Desnudo porque en su poesía no hay referencias, nombres propios o alusiones al mundo de la cultura, pues su lenguaje está sostenido y alimentado por un proceso de despojamiento constante. Y riguroso porque este lenguaje le presta cuerpo a la lucidez, actividad que esta poesía bautiza con la imagen de "lo vertical". No en el sentido de acatamiento pasivo, sino todo lo contrario: de permanente actitud de desacatar y ponerlo todo en duda. De allí la figura del estar erguido y de pie que se desprende del título.
En un poema dedicado a luan L. Ortiz (Juanele) Juarroz se define a sí mismo, de manera oblicua, a través de la figura de vigía que le suscita la imagen del poeta entrerriano. Pero ya no como éste en tanto vigía de la naturaleza, sino en tanto vigía de la vasta y profunda población de cosas y seres de que se compone el mundo. Por eso la ontología de Juarroz aparece bajo los indicios de una visión siempre alerta, siempre abismal, siempre profunda y el concepto de profundidad implica -imagen de lo vertical mediante- tanto las alturas como los abismos, los ascensos y los descensos, el vuelo y la caída. En este sentido reside el carácter moderno de esta obra: como aparece en Baudelaire, la poesía habita ambos mundos; pero la caída inevitable es el pretexto ue utiliza la poesía de Juarroz para inscsu particular impronta De hecho la acción de caer es la más recurrente de esta poética y se lleva a cabo en varios planos del sentido: como ley de gravedad del universo, como el imaginario que la poesía moderna extrae de la tradición occidental, como la metáfora ineludible de la existencia humana que el poeta insulfla de un hondo vitalismo: "Hay que caer y no se puede elegir dónde./ Pero hay cíertaforma del viento en los cabellos,/ cierta pausa del golpe,/ cierta esquina del brazo,/ que podemos torcer mientras caemos". Vitalismo que consiste en el hallazgo de un poder capaz de obrar sobrela inexorabilidad del destino. Vitalismo que consiste en poder corregir algo en ese texto del destino que no se puede modificar; aunque sea, como lo dice este poema, corregir algo más, una coma, vale decir, que la capacidad de obrar no es válida únicamente sí sus efectos son mayúsculos. El texto sugiere que una pequeña torcedura, realizada con humildad, puede modificar el curso del universo. Roberto Juarroz escribió bajo el m ' ismo título catorce libros de poemas, desde el primero publicado en 1958 hasta el últímo, de publicación póstuma, en el año 1997. Esta antología esencial aparece ahora bajo dos auspicios importantes: por un lado, el de reunir en un volumen aquellas composiciones representativas de todo el trayecto que las antólogas llaman "una breve cartógrafia y, por otro, el no explicitado en el prólogo pero evidente de difundir a un poeta merecídamente reconocido en el país y en el exterior y autor de una obra que prefirió situarse al margen de las estridencias y en el interior silencioso de un ámbito íntimo y auratico .Este hecho no es menor: la suya, coma la de Juanele como la de Macedonio Fernández (Juarroz es uno de los que rescata a Macedonio como poeta), como la de su amigo y en un punto maestro, Antonio Porchia, es una poesía acompañada de ese gesto que prefiere situar la obra al abrigo de las modas, al costado de premios y condecoraciones y, sobre todo, al resguardo de ciertas instancias oficíalistas que suelen corroer la obra casi de inmediato. Se trata, claro, de todo lo que está detrás del gesto: una obra en movimient o, que crece con el tiempo y que puede sortear el camino azaroso del olvido, por más que Macedonio traspapele su mejor poerna en un tarro de galletitas, a Porchia le corrijan su lengua de inmigrante que es su mayor riqueza y Juanele permanezca tan vital ahora como antes o Juarroz, de modoanálogo, vaya encontrando con los años el lector futuro que la misma obra contenía.
Una antología refracta el carácter de ''summa'', por más que albergue la esperanza de conseguir la condensación definitiva y se coloque entonces entre la summa teológica y el vademécum. Esta no se propuso tamaña empresa, sino rescatar por un lado la antología que el propio Juarroz hizo de su poesía (tina selección que alcanzó hasta la Sexta poesía vertical) y, por otro, seguir la posible dirección trazada por ésta con los ocho libros restantes, incluyendo el último: Décimocuarta poesía vertical. La compilación decidió ser fiel a ese punto entrañable de su poesía que se abisma y radicaliza de libro en libro y que las antólogas denominaron "el núcleo creativo de una poética". Punto entrañable, centro de gravedad, lugar por antonomasia nómade, esta poesía parece que se repite, pero su repetición extrae siempre, como un prodigio, algo nuevo. Por tanto, no repetición en-sí misma sino repetición para el sujeto que la contempla y la rehace cada vez que la lee.
Poemas -aforismo, poemas-adivinanza.,.* poemas -fragmento, poemas-astilla, poemas de composición anular, poemas que devienen paradojas, poemas geométricos, poemas-teorema, poemas-silogismo, poemas en espiral, esta obra poética atrae y seduce por esa capacidad intelectual de proponer un juego mientras se abisma en cuestiones casi filosóficas.
Sín  embargo y por escaso margen, la suya es poesía, no filosofía. Escaso margen que sitúa la obra de Juarroz en ese dilema que es la dilucidación del límite entre ambas. Poesía, la de Juarroz, que apuesta a la imagen y a su soporte en el cuerpo sonoro y material de la. palabra cuando es consciente de que el silencio es su doble, su material inminencia.