OBRA DE LEOPOLDO TORRE NILSSON


 

El éxito llegó en 1957 con La casa del ángel, según la novela de Beatriz Guido, que por entonces ya se había convertido en la compañera inseparable del realizador. Para Nilsson comienza la búsqueda de una "realidad propia" que cuente "dramáticamente los problemas y dudas de nuestra cultura desarraigada" (Agustín Mahieu). El tema, para Nilsson y también para Beatriz Guido, es la construcción de la identidad y la angustia provocada por el crecimiento y por el ingreso en el mundo de los adultos (esos otros desconocidos). Para el director comienza una segunda etapa en su obra, con títulos ya clásicos en su filmografía y en el cine argentino : El secuestrador y La caída (ambas de 1958) ; Fin de fiesta (1959), sobre el caudillismo político argentino en los años treinta ; Un guapo del 900 (1960), su mejor película ; Piel de verano y Setenta veces siete, las dos de 1961 -la segunda, tiene como principal figura a Isabel Sarli-, y La terraza (1962). Con anterioridad a esta última filma la coproducción argentina-francesa-brasileña Homenaje a la hora de la siesta (1961). En los años siguientes continúa con las coproducciones, ahora con los Estados Unidos. El ojo que espía (1964), La chica del lunes (1966) y Los traidores de San Angel (1966) son híbridos montados con el fin de ingresar en el mercado cinematográfico norteamericano.

En 1968, luego del éxito comercial de Martín Fierro, versión del poema gauchesco de José Hernández, comienza para Torre Nilsson el ciclo de películas históricas : El santo de la espada (1970) y Güemes-La tierra en armas (1971). El sentido épico de los films deja paso a la espectacularización de la historia, donde la iconografía recuerda a los libros escolares y hace olvidar el gesto artístico de épocas pretéritas del director.
El último acto de la filmografía de Torre Nilsson (La Maffia, 1971 ; Los siete locos, 1972, adaptación de la novela homónima y de Los lanzallamas, de Roberto Arlt ; Boquitas pintadas, 1973, la letra de folletín imaginada por la pluma de Manuel Puig ; El Pibe Cabeza, 1974, según la crónica policial de un pistolero famoso de antaño ; La guerra del cerdo, 1975, nuevamente la literatura de Bioy Casares, y Piedra Libre, de 1975-76) permite al creador recuperar los viejos estilemas afianzados ahora en el gusto popular.
En Piedra Libre siguen presentes muchos de los motivos expuestos en trabajos anteriores : la confrontación entre espacios abiertos y cerrados, la necesidad de escapar de la casa-trampa, la superación de las angustias infantiles que les impide a los personajes reconocerse como identidades, la incertidumbre moral impuesta por la pertenencia a una clase y los desasosiegos a los que están expuestos aquellos que no se reconocen como sujetos de la Historia. La casa, en la escritura de Torre Nilsson, es metáfora del país : tal vez por eso, uno de los protagonistas de El crimen de Oribe cierra las puertas y las ventanas para impedir el paso del tiempo y retener en presente continuo los momentos pasados felices; o bien, como ocurre en Piedra libre, la casa esconde los cuerpos de los que han desaparecido.


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