RAYMOND CARVER

 

EL ESCRITOR  DE PEQUENIAS COSAS
Murioó inesperadamente en 1998, a los- 50 anios. Habia dejado atras sus violentas borracheras y vivia en paz. entonces pasoó lo de siempre: salieron a la luz textos que no habla llegado a reunir en libro.  que tal vez habria preferido no publicar.

SALE EN CASTELLANO "SI ME NECESITAS, LLAMAME", EDITADO POR ANAGRAMA, CON CINCO CUENTOS NUNCA REUNIDOS EN LIBRO. LA EDICION EN INGLES INCLUYE ADEMAS RESEÑAS Y OTROS ESCRITOS DE UNO DE LOS MAYORES NARRADORES DE LAS ULTIMAS DECADAS.



CARVER carver

por:CLAIRE DEDERER

En el momento de su muerte en 1998, la influencia de Raymond Carver en el cuento norteamericano era tan esencial que sus cuentos propiamente dichos se habían vuelto casi imposibles, de leer. Carver había sido alguna vez escritor, a esa altura era una forma de escribir. Estudiantes de escritura creativa copiaban devota-
mente sus historias breves, catárticas, despojadas. Una de sus alumnas, Jay McInerney, recordando a Carver describía la atmósfera de fines de la década de 1970 y comienzos de los 80 de la siguiente forma: "Nos copiábamos descaradamente de él, todos los alumnos de Syracuse, lowa y Stanford y los demás talleres literarios del país, donde cada uno parecía escribir y publicar cuentos con títulos a la Raymond Carver tipo '¿Te molesta si fumo o '¿ Qué piensas de esto, querida?-
Con el auge de los escritores salvajemente discursivos como David Foster Wallace y Rick Moody y, un poco más adelante, Dave Eggers, Carver empezó a hundirse en el horizonte. Más o menos por esa misma época circuló la noticia de que Gordon Lish, editor de Carver en Esquíre y luego en Knopf, andaba diciendo que había hecho muchísimos retoques a algunos de los cuentos más famosos de Carver antes de su publicación. Las pruebas parecían indicar que Lish había hecho simplemente lo que para el resto de nosotros es el viejo y común trabajo de edición: mejorar la escritura, después sentarse y callarse. Lish sencillamente olvidó la parte de callarse.

