RAY BRADBURY

 

 RAY BRADBURY

En la Argentina, Bradbury es un best-seller crónico: cada uno de sus principales títulos publicados mas de 40 años venden unos 4.500 ejemplares anuales. Sus logros literarios fueron premiados honrados de maneras distintas: un crater de la Luna lleva el nombre de una de sus novelas.

"Mi casa está llena de porquerías, juegos, máscaras, muñecos de peluche. Soy un hombre y, como tal, me encantan los juguetes. Pero al menos sé lo que hago: no juego con celulares, la computadora, el e-mail Una vez quise usar una computadora pero la regalé. Cometería demasiadas equivocaciones

Al asomarse para una de las fotos, Bradbury anuncia: Estoy listo para mi primer plano, Sr. de Mille imitando a la actriz en decadencia Norma Desmond en el monólogo final de El crepúsculo de los dioses, un clásico de 1950. Una síntesis de sus pasiones y su omnipresente sentido del humor.

"No sé por qué la gente supone que escribir es una tarea solitaria. Todos mis amigos se encuentran en mi máquina de escribir. Yo los llamo, les pido que salgan y ellos me hacen caso. Nunca podes sentirte solo si le inyectas vida a tus historias dice. Y por las dudas aclara: "Yo no trabajo, Noruegos.

Escribir es un acto de amor, es como estar enamorado todo el tiempo. La gente me pregunta a cada rato como tengo el coraje para hacer lo que hago, y yo les digo: 'Uno nunca se siente con
coraje al principio. Se trabaja, y al final  uno se siente mas valiente por haber trabajado.


 

 

en su casa

 

 

 

