OSVALDO BAYER

 

 

fui concebido en Concepción del Uruguay y nací en Santa Fe en 1927. Una vez comenté lo de la concepción en una entrevista y mi madre, que tenía 93 años, me dijo: Esas cosas no se dicen". Mi apellido es de origen austríaco. Nos llamábamos Payr, pero mi padre lo cambió por Bayer porque, como había aspírinas de esa marca, era fácil entenderlo. Pertenezco a una familia muy viajera. Vivimos en varias provincias hasta que recalamos en Belgrano, en esta casa en la que vivo y que llamamos el tugurio. Cuando estaba en la primaria tenía amigos alemanes, pero había mucho racismo con nosotros: nos gritaban: 'Alemán culo de pan". Entre los pibes no había diferencias entre nazis y antinazis. Por eso, pese a la prohibición de mi padre, nos colábamos en el Club Alemán, que sí era nazi. En el año 1936, el embajador alemán bajó uniformado, la banda tocó la marcha de Hitler y nosotros ahí, colados, para ver a los payasos. A una cuadra de mi casa estaba la juventud hitierista. Ahora hay una sinagoga. A veces me siento tentado de hacerme pasar por historiador del barrio y avisarles .Siempre fui a colegios públicos. En la primaria, el tema que más me interesaba era la Guerra Civil Española. Todos los días compraba el diario para estar bien informado. Los exiliados anarquistas, que después vinieron aquí, tuvieron gran influencia sobre mí. Con ellos aprendí muchas de las ideas libertarias. Entre otras cosas, decidí dar libre el colegio secundario. Y, simultáneamente, trabajaba. Primero, en la oficina de un alemán muy simpático que era corredor de seguros y que era jugador de quiniela, que estaba prohibido, el único alemán quinielero del país, Cuando ganaba me daba unos cuantos pesos. Después trabajé de bañero en el Club Comunicaciones, de Núñez. Todos los días, infaltable, un tipo vestido de azul marino, me hacía la misma pregunta: "¿Y, pibe, cómo están las minas hoy?". Ese señor llegó a ser presidente de la República en el último peronismo: Raúl Lastiri. A los diecisiete años conseguí trabajar como marinero timonel en los buques mixtos que eran de carga solamente. Iban al Paraguay, por el río Paraná. Llegó la huelga contra Perón de 1950: en una asamblea se votó por la huelga, pero cuando se subieron al barco ningún trabajador hizo la huelga. Fui el único. El capitán me desembarcó en Rosario. Nunca más trabajé de timonel, lástima. El período más desastroso de mi vida fue el servicio militar: dieciocho meses fatales. Empecé con mucha mala suerte porque mi hermano tenía un amigo que se llamaba Biagini y que ya estaba de antes. Lo primero que me dijo fue: "Bueno, yo te puedo acomodar acá. ¿Vos sabés idiomas, no?". Le respondí: español y alemán. Y él puso en mi tarjeta que sabía inglés, italiano, portugués y francés. Me mandaron al Comando en Jefe del Ejército de traductor. A los pocos minutos me pidieron la traducción de un libro inglés sobre armas sofisticadas, pero no entendía absolutamente nada. Me destinaron a la brigada de limpieza. La pasé bien porque había un suboficial que amaba el teatro. Estaba aprendiendo El rosal de las ruinas de Belisario Roldán, un novelón terrible. Ensayamos. Yo tenía que hacer de Margarita. En una escena, caigo de rodillas, le abrazo las piernas y le digo: "No te vayas, Baltasar". En ese momento entró el teniente coronel Luis Núñez de Castro. Todavía me duele la patada que me pegó al grito de: "Putos, putos, en este cuartel hay putos". Quería estudiar filosofía, pero antes quería conocer el cuerpo humano. Estudié medicina descriptiva e histología. Dije: 'Ahora que conozco el cuerpo quiero conocer el alma". Empecé filosofía en el año cincuenta y uno. Me iba muy bien, me gustaba mucho, pero Perón había entregado la Facultad de Filosofía a los ultra católicos. Yo no quería solamente aprender Santo Tomás de Aquino. Entonces decidí irme a Alemania a seguir los estudios y me pasé a Historia. Fueron años muy iluminados: me uní a mi compañera. Quien tiene la culpa de que me haya dedicado al periodismo es Rogelio García Lupo. Desde la revista Continente me pidió notas de la Alemania de la posguerra. Mandé varios artículos para Continente y para otras revistas. Volví a la Argentina en el '56. Viví de la traducción, fui el primer traductor de Bertolt Brecht. Después Rogelio me insistió en entrar a Noticias Gráficas. Al lado mío se sentaba Bernardo Verbitsky y había un ambiente bien intelectual. Yo quería el periodismo para aprender un estilo muy claro, muy preciso para luego dedicarme a la investigación histórica, pero no para que lo que escriba quede en los anaqueles de la universidad.    