No obstante, las afirmaciones de Lish, el auge de los ilusionistas de la ficción posmoderna y el paso del tiempo y la moda se combinaron sutilmente para desacreditar a Carver. El hecho de que su escritura pudiera empezar a parecer démodee mal tramada, incluso, fue un síntoma del lugar especial de Carver en las letras norteamericanas -es el gran líder de los talleres literarios en el cielo.
Por eso Si me necesitas, Ilámarne aparece en un momento vulnerable de la curiosa vida de Carver después de la muerte. Carver ya no es sexy, no está de onda, ni es particularmente noticia. Es justo el momento indicado para volver a él, para leerlo sin expectativas ni reverencia. Afortunadamente para los lectores, su viuda, Tess Gallagher, y los estudiosos de Carver William L. Stull y Maureen P. Carroll desenterraron cinco cuentos que deberían reanimar el interés por su obra. Algunos de estos relatos fueron publicados en los últimos dos años en Esquíre todos aparecen aquí por primera vez en formato de libro. Las historias son -en una sola, carveriana palabra- buenas.
Gallagher encontró tres de los cuentos en unas carpetas en su casa de Port Angeles, Washington. Leña es un relato de acción lenta sobre un hombre que simplemente pasó "28 días en un lugar de desintoxicación". Alquila una habitación en la casa de unos extraños, permanece una o dos semanas y corta una gran pila de leña En "Sueños", Carver demuestra que es un maestro de la tensión doméstica. En las primeras páginas, el narrador observa a la mujer de la casa vecina: "Estaba inventándose una nueva vida... y la nueva vida incluía también a sus hijos." En Hollywood, a este tipo de situación la llaman kidjep -uno enseguida sabe que los chicos están perdidos. Pero Carver logra un buen cuento a partir de la pérdida de los hijos en un incendio, un relato que analiza la necesidad y a la vez la imposibilidad de consolar a otra persona.---Vándalos "es probablemente el trabajo más débil del libro: dos parejas se ven dos veces al año; esta vez, la casa de un vecino es destruida en un incendio. Pero aun este cuento, que carece de un hecho central propulsor, tiene una integridad innegable y un suave clima de pesar de la madurez.
Stull y Carroll descubrieron "Si me necesitas, llámame" y "Qué queréis ver" en la Biblioteca de la Universidad de Ohio. Según el prólogo de Gallagher, ambos cuentos datan de comienzos de los 80. Los dos abordan serenamente la disolución de un matrimonio duradero, y ambos recuerdan, de una manera inesperada, precisamente lo que hizo tan inmediata y contundente la escritura de Carver.
Nadie piensa en él corno un escritor locuaz, pero "Qué queréis ver", un relato de dos parejas en una comida, demuestra que Carver era capaz de transmitir un montón de información sirviéndose sólo del diálogo. Recorre rápidamente las últirnas 10 páginas del relato con la más breve de las descripciones: qué tenía la ensalada, qué había de postre. El resto -el dolor de la pareja que se separa, el arrepentimiento por un pasado bañado, en alcohol- se lee entre las líneas de una conversación muy cortés durante una comida.
En "Si me necesitas, llámame", una pareja alquila una casa de veraneo lejos de su hogar para tratar de arreglar su relación. El marido y la mujer hablan de comprar un perro: "Pero aunque seguimos hablando de perros durante varios días, y nos señalábamos perros en jardines de otros cuando pasábamos, los perros que nos habría gustado tener, no llegamos a nada, no compramos ningún perro." Nadie como Carver para la más pura forma de lo irrevocable.
En su prefacio, Gallagher señala que una imagen de "Si me necesitas, llárname" -caballos que aparecen en la niebla figuraron posteriormente en el cuento "Caballos en la niebla" y el poema "Noche con niebla y caballos". Esta exégesis tan minuciosa plantea un interrogante: ¿para quién son estos cuentos, exactamente? ¿Son para estudiosos que buscan antecedentes literarios? ¿Son simplemente para coleccionistas devotos de souvenirs de Carverlandia?
A los fanáticos de Carver, como verdaderos creyentes de cualquier credo, les encantan las cosas oscuras y difíciles La mayoría de los demás, amamos, en cambio, la escritura más emocionalmente expansiva de Carver: los cuentos "Catedral "Parece una tontería" y «Plumas". (Me gustó incluso Short Cuts, la película que hizo Robert Altman basándose en la obra de Carver. Altman capturó el espíritu de marginalidad de Carver y lo reubicó hábilmente en Los Angeles, capital mundial de la miseria.) Los relatos descubiertos no son solamente para los fanáticos de Carver; son para cualquiera que quiera recordar el por qué de todo aquel alboroto.
Podrían aportar -en realidad, aportan ejemplos valiosos de obsesiones que el también deparan una lectura cautivante.
Una advertencia: los nuevos cuentos hacen que valga la pena tener este libro, lo cual es una suerte, puesto que todas las demás obras que contiene ya habían sido publicadas anteriormente en Fires (1983), una colección muy variada de poemas, ensayos y cuentos, o en No Heroics, Picase (1992), grupo de obras no compiladas publicado en forma póstuma. Quienquiera que se interese lo suficiente en Carver corno para escoger este volumen probablemente ya tiene las dos colecciones. También fueron reeditados cinco cuentos de los primeros tiempos -cuatro de ellos de la época en que Carver era estudiantes pero no vale la pena volver a leerlos. Los ensayos, por supuesto, son fantásticos -al igual que las implacables de libros de Carver.
Después de unos años de no leer a Carver, en mi memoria, había reducido su escritura a una fórmula cruda: borracho en departamento sucio que enfrenta pérdida de esposa/hijo/inocencia, es redimido por pequeña oración al final. Si me necesitas, llámame libera la escritura del personaje. Nos recuerda en primer lugar, por qué Carver se convirtió en un clisé: escribía cuentos envidiablemente buenos. 