Señor Bradbury,

Por las dudas de que me ponga tan nerviosa que no pueda hablar, quiero decirle gracias por pasar tantos días lluviosos conmigo, y también los días cuando no iba al colegio (porque estaba engripada) y días en que mis padres me obligaban a hacer la siesta y me decían: 'No hace falta que duermas, sólo descansa y leé un libro.'¡Gracias por su maravillosa compañía durante estos 30 años!" monica Sottolani, 40 años). El papelito doblado apareció bajo la puerta de entrada del 10265 Cheviot Drive, la casa amarilla patito cubierta de Santa Ritas que pertenece a Ray Bradbury, maestro de la ciencia ficción y usina de sueños intergalácticos de varias generaciones de habitantes del planeta Tierra. Al leerlo, el escritor sonríe y lo deposita sobre la montaña de papeles, fotos, juegos, carpetas, cepillos y artículos más insólitos que alfombran su mesa de comedor, convertida en escritorio. Sonríe con placer pero sin sorpresa: cada semana, unas 300 cartas llegan a la residencia de Los Angeles que comparte desde hace medio siglo con su esposa Marguerite McCIure, junto con peluches del tamaño de un gran danés, cuadros como el del hombre tatuado de pies a cabeza (un homenaje a El Hombre Ilustrado) que decora el lobby de entrada, y objetos de toda suerte vinculados a alguno de sus más de 600 cuentos, o novelas, o poemas. El amor de sus lectores no claudica con los años. Y él se esfuerza por serles fiel: contesta personalmente todas las cartas que le parecen "más sentidas". ¿Cómo podría no hacerlo? ¿No escribió él mismo una carta -cuando era un escritor novel-, al escritor inglés William Sommerset Maughan, para agradecerle por un libro que ayudó a dar dirección a su pluma? ¿Y no comenzó esa carta una correspondencia de años que hoy conmemora con una foto sepia sobre su pared?
Esa es la vida de Bradbury: un ir y venir de pasiones literarias, algunas compartidas, algunas propias; un largo y fervoroso diálogo con él mismo que desde joven se tomó el hábito de volcar (él diría "vomitar") sobre el papel.
Conocer a Bradbury -tras una vida de intuirlo entre las páginas de sus libros- no desilusiona. El primer impacto es contradictorio. Por un lado, se notan aún en su rostro y su postura los estragos del accidente cerebro-vascular que sufrió hace poco más de un año: camina lentamente con bastón, muy
despacio, sin aceptar ayuda. No escucha muy bien de una oído, y perdió -por el momento- su legendaria rapidez con el teclado (hoy por hoy, le dicta los cuentos por teléfono a Alexandra, una de sus hijas, quien luego se los envía por Fax para que él dé el visto bueno o corrija). Pero no hace falta más que escuchar su saludo enérgico, su risa espesa de Papá Noel, sus chistes justos para cada ocasión; no hace falta más que mirarlo, con su uniforme de shorts, camisa y tiradores, la corbata poblada de huevos de Pascua, para descubrir detrás del bastón y el pelo blanco a aquel niño de 12 años que él dice ver aún en el espejo cuando se afeita. Después de sacarse los anteojos,  por las dudas.
Recibe a VIVA en el comedor de su casa, que se apropió para oficina hasta que pueda maniobrar con más facilidad las escaleras que dan al sótano, refugio de siempre de sus "metáforas": juguetes, esqueletos, máscaras de toda clase, calaveras. Pero hoy por hoy la imaginación afiebrada del escritor invade el corazón de la casa, y al mirar la masa de objetos rotos sobre la mesa, las sillas, el piso, Maggie (así la conoce el mundo) no puede dejar de suspirar, echar las manos al cielo y musitar "cómo alguien puede trabajar así ... yo no sé". Pero se nota que está acostumbrada a los avatares de la vida con un hombre inusual, y que -mucho más allá de los inconvenientes- los agradece.
Bradbury contesta las preguntas con ahínco, como si no hubiese respondido ya a cientos, miles de interrogatorios similares. Con algunos temas se exaspera, como si no se hubiese exasperado ya tantas veces ante esas mismas inquietudes. Da la impresión de que vive cada pregunta como una nueva oportunidad para lanzar sus verdades al mundo, sin importar mucho dónde aterrice ni cuánto viento levante en el camino.
¿Cuán seguido escribe? "Todos los días", contesta. "No dejo pasar una semana sin completar un cuento, un artículo, un ensayo o una poesía". Pero no se queda en esa respuesta literal, jamás se queda en lo literal. " Dios me ha dotado de locura. No tengo opción", dice con gesto humilde, bordando una metáfora en su respuesta con talento de artesano viejo. Sin embargo, es una locura que no le demanda más de dos horas por día. "Si estás enamorado, no necesitas más", dice, como si no hubiese otra explicación más lógica en el mundo.
Cinéfilo apasionado, cuenta con entusiasmo que la semana siguiente se reunirá con Steven Spielberg para intentar llevar al cine otra de sus obras. Pero, discreto, no abunda en detalles.