Decidí ir a la Patagonia para ejercer el periodismo patagónico. Mi padre nos hablaba mucho de las huelgas y de las injusticias pero mi madre decía lo contrario: "Los policías nos protegían". madre, claro, era conservadora. Alguna vez dije: "Voy a averiguar quien tiene razón, mi madre o mi padre". Finalmente dediqué muchos año ello. En Esquel nos afincamos con nuestros cuatros hijos. Me hice cargo del diario. Defendía a los plantadores de nogales, a los de abajo¡ un día llegó la Gendarmería y me dijo que estaba poniendo en peligro la seguridad interior con los artículos de agitación. Me dieron unos dias para irme de Esquel. Fundé La Chispa, up diario que hacía en el altillo de mi casa con esas máquinas, letra por letra. Tiramos seis números con grandes primicias locales. Pero era muy difícil subsistir. Volví a Buenos Aires y entré a Clarín. Estuve quince años Tuve mucho despelote. Fui elegido delegado de la redacción: hice primer paro de la historia del diario. Por ese entonces también caí preso y, al volver, un día se me acerca Roberto Noble y me dice: "Usted a ser prosecretario de Política y Fuerzas Armadas". Le dije: "Usted si) be que yo soy de izquierda". Y me contestó: "Bueno, en la mesa edición son todos de derecha, así que vamos a tener a alguien que es de derecha. Estoy cansado de que digan que acá son todos de derecha". Yo publicaba todo. Una vez estaba Roberto Levingston de presidente y el embajador en Colombia de la Argentina le dijo que era dipsómano. Le di bastante despliegue, me parecía una gran nota. día siguiente, el secretario de redacción me dijo: "¿No sabías que h viene el Presidente de visita?". La directora dijo que esa nota era u traición. Me pidió que renuncie y lo hice, pero a los tres días me vinieron a buscar. Al morir Noble llegó toda la gente de Rogelio Frigerio. Tuve varios problemas porque no me querían, entonces me fui. Después de Clarín y la experiencia gremial ‑‑donde fui secretario  del sindicato de prensa‑ decidí dedicarme de lleno a la investigación histórica, que fue lo que siempre me gustó. Félix Luna sacó Todo es Historia, donde yo era su redactor (en Clarín yo era su jefe).. Me dijo: "Hacé la biografía del más grande asesino de la historia Argentina Severino Di Giovanni. Pero era lo contrario: un gran luchador con un vida fascinante. Lo más apasionante fue haber dado con Fina Scarfo su amada. Seguí con la saga de los anarquistas: investigué en la Argentina, en Italia. Después vinieron las películas. Hice guiones para varios directores, como Leopoldo Torre Ni1sson y Héctor Olivera. En los años '70 tuve grandes diferencias con las organizaciones armadas. Como periodista, por la información que tenía, intuía que los iban a liquidar. Y además, como yo discutía desde el anarquismo libertado, me decían el burguesito. A los peronistas siempre les recordaba los elogios de Eva Duarte al dictador Franco. Se ponían locos. Mi línea era trabajar con los sindicatos, trabajar con las organizaciones de barrio bien de abajo, tratar de terminar con la burocracia sindical. No con armas, porque estábamos listos, nos iban a eliminar a todos. Por ejemplo, yo estuve en contra del asesinato de Aramburu (era un asesinato y la gente no fascista no comete asesinatos, o los hace como los anarquistas: lo esperan en la calle y le pegan un tiro, pero no eso de arrastrarlo, llevarlo ahí a un sótano y después leer la pena de muerte y matarlo con un tiro. Eso es típicamente fascista). Lo dije en aquel tiempo. Además, dije que la muerte civil de Aramburu era pegar todos lo días, en la calle, los nombres de los fusilados del '56 y decir que el culpable fue Aramburu. Esa era la mejor manera de matarlo en vida. Con Rodolfo WáIsh discutí mucho. Yo al peronismo no lo veía nada revolucionario; él sí. Una vez me mandó al infierno porque le cuestioné la acción de las mujeres en combate. Estas participaban en atentados y yo opiné que había que protegerlas. El decía todo lo contrario. Se lo dije en un café, en Corrientes casi 9 de Julio, en plena dictadura. Me dijo: "Me descompone lo que decís, les estás faltando el respeto a las mujeres combatientes". Creo que era fundamental esa discusión en esos años. Después vino el largo exilio. El exilio argentino hizo más periódicos que los alemanes antinazis en el exilio. En mi caso, fueron años muy prolíficos en Berlín, de mucho trabajo, de mucho contacto con la gente y con la cultura. Hice varias películas en Alemania. En 1983 vine a quedarme, pero mi mujer nunca más quiso venir a vivir acá. Esa cosa alemana que tiene. Durante la dictadura murió un hermano de ella. Vino y recibió un anónimo: "Si querés volver a ver a tus hijos y tus nietos, le damos 24 horas". Volvió y dijo: "nunca más vuelvo a un país donde se escriben anónimos. Eso si que no lo soporto." Ahora viene una vez por año. Mis hijos se quedaron allá y los diez nietos nacieron allá y ninguno habla español. Así que no podrán leer mis libros si no los traducen. En la próxima Feria del Librovoy a presentar mi primera novela. Siempre tomo hechos reales y esta no es la excepción. Es la historia del amor de una mujer judía alemana con el hijo de uno de los peores criminales nazis, a quienes sus propios colegas lo llamaban "perro sanguinario". Esa rareza fue amiga mía y yo sufrí por la desesperación de ambos. El terminó suicidándose. Ella sigue sufriendo por él. La novela se llama RaineryMinu, los nombres de los protagonistas. Terminé de escribir el libro en Alemania con mucho apuro porque creía que no iba a alcanzar por mi enfermedad pero terminé y ahora estoy haciendo el guión de una ópera sobre El proceso, de Kafka, combinado con el Proceso argentino. Dado que me gustó escribir una novela y que no me resultó tan difícil, quiero escribir otra sobre los años '60 y '70, basada en las mujeres y la violencia. Voy a volver el año que viene para recoger testimonios. Sigo con muchos proyectos: no me gustaría escribir mis memorias, pero sí sobre mi filosofía de vida

 

Testimonio recogido por Martín Sivak
nota de la REVISTA SIGLOXXIII

 

 

 

osbaldo bayer

osvaldo bayer