 Copyright The New York Times y Clarín, 2001. Traducción de Cristina Sardoy.

HISTOROA DE UN LARGO ADIOS

por: TESS GALLAGHER

J a se ha acabado", escribí a un amigo en el año que duró la empresa de Y publicar cinco nuevos relatos recién descubiertos de Raymond Carver. Como poetisa, en esa frase quisiera percibir un matiz de plenitud, de perfección. Pero lo cierto es que nunca más volveremos a oir esa voz extraordinaria, cuya clara resonancia e implacable honradez hizo que sus relatos se tradujeran a veinte lenguas a todo lo largo y ancho del mundo.
Tras la muerte de Ray, cuando su traductor japonés, el espléndido novelista Haruki Murakarni, vino a verme con su mujer, Yoko, me confió que sentía tan dentro de sí la presencia de Carver que le horrorizaba terminar la edición de sus obras completas. Ahora comprendo la mezcla de júbilo y tristeza que debía de sentir.
Ese trabajo me ha procurado la especial alegría de volver a oir una voz que ya parecía fuera de este mundo, de asistir a su inesperada reaparición después de que se hubiera cerrado el telón. Si hoy se descubriera un baúl de manuscritos de Kafka o de Chéjov, todo el mundo se precipitaría a ver su contenido. Y es que somos así: curiosos y nostálgicos, nos dejamos dominar por los familiares fantasmas de quienes admiramos en la literatura y en la vida.
Aun siendo distintas, estas obras recién descubiertas guardan una estrecha relación con las que Ray publicó en vida. Y eso tiene un valor inestimable, porque cuando se ama a un escritor nunca nos cansamos de leerlo, queremos conocer absolutamente todo lo que ha escrito: lo trascendente, lo inesperado e incluso lo inacabado. Sabemos apreciarlo. El valor de estas obras no sólo radica en su conjunto, sino también en los pequeños detalles: la estructura de la frase y la sintaxis, los personajes nuevos o familiares, el desarrollo línea a línea de la narración.
El hallazgo de estos relatos se produjo en momentos diferentes y en distintos lugares. El primero fue en 1999 en Ridge House, la casa de Port Angeles, en Washington, donde Ray y yo vivimos hasta su muerte Mi amigo Jay Woodruff, uno de los s de redacción de Esquíre me prestó entonces una gran ayuda. El segundo descubrimiento se produjo en el.verano de aquel mismo año, citando Williani L Stulll \ si¡ mujer, Maureen P. Carroll especialistas en Carver, fueron a la biblio. teca de la Universidad de Ohio a consultar la Colección William Charvat de Narrativa Norteamericana. Allí, mientras examinaban una caja de manuscritos, se encontraron con dos relatos sin publicar. Me llamaron entusiasmados, el día de mi cumpleaños, para comunicarme la noticia.
Poco después de la muerte de Ray, cuando escribía la introducción de Un sendero nuevo a la cascada, encontré unas carpetas que contenían relatos inéditos mecanografiados y borradores manuscritos. Por entonces no estaba segura de que estuviesen -terminados ni de que,-en ese caso, mereciese la pena publicarlos. Consideraba que antes de pensar en publicar obras inéditas, primero había que poner al alcance de los lectores todo lo que Ray había querido ver publicado. Me llevó nue. ve años concluir esa tarea con la aparición de los poemas completos de Ray en All OF Us (Harvill, 1996; Knopf 1998).
Tras la prematura muerte de Ray a los cincuenta años, en 1988, a consecuencia de un cáncer de pulmón, tuve una infinidad de cosas que hacer. Preparé la edición británica y norteamericana de tres libros suyos; concluí el texto de Carver Country, un volumen de fotografías de Bob Adelman asesoré a Robert Altman en su película Short Cuts, basada en nueve r ela tos ya publicados; y participé en la realización de tres documentales sobre Ray Casi todo ello sin dejar de dar clase lejos de casa. Y, además, me las arreglé para escribir tres libros de poemas, un libro de relatos y una serie de ensayos.
A comienzos de 1998, cuando se aproxímaba el décimo aniversario de la muerte de Ray, J ay Woodruff me llamó para decirme que le gustaría hacerle un homenaje publicando algo suyo en Esquíre "Hay unas carpetas en su mesa", le dije. "No sé si contienen textos completos ni si valen la pena. Pero les echaré una mirada cuando tenga tiempo". Creo que Jay comprendió mi vacilación. De todos modos, contestó: "Tess, cuando te decidas a examinar esas cosas, me gustaría ir a darte una mano".
Jay era exactamente la persona cuya aparición había estado esperando. Respetaba mi trabajo, le encantaba la obra de Ray y sabía cómo preparar un texto para su publicación. Además, como escritor y redactor jefe de una revista, era capaz de apreciar enseguida el valor de un relato. En marzo de 1999 fue a Seattle en avión y luego, después de tres horas de coche y transbordador, llegó a Port Angeles. Al día siguiente, desde las nueve de la mañana a las once de la noche, examinamos cuidadosamente los cajones de la mesa de Ray.