Le gusta definirse como un coleccionista de metáforas, más que como un especialista. ¿A qué se refiere La gente recuerda todas mis metasforas porque sigo la tradición de los grandes escritores del siglo XIX, como Herman Melville, Edgar Allan Poe o Nathaniel Hawthome. En esos años, los escritores estadounidenses y europeos escribían con metáforas. En otras palabras, la historia era tan vívida que una vez que uno la leía ya no la podía olvidar más. Por ejemplo, si uno lee El Gato Negro, de Poe, en el que la mujer está enterrada en la pared, ya no la puede olvidar, ¿no? Todas mis historias se inscriben en la tradición de los grandes relatores de mitos que a la noche, con la gente reunida alrededor del fuego, hiAlaban sus historias. Crecí enamoradodelas películas: las de Lon Chaney, El Fantasma de la Opera El jorobado  de Notre Dame todas historias metafóricas. Vi todas las grandes películas del cine mudo y más tarde la de King Kong. ¿Y sabés qué? La bestia sigue dando vueltas. Así como en mi cuento La Pradera, cuando digo que los leones pueden bajarse de la pared y comerse a tus padres, te juro que se bajan y se los comen. Si escribo una historia como Calcidoscopio, en la que un cohete explota y manda a todos sus tripulantes volando en todas direcciones, se trata de una historia de amistad y amor y soledad. Es una metáfora para la condición humana. Y al final del cuento uno de los hombres se quema sobre la Tierra, y un nene dice "Ah, una estrella fugaz. Pedí un deseo. Pedí un deseo". La gente nuncalo olvida. Tengo la habilidad de un poeta para escribir con metáforas. Hace 55 años, cuando vivía con rni esposa en Venice, California, vimos las ruinas deuna vieja montaña rusa acostada sobre la playa, con su esqueleto y sus costillas saliendo de la arena, y entonces le dije a mí mujer: "Me pregunto qué hace ese dinosaurio acostado ahí en la playa Lo con-
vertí en una metáfora en el acto. Y la noche siguiente escuché la sirena del faro, que sonaba ha-
cia el océano, y me dije: "Claro, el dinosaurio escuchó la sirena, pensó que era otro dinosaurio que lo
llamaba, nadó hasta ahí para encontrarlo y descuEntonces destruyó todo y murió con el corazón roto en la playa". Al día siguiente me levantéyla escribí. Cuando John Huston leyó esa historia, me llamó para que escribiera el guión de Moby Dick.

¿Cómo reacciona su mujer cuando le dice cosas como ésas?

Mantiene la boca cerrada. (Risas) Está casada con un loco, así que no interfiere.
Algunas de sus novelas parecen tener mensajes o advertencias de orden moral. ¿Es intencional? No, jamás pontifico. Odio a los escritores que me quieren ayudar, odio a los escritores políticos. Toda esa literatura política muere en unos pocos años, cuando mueren los eventos que las motivaron. Farenheit 451 (ver Guía para ... ) no era una novela política, era una novela social sobre condiciones que podrían transcurrir en el futuro. Cuando la escribí, la televisión en EE.UU. sólo tenía dos o tres años, pero podía imaginar cómo nos afectaría. Fue algo emocional, no político ni bienintencionado.

¿Sigue sintiendo aversión a la tecnología?

Nos están bombardeando con toda clase de máquinas: TV, email, radio, teléfonos, celulares. Estamos obsesionados con estos aparatos que la mayor parte del tiempo no necesitamos. Yo le pregunto a la gente: "¿ Para qué vas a usar esto?" i Basta! El otro día me subo al avión para ir a Nueva York, y el tipo que se me sienta al lado abre su laptop Entonces yo le dije: Por Dios, dejá esa cosa. Necesitás dos o tres horas lejos de toda esa porquería". Otra vez, veo antes de subir al avión a dos hombres que están hablando entre ellos, muy ocupados, celulares en mano. Al subir, uno delos dos me pide si no le cambio mi asiento para sentarse con su amigo. Y yo le dije: "No, no lo voy a hacer. Ustedes necesitan una vacación uno del otro. ¡Vamos, relájense, duerman un poco!" El hombre estaba furioso pero durante el viaje durmió. Al bajar del avión me dio las gracias. ¿Será que usted puede evitar usar una computadora porque casi no corrige?

En parte. Pero además esos aparatos son ineficientes. Se equivocan. Una vez me regalaron una computadora, y el teclado era tan sensible que cuando la toqué se disparó Lo aguanté un tiempo y dije: "Yo no me equivoco con mi máquina de escribir, ¿por qué me tengo que aguantar esto?" Y la regalé. Además no me gustan las pantallas, me gusta el papel y la tinta. Es más personal.

Muchas veces habló muy bien de su matrimonio y de cuánto su esposa lo apoyó. ¿Cuál es el secreto para una unión tan larga y próspera?

