MARIA BERTOLOZZI

 

María Bertolozzi, de la narración histórica a la historia social

Portada de La flecha del inca y otros sabores de mi tierra, el libro de María C. Bertolozzi de Oyuela, editado en Buenos Aires en 1924. El texto incluye sus relatos escritos enTre los 14 y los 24 años.


Edificio de la Escuela Normal de Salta en la última etapa de su cons-tnicción. Las obras comenzaron en 1905. Ese año la ciudad mejoró sus calles, plazas y servicios públicos.

U na sociedad tradicional como la salteña observó frente a la mujer dos actitudes en apariencia contradictorias, aunque en realidad complementarias, tanto en la vida social como en la histona escrita. Por un lado, las incluyó y ponderó en lamedida en que se ajustaran al rol de damas patricias, discretas sombras de sus maridos o madres. Toleró su vocación como benefactoras, educadoras y, desde fines de la década de 1920, sus inclinaciones a lapoesia. Pero, por otra parte, las excluyó y reprendió cuando formaron parte de grupos sociales «inferiores», exhibieron aprestos de autonomiapersonal, manifestaron su sensibilidad o pretendieron incursionar en actividades intelectuales reservadas a los hombres. A comienzos de nuestro siglo la condesa de Tramar abría su libro £1 frato social con un alegato contra los trastornos que ocasionaban las incipientes ideas de emancipación femenina. Pese a los aires de modernidad, anotó: «el papel de la mujer sigue siendo divino, su misión sobre la tierra consiste en encantar, en sostener con sus manos frágiles a esa omnipotencia que se llama el hombre, y aquien se encadena sin embargo tan fácilmente». Lamujer debía limitarse a ser objeto de contemplación y no sujeto. Podía inspirar, pero no inspirarse. Era la poesia, pero no podia ser poeta. Podia ser halagada, pero no halagar. Ella, indica la condesa, debe ser «amable, graciosa, tranquila, casta y púdica». Sobre todo, debe callar y alejar fantasías y a los portadores de fantasías. «Los poetas, los idealistas, han emitido teoas perturbadoras que envenenan el corazón de las jóvenes», advertía. La educación se agotaba en los buenos modales, un capital más rentable y duradero que el enciclopedismo de los programas escolares, creía la marquesa de L'lsle, también autora de manuales de cortesía.En esos mismos años, lejos del Pas que producía ese género de literatura para consumo de las nuevas clases medias, en Salta compartía tal visión el historiador Bernardo Frías. Claro está que, al hacerlo, expresaba la sensibilidadpredominanteenaquellaépoca.Loextraño no es que dicha sensibilidad apareciera en nuestras sociedades provincianas sino lapeculiandad con que lo hizo, el modo en que logró prevalecer y su tenacidad para perpetuarse. Para Fas la educación de la mujer debía limitarse a los cuatro ramos primarios de la instrucción «con la doctrina cristiana de inseparable añadidura». Las ninas asi educadas «sallan hábiles para la costura, el deshilado, el bordado y los tejidos». Materias como la química, la astronomía o la instrucción civicaeran muestra de laexcesivapretensión de los modernos centros educativos. Treinta y tantos años después de enunciados, estos criterios seguían siendo pauta predominante en estas sociedades provincianas que con timidez entreaban la posibilidad de aceptar que la mujer compartiera su condición de madre con la de maestra normal. Que tal mentalidad no quedó encerrada en esos textos, lo demuestra la escasa presencia de la mujer salteña en la vidaintelectual local del siglopasadoyen gran parte del actual. Los dos únicos nombres registrados en el siglo XIX son por demás atipicos. Pues tanto Juana Manuela Gorriti como Micaela Calvi monte no encajan en estos moldes. Juana Manuela por su condición de salteña emigrada; Micaela por la situación inversa: es una bolivianaque emigra a Salta. Otras dos mujeres, Benita Campos y Maa Torres Fas, nacidas en 1882 y 1883 respectivamente, aparecen en solitario animando la vida cultural local de las dos primeras décadas de nuestro siglo._Benita dirigiendo la revista Güemes y Maa como poetisa.De los 130 nombres que recoge Walter Adet en su trabajo sobre Poefas y prosistas de SaJra (15S2-1973), sólo 18 son mujeres, lo que representa un 13,9%. En tanto que de los 463 nombres incluidos en el Diccionario biográfico de sáltenos de Femando Fi gueroa, sólo 33 semblanzas corresponden a mujeres, o sea el 7"/n. De ese total 11 son educadoras. 7 artistas, 6 damas patncias, 4 notables por su condición de esposas o de hijas de hombres públicos. 3 benefactoras. 1 religiosa y 1 empre-saria. Estos datos contrastan con la tasa de masculim dadnúmero de varones por cada cien mujeres de la población de Salta. En los censos de 1895 y 1980 las mujeres superan en número a los varones. El primer censo local (1865) registra 47.019 mujeres y 45.527 varones.Este contraste es revelador de los rasgos misóginos de lacultura local que comienzan arevertirse con lentitud hacia fines de la década de 1950. Pero seria erróneo interpretar la ausencia de la mujer de este especifico campo como sinónimo de pasividad o sumisión generalizada pues, hacia dentro del hogar, su poder eclipsaba al del hombre.