el contenido de las carpetas, lo eti fotocopiamos y, realizamos una selección. Fue una operacion serena, íntima, cargada de resoluciones. Tras la lectura, estaba claro que había tres relatos excelentes. La perspectiva de hacer justicia a aquellos relatos inéditos compensaba con creces el terror que sentía a dejar concluida la obra de Ray. Parecía especialmente adecuado que en aquel descubrimiento participase Esquire, revista en la que,un amplio público lector conoció los relatos de Ray a principios de los años setenta.
Ray se encargó de descifrar y transcribir fielmente la apretada caligrafía de Ray. Uno de los borradores era un manuscrito, los demás estaban escritos a máquina con correcciones a mano. Lejos de encontrar aburrida la tarea, Jay la acometió con gran vigor intelectual. Como me había pasado once años descifrando la caligrafia de Ray, verifiqué las transcripciones de Jay cotejándolas palabra por palabra con el original y rellenando algunos huecos que habían quedado. Eramos conscientes de que en ocasiones Ray revisaba un relato hasta treinta veces. Aquellos los guardó mucho antes de llegar a eso. (En los últimos meses de su vida, Ray abandonó el relato para dedicarse a la poesía y a lo que sería su último libro, Un sendero nuevo a la cascada). Sin embargo, sólo requirieron un mínimo de correcciones. Se armonizaron los nombres de personajes y ciudades, de manera que Dotty no se convirtiera en Dolores a la página siguiente ni Eureka en Arcata. Los desenlaces, en los que Ray siempre trabajaba con mayor ahínco, se encontraban, en algunos casos, en el mismo estado en que se deja una comida cuando suena el teléfono. Mantuvimos la resonancia de esos últimos momentos, dejando que el relato se apagara poco a poco.
Ray había escrito varios relatos de hombres que tratan de empezar de nuevo, sobre todo en "Desde donde llamo". En Leña el primero de los relatos inéditos que se publicaron en Esquíre el protagonísta parte toda la carga de un camión de leña con la esperanza de que le ayude a superar el alcoholismo y la ruptura de su matrimonio. El personaje también es escritor, y en sus vagos intentos de volver a escribir hay un eco conmovedor de los primeros tiempos de nuestra vida en común, Era en 1979, en El Paso, y Ray intentaba escribir de nuevo después de pasar diez años presa del alcoholismo.
De los cinco relatos inéditos, "Sueños"es mi preferido; y también el de jay. En él, una mujer cuyo matrimonio se ha deshecho pierde a sus dos hijos en un incendio. El relato parecía tender un puente en nuestra vida entre Siracusa (donde Ray y yo, como la pareja del relato, dormíamos en el sótano para evitar el calor de agosto) y el Noroeste (donde estalló un incendio en nuestra calle, aunque sin causar víctimas). Reconocí el eco de Parece una tontería", en el que también muere un niño. En ambos casos admiraba la audacia de Ray al tratar un tema que fácilmente podía haber derivado hacia el sentimentalismo. En "Sueños", los detalles se van escapando poco a poco, como el humo de una chimenea. La acción se desenvuelve en una especie de claroscuro: nada se distingue con precisión hasta que la escena se ilumina de pronto. La vida ha maltratado de tal modo a esos personajes que cualquiera puede reconocerse en ellos. Los dos relatos que descubrieron Bill y' Maureen se remontan a principios de los años ochenta, y ambos tratan de la ruptura de un matrimonio. Uno de ellos, "Si me necesitas, llámame", anticipa una imagen central del relato "Caballos en la niebla" y del poema "Noche con niebla y caballos». En esas tres obras hay unos caballos que surgen misteriosamente entre la niebla en el momento de una fatídíca separación. El otro, "¿Qué queréis ver?", parece primo hermano de "La casa de Chef en ambos, el marido y la mujer intentan salvar su matrimonio, pero sus heridas son tan profundas que acaban yéndose cada uno por su lado. La imagen final de la comida echada a perder recuerda a "Conservación", que sugería que las relaciones humanas, como los alimentos descongelados, son perecederas.Tras la publicación en revista de cuatro de los relatos, volví a repasarlos con Gary Fiskejton, editor de Ray. En un momento dado nos dimos cuenta de que estábamos quitando las comas que antes habíamos introducido. Nos reímos y repetimos la cita de Ray según la cual cuando uno se sorprende quitando lo que acaba de poner es que el relato ya está terminado Aquí, en el Noroeste, solemos sacar barriles para recoger el agua de lluvia y aprovechar así algunas prodigalidades de la naturaleza. Los barriles de lluvia nos garantizan un amplío suministro de agua dulce, para lavarnos el pelo y regar las plantas.
Este libro es como lluvia recogida en un barril, agua caída directamente del cielo. En él siempre encontraremos algo para refrescarnos y acercarnos de nuevo a la vida y obra de Raymorid Carver. El
Tess Gallagher es la viuda de R. Carver Este texto acompaña la edición de 'Si me necesitas, llámame.


