Masaccio, el inilciador de la pintura moderna

(1401-1428) Tan fecunda corno la longevidad de Donatello es la juventud de Masaccio, quien deja abiertas las puertas de la pintura moderna cuando muere sin haber cumplido veintisiete años. Desde sus obras iniciales, como la Expulsión de Adán y Eva y El tributo en la capilla Brancacci de la iglesia del Carmen de Florencia, se expresó en un lenguaje austero y monumental, centrado en el hombre y en su acción. El retorno a la naturaleza humana y al espacio en que se desarrolla la actividad del hombre se verifica mediante una recreación intelectual después de una profunda observación de su realidad y no a través de la mera reproducción de sus apariencias externas. Ello origina formas sintéticas, poderosos volúmenes, gestos elementales pero decisivos. En sus últimos frescos -Trinidad en Santa María Novella y escenas finales de la BrancaccI- Masaccio lleva al muro las invenciones de la perspectiva brunelleschiana con absoluta perfección, pero valora primordialmente el contenido bumano de la representación que halla su máxima expresión en el caminar de San Pedro que cura con su sombra, símbolo del actuar libre y responsable, esencial al pensamiento humanista del pintor.
Contenido dramático y ético de las obras de Masaccio San Pedro curando con su sombra y la Distribución de bienes y muerte de Ananías son la culminación del lenguaje masaccesco. En la segunda escena es clara la referencia al impuesto progresivo establecido en Florencia y programática la lección expuesta por el gesto de San Pedro entregando la limosna por encima del cadáver de Ananías en un ambiente de total realidad florentina. Pareja significación moral de validez universal tiene la otra escena. El caminar de San Pedro, en dirección opuesta al desarrollo de la perspectiva, por las calles sucias de Florencia, donde le aguardan hombres de¡ pueblo que necesitan su ayuda y que a su paso quedan curados, es símbolo de la libertad y responsabilidad del hombre que, sin prescindir de Dios, ha encontrado por fin su puesto central en el mundo.
Perspectiva brunelleschiana Brunelleschi fue quien descubrió los principios de la perspectiva, es decir, el modo de representar el espacio de tres dimensiones sobre una superficie plana desde un solo punto de vista (que es exactamente lo que hace la cámara fotográfica). Brunelleschi aplicó los principios de la perspectiva a sus construcciones arquitectónicas como método para analizar el espacio. Estos principios siguieron utilizándose durante casi quinientos años, hasta que, a comienzos de nuestro siglo, el cubismo desarrolló la representación simultánea y en el mismo plano de los distintos elementos que constituyen los objetos, como si se sumaran en una única representación las imágenes de un objeto captadas desde diferentes posiciones del observador.

san Pedro

4-7/San Pedro curando con su sombra y Distribución de bienes y muerte de Ananías. 1427-28 (Capilla Brancacci, iglesia del Carmine, Florencia). La perfección de la perspectiva oblicua que relaciona ambas historias

muerete de ananias

(5) de los Hechos de los Apóstoles, es superada por el contenido humano que dimana del castigo sobrevenido a A nanías por su mentira y de la actítud consciente e insobornable de San Pedro entre pobres y lisiados sacados de la más viva realidad urbana florentina.

 

calvario

1 /Calvario. 1426. (Capodimonte, Nápoles.) El pintor, obligado por el deseo del comitente de la pintura a utilizar el tradicional fondo dorado, provoca sin embargo /a ilusión de espacio profundo mediante el pequeño montículo, la colocación de la Virgen y San Juan y, especialmente, por el sublime y dolorosisimo escorzo del cuerpo y brazos de la Magdalena.
trinidad
  2/Trinidad. 1426-27 (Santa María Novella, Florencia). La aplicación a la pintura por vez primera de los principios de la perspectiva que Brunelleschi comunicó a Masaccio originan 14 un grandioso desarrollo en profundidad
expulsion de adan y eva

3/Expulsión de Adán y Eva. 1424. (Capilla Brancacci, Florencia.) Masaccio presenta un hombre que esconde su vergüenza y una mujer en llanto desgarrado, primera muestra desde la antígüedad -sin más eslabón que Giotto (hacia 1267-1337)- de una humanidad real e individualizada, plenamente responsable de sus actos.