El humor. Si más matrimonios se rieran, las cosas serían distintas. Si cada uno sabe cuáles son las debilidades del otro, y las toma con sentido del humor, se sobrevive. Mirá toda la porquería que tengo en este cuarto. Me estoy rehabilitando y tengo que tener todo a la vista. Supongo que pronto volveré al sótano, pero por ahora tiene que aceptar todo esto ,y lo hace con humor. Y lo otro importante ocurrió cuando nos casamos, en 1947: ella tuvo que renunciar a los 100 dólares semanales que le daban sus padres (hoy serían 500), y se casó conmigo, que no tenía un pelo. Tuvo que empezara trabajar para ganar 40 dólares por semana, mientras yo escribía con la esperanza de ganar lo mismo. Casi todas las semanas vendía un cuento por dos centavos por palabra, pero a veces nada. Y ni una vez en todos estos años hablamos de dinero. Cuando ella volvía del trabaj o, íbamos a Ocean Park a comer un pancho y jugar a jueguitos de un centavo, y después íbamos a casa, hacíamos el amor y dormíamos. Siempre lo mismo. Fue la perfección en cuanto a esa cosa que tantas veces destruye a las parejas: el dinero.

¿Qué clase de padre fue para sus cuatro hijas (Susan, Ramona, Betina y Alexandra)?

Todo fue improvisado. Uno no puede enseñar valores; uno vive y expresa esos valores. Les Hemamos
las cunas con libros cuando tenían 8 meses. Libritos de 25 centavos cada uno. La gente me preguntaba: "¿ Pero no los rompen?" Sí, seguro, pero eran baratos, y ellas así se acostumbraban a estar cerca de los libros. También llenamos la casa de discos, de películas, de pinturas. Yo pintaba con ellas en el sótano, y algunas de esas pinturas me inspiraron novelas. También las llevábamos al planetario, y les mostrábamos películas de los 30 y 40, y las del Teatro japonés. Betina, la tercera, escribe guiones de telenovelas, y a cada rato me llama para recordarme que ella ganó tres Premios Emmy por su trabajo, y yo sólo uno. (Se ríe) Y yo le digo, "muy bien, me alegro por vos".

¿Alguna vez se levanta sin una sola idea?

Nunca te bloqueas si amás lo que hacés. La gente que se bloquea es gente que estáhaciendo algo que no debería hacer. No podés escribir para complacer a nadie, ni siquiera a un editor, ni para ganar plata.
Pero no todos tienen la misma confianza en sí mismos que tiene usted...

Si escribieran con pasión, la tendrían. Se sienten inseguros porque están escribiendo las cosas equivocadas.

Suele ser muy crítico con respecto a la forma en que se está educando a los chicos...

En la escuela hay que enseñarles a leer  y escribir, y que ellos elijan sobre qué. Las computadoras pueden esperar, lo primero es que aprendan a leer. Pero esto tiene que ser relajado y natural. Un buen ejemplo es mi hermano, tiene 4 años más que yo. Nunca leyó un libro en su vida. ¿Cómo se explica que un chico con los mismos padres y la misma tía Niva no se convirtió en alguien como yo? Lo único que se puede hacer es ponerles al alcance los libros, la música, el arte. Si les gusta, bárbaro. Y si no, también.
En Farenheit los personajes terminan memorizando los libros para salvarlos M incendio. ¿Qué libro salvaría usted?

(Piensa ... ) A todos los prefacios de G.B Shaw, reunidos. Son tan fascinantes como sus obras o más. El era un charlatán compulsivo, un coleccionista de ideas, y tenía maravillosos debates con G. K. Chesterton en los años 20. Me hubiera encantado estar ahí. Y además, si yo los recitara, la gente pensaría que soy inteligente.

En su libro fuisera predijo que el año 2001 sería el año de los grandes cambios, en lugar de 1984, como predijo George Orwell ¿Siente que su predicción se cumplió?