SALTEÑA OLVIDADA

El nombre de Mana Clotilde Bertolozzi no figura en ningún diccionario biográficoargentino. Ningún autor salteno lo mencionójamás. Para nuestracrilicaliterariaemsioriogra-fia. ella no cuenta ni al momento de realizar generosos y detallistas inventarios, Sinembargo es merecedorade inte-, res por varios motivos: su precocidad intelectual dentro de un mediomás que arduo paraintentardesplegarla.lacalidad de sus narraciones y su condición de pionera del enfoque social de nuestro pasado. Encontrarnos con algunas fragmentarias noticias de su viday obra fue una rara casualidad. El hallazgo de un texto suyo editado en Buenos Aires en 1924 en una librería de viejos nos puso entre las manos la punta de un ovillo.Aquella obra. La flechadel incayorros sabores de mi rierra, nospareciaencerraren sumismo titulo algunos indicios que mas que estimular su lectura, alentaban a dejar reposar ese ejemplar en las estanterías. Por su ano de edición y su portada podía resultar uno de los tantos productos de ese indigenismo entre romántico y nai'f, en boga en aquellos años. Esa sospecha quedó pronto desvanecida. El libro de Maa C, Bertolozzi encerraba dieciocho relatos escritos entre 1903 y 1912, anticipados en periódicos locales y en la revista cultural portefta Renacimiento, publicación trimestral que apareció en 1909 en la que colaboraron José Ingenieros, Clemente Ricci.MarioBravo.EmilióRavignani, Alfredo Palacios. Manuel Ügárte, José Nicolás Matténzoy Carlos Vaz Ferreira, entre muchos otros. La suya no es la pluma de un turista ansioso por colorear con tosquedad lo pintoresco o exótico dé una vida provinciana que se desvanecía. Tampoco, afán del anticuario por acumular fragmentos del pasado en desordenado depositó. Es más bien la realidad que vive en la memoria, es el lazo que sutilmente aproxima el siglo diecinueve al veinte. Maa debió nacer en Salta alrededor de 1888, cuando médicos y vol úntanos 1 uchaban por contener la epidemia de cólera que azotaba a laprovincia. Las secuelas de este brote despertaron el interés del gobierno y la sociedad para encarar los problemas sanitarios y de salubridad de una ciudad que, con leves retoques, seguía siendo el caseo más bien pobre y poco saludable de antaño. Hijade un inmigrante florentino, artista-artesano que trabajaba el oro. Y que según nos refirió el arquitecto Mariano Sepúlveda, realizó obras en el altar del Señor del Milagro ehizo donativospara la catedral de Salta.La vocación por las letras fue temprana en Maa. Comenzó a escribir cuentos y relatos entre los 14y 15 años.cuando aún cursaba en la Escuela Normal. Entre 1894 y 1900 debió completar su educación primaria. Su padre tenia una buena posición económica, al estar por lasdonaciones quehizo y por la tenencia de algunas propiedades. La propia Maa recuerdaen un relato la Quinta de los Bertolozzi, unade esascasonas con amplio terreno situadas a dos o tres kilómetros de (aplaza principal que, por entonces, constituían parte de la periferia residencial. Entre 1901 y 1904 habría realizado sus estudios en la Normal. periodo que coincide con el gobierno de Angel Zerda y con la aparición del primer volumen de la obra de Bernardo Fas sobre el general Güemes. La joven Bertolozzi alimentaba ya ideas sobre su formación que diferían bastante de las que el mismo Frías recomendaba a las ninas saltenas: más costura y bordado y menos veleidades intelectuales.