Muertes y enigmas


Cuando muere un escritor, comienza un enigma mayor. En algún lugar de su escritorio o en los sitios más inesperados surgen manuscritos, textos pasados en limpio pero sin terminar, prosas ocasionales publicadas en algún medio que el autor no sabía muy bien si alguna vez iba a incluir en un libro. En el caso de Raymond Carver (como en tantos otros) hay un personaje difícil, quizá inasible- la viuda. La actividad desarrollada por Tess Gallagher desde la muerte de Carver, en 1988, relatadas por ella misma en estas páginas, que sirven de epílogo a Si me necesitas, llámame, pueden dar dos impresiones opuestas: con mucho amor, ella se encargó de toda la obra no publicada de un escritor que murió tempranamente, a los 50 años, de un infarto, al corazón, cuando finalmente había dejado la bebida y vivía en paz consigo mismo; o, por el contrario, su trabajo es resultado de un marketing feroz, que no dejó página sin publicar. ¿Cómo saberlo? Ese es otro enigma (menor, recluído al desván de los chismes). La edición en castellano de Si me necesitas, llámame, publicada por Anagrama, sólo incluye una parte de la edición original: call if you need me. The Uncollected Fiction and Other Prose, editado por Vintage en un volumen de 300 páginas. Se trata de los cinco cuentos encontrados recientemente. "En 1998. cuando apareció su colección de cuentos nuevos y escogidos, Tres rosas amarillas, Carver señaló que había optado por no reunir todos sus cuentos porque 'Hay algunos que no me convencen y no me gustaría volver a verlos editados'. Al hacer la selección para ese libro, 'elegí algunos con los que pensé que puedo convivir', agregó el autor. La sabiduría de Carver, que murió ese mismo año, se vuelve aún más evidente con la publicación de Si me necesitas, llámame", escribió con su habitual ferocidad la crítica Michiko Kakutani. 

POR:MARCELO PICHON RIVIERE