Bueno, no quise decir todos los cambios, y tampoco sólo los negativos. Logramos vencer a la Unión Soviética, ¿no? Así que 1984 no ocurrió, los desarmamos. Destruimos al comunismo, y ese fue un
gran triunfo para el presidente Reagan. Hablé con Gorbachov en Washington hace 10 años. Le pregunté qué pensaba de Reagan, y me dijo: "Su mejor presidente". ¿Por qué? "Porque fue el primero y único que dijo:' Derriben el muro'." Algunas delas buenas cosas que predije ocurrieron, junto con las cosas negativas como la influencia de la tevé. Siempre le advierto a todo el mundo que no miren los noticieros: son puro funerales y hambruna.

Pero todas esas cosas ocurren...

Pero no se puede contar sólo eso. También hay buenas noticias todos los días. Debieran ira los aeropuertos y las estaciones de tren y ver la felicidad. Me encanta ver cómo la gente viene y se va, con lágrímas de felicidad, o de tristeza por tener que separarse. Hace unos años hice un largo viaje en tren, y al bajar en una estación vi a dos jóvenes recién casados, y a los padres de ella que estaban ahí
para despedirlos. La pareja se iba, se independizaba. Todos lloraban Y yo los miré y Doré también. Hace unos años estaba en el aeropuerto de Denver y Regó una enorme familia de la India, con todas las mujeres vestidas con esos maravillosos saris y los hombres en hermosos trajes, y pasaron como un barco por delante de mi vista. Los miré y me dije "¡Qué hermosos que son, mi Dios! ¿Sabrán lo hermosos que son?". Estas cosas jamás salen por teve. Usted pasa mucho tiempo subido a un avión para alguien que odia volar..

Ya no lo odio. Eso fue hace muchos años. Tenía miedo de empezara correr como un loco por los pasillos gritando: "¡Paren este avión!" Me obligaron a subirme a mi primer avión hace 18 años cuando fui en tren a (el parque de diversiones de Disney) Epcott, en Florida. A la vuelta cancelaron el tren, entonces quedé atrapado en Florida, y les dije a los de Disney, con quienes trabajaba: "Dios me está diciendo:' Volá, tonto, vola'. Así que sáquenme un pasaje, llénenme con tres martinis dobles y súbanme". Cuando no grité como un loco me di cuenta de que sólo me había temido a mí mismo. A los miedos hay que ponerlos a prueba.

Cuando habla de que hay que conquistar el espacio, ¿se refiere a llevar al un~ noticias M ser humano, o a una búsqueda nuestra?

A todo. Tiene que ver con la inmortalidad de la humanidad. No podemos quedamos acá. Hay peligros naturales (que el mundo se enfríe, que se caliente), y el peligro que somos para nosotros mismos. Pero además, como somos la única forma de vida que conocemos, tenemos que salir al mundo y ser testigos. No tiene sentido que exista el universo si no hay nadie para verlo. Somos los testigos de lo imposible, y es una tarea muy importante que la Creación nos puso delante, más allá de cómo la concibamos.

Si pudiera viajar al espacio, ¿qué se llevaría para mostrar qué es la vida en la Tierra?

Sólo a nosotros, y a nuestro arte, que es una extensión de nosotros mismos. Pero eso no va a pasar. Si existen otros seres inteligentes están demasiado lejos, a decenas de años luz de nosotros. Nunca los conoceremos.

Pero sí sueña con colonizar Marte

Por supuesto, ése es nuestro trabajo. Para eso nos crearon.

¿Qué le hace pensar que no reproduciríamos la vida que hoy conocemos en la Tierra, con todos sus males incluidos?

Por supuesto, sería igual. Siempre seremos criminales, siempre seremos brillantes, siempre siempre tendremos a Hitler y siempre tendremos a a shaskespeare y a= der Pope y a Borges (NdR: Borges escribió el prólogo a la edición argentina de Crónicas Marcianas en 1955).

Usted es un hombre muy nostálgico, ¿no?

Lloro al leer las guías telefónicas. 0 eso dice mi mujer, al menos.

Sin embargo, en sus libros, la nostalgia está equilibrada con optimismo.

Es que la nostalgia lo edge. Uno siente que está perdiendo algo, y entonces trata de recrearlo. El vino del estío fue mi intento de capturar mi pasado como a una luciérnaga en un tarrito. Y lo logré. Ahí está otra vez la metáfora: se hace el vino en el sótano durante el verano, y en el invierno se toma el verano de nuevo. Se toma la metáfora.

Y cuando termina un libro como El vino del estío, ¿se siente más en paz con sus fantasmas? Bueno, le gané a la muerte, ¿no? Eventualmente me va a ganar, pero mientras tanto, cada vez que termino un libro y lo pongo en el buzón, le digo a la muerte: "Bueno, muerte, esta vez perdiste".

¿Quisiera poder vivir hasta los 120 años?

Sólo si mi cerebro está intacto. Yo sufrí un accidente cerebro-vascular, pero mi mente quedó bien, así que no me importa. Pero si eso cambia, trataré de mandarme a mudar lo antes posible.

¿Envejecer no lo asusta?

No, me siento exactamente igual a cuando tenía 12 años. Ahora tuve que volver a aprender a caminar, a hablar, pero eso qué importa. Cuando me afeito a la mañana, me saco los anteojos, y lo que veo en el espejo es un chico de 12 años. También me ayuda estar siempre con jóvenes. Hay un muchacho de Chicago que va a escribir mi biografía y cuando me visita me abraza y me dice que me quiere. Esa energía me mantiene joven. ¿Cree que existe el Cielo? A todos nos gustaría, ¿no? Si uno tiene grandes amores en su vida, no quiere pensar en no volver a verlos nunca más. Siempre albergamos una pequeña esperanza. Pero realmente no sabernos.

¿Va a la iglesia?

No necesito una iglesia. Tengo una iglesia, soy el cura, soy el obispo, soy el Papa.

Pero si existiese el Cielo, ¿cómo lo imagina?

Con mis hijas, mi esposa y mis amigos. Sería igual. Claro, si pudiera conocer a Shaw y a Shakespeare ya que estoy ahí, sería muy feliz.
Shaw también escribió hasta muy grande, ¿no? Si, tenía 97 cuando Dios le dio por la cabeza con un bate de béisbol. Si yo sigo escribiendo a los 90 como Shaw, voy a estar muy satisfecho.

¿Cambió en algo su literatura con los años?

No, sigo tan curioso como siempre. Me encantó que saliera hace poco mí Libro para inspirar a curas, rabinos y pastores desanimados (NdR: que pronto presentará en la Argentina). Además, acabo de terminar dos novelas, dos libros de poesía y uno de ensayos. También cuatro guiones, y quien sabe qué más... eso alcanza.

Si la gente sólo pudiese leer uno solo de sus libros, ¿cuál les recomendaría?

Creo que El vino del estío, porque es sobre mi infancia, mi abuelo, mis parientes. Tuve una hermosa infancia y la atrapé en ese libro. Es al mismo tiempo un libro feliz y un libro triste.

¿Se arrepiente de alguno de sus libros?

De ninguno. Uno tiene que respetar a la persona que fue, quienquiera que haya sido. Hay que dejar a esa persona tranquila: hizo lo que pudo, yeso no se debe corregir. Todos mis libros me representan en distintas etapas de mi vida. 
Con todo lo que sabernos hoy de Marte, ¿Escribiría de otra manera sus Crónicas Marcianas?

No. Yo escribo mitos. No importa lo que Marte resulte ser, de hecho es un planeta muy inhóspito. No hay nada allí en este momento. Nosotros lo habitaremos. Pero mis historias llegarán y serán leídas en Marte a la noche muy tarde, por personas que quieren imaginar que afuera de las paredes de su comunidad marciana, mi Marte existe. Cuando el viento sople a la noche, mis fantasmas volverán a vivir, dentro de cientos de años. Pensarán: "Bueno, quizás este no sea el Marte verdadero, pero me gusta más el Marte de Ray, así que me voy a llevar Crónicas Marcianas a Marte, y lo voy a leer allí. " Esto me hace sentir sensacional.

Bradbury se despide con una sonrisa soleada. Y allí se queda, en su casa de la colina, rodeado de sus musas y sus voces nocturnas, sus vuelos astrales y su prosa. ¿Volverá a trabajar? ¿A descansar de la larga entrevista? "Nada de eso", contesta, travieso: "Me voy a jugar" 

Guía para empezar a leer a Bradbury


Crónicas Marcíanas (1950). Su obra más recordada cuenta vados intentos de los terrícolas por conquistar y colonizar Marte. Su recreación del planeta rojo es fascinante en sí misma, pero la obra además expresa los temores de la época a la guerra nuclear y a los poderes políticos ajenos, y condena sutilmente al racismo y a la censura. Farenheit 451 (1951). Según el autor, esta novela es su única obra verdaderamente de ciencia ficción. Retrata un futuro en el que los bomberos inician fuegos en vez de apagados, para que no subsista en el mundo ningún libro ni material escrito. Sin embargo, el optimismo del autor puede más, y el final provee una ingeniosa solución a esta dictadura del analfabetismo. El hombre ilustrado (1951). Colección de cuentos que se inicia con la aparición de un hombre tatuado de la cabeza a los pies. Cuando el hombre se mueve, las historias que pueblan
su cuerpo cobran vida. Para bien o para mal.
El vino del (1957). Una novela casi autobiográfica en la que el autor recrea su infancia en el somnoliento Waukegan, Illinois, una época mágica representada por el vino del titulo lo, hecho
con las flores amarillas del diente de león.
 es un solitario (1985).
Esta novela es un homenaje a las grandes figuras del género policial como Chandler o
Hammett, y a la vez una evocación del pasado del autor. Bradbury aparece como un personaje
secundario en la trama detectivesca. fue y sera Respuestas obvias a futuros
imposibles (1991). Dedicada a Walt Disney,
esta colección de ensayos habla de arte,literatura, historia y ciencia ficción. También
apunta consejos para diseñar ciudades, museos y parques de diversiones, y muestra en un estilo
muy bradburiano cómo la clave para imaginar el futuro reside en las metáforas que nos inspiran. Zen y arte de escribir (1994). Once ensayos sobre el arte de escribir, todos con el mismo mensaje de contagioso entusiasmo: Escribir es una celebración, no una tarea a cumplir Mas rapido que la vista (Editada en 1996, esta colección reúne cuentos que Bradbury escribió a lo largo de su vida). Entre sus páginas se esconde una pareja de ancianos que compiten para asesinarse, un amante de la literatura que crea una máquina de¡ tiempo para poder conocer a sus escritores amados, y una autopista paralela insospechada, que encierra futuros diferentes. Ahmed y las maquinas de§ olvido (1998). Una fábula ilustrada que podría pensarse para niños o adolescentes. Sin embargo, su autor aclara que es para cualquiera que quiera leerla. 

"Voy a Marte voy a la Luna. ¿Querés venir conmigo? "

Marguerite McClure era una bonita vendedora de libros que amaba leer por encima de ninguna otra cosa. Un día, entró un hombre extraño a la libreria en la que trabajaba en Los Angeles, California. No parecía interesado en comprar nada, vestía una campera abrigada en la cálida mañana callifornia y divagaba por el local cargando un portalfolios y una pila de libros. La muchacha le comentó su sospecha al dueño de la librería: casi sin duda se trataba de un ladrón. El dueño, cauteloso, le pidió que iniciara un diálogo con el desconocido. "¿Puedo ayudarlo?", le preguntó ella. %o, gracias", contestó él. El mismo diálogo se repitió al día siguiente, y al siguiente. La muchacha ya no pudo aguantar su curiosidad, y le preguntó quién era. Entonces él levantó un libro de una de las mesas y se presentó como su autor. Era Carnaval Oscuro, la primera colección de cuentos de Ray Bradbury. La muchacha esa noche se fue a su casa con un ejemplar, y al día siguiente, en cuanto el escritor puso pie en su negocio, se abalanzó para hablarle. "Su prosa es sublime", le dijo Maggie, que aún hoy se enorgullece de su ojo para la buena escritura. Y él preguntó: "¿A qué hora parás para el almuerzo?" Ese primer almuerzo se prolongó en cenas, salidas al cine, algún que otro baile y, dos años después, en casamiento, El folclore de la pareja dice que él le propuso matrimonio con esta pregunta: "Yo voy a ir a marte y a la Luna. ¿Querés venir conmigo Ella confirma ¡aversión con una carcajada contagiosa, y jura que el viaje valió la pena. Sin embargo, recuerda que en los primeros años apenas hubieran podido viajar juntos a la esquina. yo venía de una familia acomodada y no tenía idea de cuán pobre puede ser un escritor que recién empieza. No sabía si iba a poder soportado. Pero lo hice: conseguí trabajo escribiendo publicidad, y justo cuando me embaracé de Susan, nuestra primera hija, Ray vendió un cuento al Saturday Evening Post y el pago nos sacó de apuros por un tiempo". Maggie hoy es dueña de una cabellera perlada ojos risueños y piel de porcelana. Cuida cada paso que da su marido. Tras 54 años de unión, el cariño que los une es casi palpable. Ella confiesa que todavía aguarda a que él termine el cuento que tiene entre manos "con la ansiedad de una adolescente". Jamás le pregunta sobre qué está escribiendo, porque sabe que seria un sacrilegio, y respeta a muerte sus horarios de escritura "porque él escribe muy rápido, y una interrupción le puede cortar el hilo de la historia". Pero se nota que el cuidado es mutuo. Ella dice que suele ser la primera en ver los escritos de su marido, y que apenas le corrige algún error gramatical, "porque son virtualmente perfectos". Pero la misma pregunta formulada a Bradbury trae otra respuesta: "Primero la lee mi editor, después varios amigos, y por fin, cuando ya está casi perfecta, se la doy a leer a Maggie ¿Y por qué no pedirle su crítica antes? En los matrimonios no es bueno que haya críticas. Ella sólo los lee cuando están bien. Realmente bien".

Para vivir un gran amor

LOS CONSEJOS DE BRADBURY PARA ESCRIBIR CON PASIÓN

Tres palabras describen el paradigma a la hora de escribir, o de encarar cualquier tarea creativa: TRABAJO, RELAJACIÓN, NO PENSAR. El suele escribirlas así, en mayúscula, como si quisiera grabadas a fuego en la conciencia de quien lee, o pegárselas en una etiqueta sobre la computadora, sobre el atril, sobre el espejo en el salón de baile. Y así define a cada una: Trabajo: escribir algo así como mil o dos mil palabras por día por los próximos veinte años. Al principio, el objetivo podría ser un cuento por semana, 52 cuentos por año, durante cinco años. "Hay que escribir mucho y guardar o quemar mucho material antes de sentirse cómodo en este medio. Es mejor que empiece ya y haga el trabajo necesario. Porque yo creo que la cantidad finalmente producirá calidad." Relajación: Se llega a través de¡ trabajo. El escritor debe poder dejar que sus dedos esbocen corriendo la historia de sus personajes, que, al ser humanos y estar llenos de extraños sueños y obsesiones, están ansiosos de correr. No pensar: El pensamiento es el enemigo de la creatividad. Es una actividad demasiado consciente, y cualquier cosa demasiado consciente es inútil. No se puede 'intentar' hacer algo. Simplemente, hay que hacerlo." El premio que ofrece Bradbury a quienes decidan arremangarse y poner a prueba su método es una promesa: "Si lo hacen, creo que fácilmente encontrarán otra definición para trabajo. Y la palabra es AMOR".




ORIGEN DE DATOS :CLARIN REVISTA DE ABRIL DEL 2001



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