LA ESCRITORA PRECOZ

A los 16 anos debió terminar sus estudios de magisterio. Recordará años después que algunos de los relatos recogidos en La flecha del fnca fueron leídos en la Normal aún «siendo alum-na». Todos ellos revelan una gran madurez en la elección y resolución de los temas. Su precoz talento se percibe, además. en su gran fuerza narrativa, su sensibilidad y la sorprendente capacidad para entretejer realidad con ficción. La suya es «otra» mirada sobre la realidad salteña. Es una mirada diferente, fresca pero sin rastros de infantilismo. No incurre en los tópicos del pasatismo: recupera el pasado. Lo nombra, lo designa, lo recrea. Incorpora a la «gente común» desalojada de la historia escrita y colocada en los márgenes del espacio urbano. Observa la ciudad desde su centro a sus suburbios y .retoma desde ellos a la plaza. Ella misma asciende al cerro. San Bernardo y nos deja una visión abarcadora y diferente del pequeño núcleo urbano que en menos de un cuarto de siglo incorpora ferrocarril, luz eléctrica, cloacas, coches, tranvías, confiterías, agua corriente, pero que conserva burros leñateros, naranjeras, callejuelas de tierra, casas de adobe y ritmo colonial. Podrá sonar a irreverencia hacia los criterios consagrados por la critica literaria, pero es fuerza decir que muchas de las descripciones de María C. Bertolozzi, escritas entre los 14 y 24 años, igualan o superan a algunas paginas de Juan Carlos Dávalos. Los tipos populares, las fiestas que atravesaban todo el calendario desde procesiones nocturnas a carnavales, desde el diadelosmuertosalosfestejospatríos , el trabajo, las pasiones, la magia, el curanderismo, el amor, el comercio. las comidas coloridas y aromáticas, los nombres locales de sus ingredientes y de frutas y verduras, o la hermosa pintura de una modesta y clara habitación de una vieja casa, aportan algo más que buena literatura. Permiten intentar una reconstrucción de la vida cotidiana de ese pueblo que se va haciendo ciudad. No incurre en la indolencia del costumbrismo, aunque pasen por sus manos los materiales que permitian recostarse en él. Tampoco muestra desdén, ni apela a la ironía o la soberbia cuando habla de la «gente común»: la incorpora respetuosamente, sin echar mano a halagos o idealizaciones. Su mismo origen le proporciona un punto de observación diferente. No pertenece al grupo de familias tradicionales, como Frías o Davales y, en consecuencia, no cargacon los prejuicios que afloran en los escritos de ambos. Pero tampoco mira «desde afuera», con ojos de advenediza.

Doctorado en Buenos Aires

Hacia fines de 1904 debió estar en Buenos Aires para preparar su ingreso a la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. El aliento y los recursos de su padre le permitirían romper ese rígido molde que cenia a las jóvenes salteñas y las forzaba a quedarse, como mayor logro, con su egreso de la Normal. Transcurrieron dos décadas hastaqueotrasalteña.SaraAdelaCaro. egresada del bachillerato, ingresara a esa Facultad. María Bertolozzi se incorpora a la Universidad anterior a la Reforma. En esas fechas se crea el Instituto de Investigaciones Histéricas que puso bases para la especializa-ción procurando -dice Halperín Donghi que la historia dejara de ser campo para probar las propias convicciones y comenzara a buscar mayor imparcialidad. Maa Bertolozzi se orientó en el campo de los estudios históricos. Según larevista Renacimiento, se graduó en 1912, siendo muy joven. Alli obtuvo el doctorado, aunque aún no pudimos encontrar su legajo. En 1910 aparece como ponente del XVII Congreso Internacional de Americanistas que se realiza en Buenos Aires con motivo del Centenario. La edición anterior de este congreso habiatenido lugar en Vienaen 1908. María es la única mujer que aparece presentando y defendiendo una ponencia escrita. No sólo tuvo que vérselas con una mayoría abrumadora de hombres, sino que debatió con algunas de las mayores autoridades de entonces. Estaban allí Florentino Ameghino, Paúl Groussac, Samuel Lafone Quevedo, el perito Francisco Moreno, Ricardo Rojas, Miguel Lillo, Robert Lehman-Nitsche, Angel Gallardo, Adolfo Saldias, el padre Antonio Larrouy, Otto Krause, José Toribio Medina, Pablo Cabrera y Julián Toscano, autor de una Historia del Señor del Milagro de Salta, editada en 1901. Maa expone su trabajo sobre «Diferencia étnica y social entre provincianos y porteños» en lacomisión que trata sobre «Problemas sobrelaactual población argentina». Lo hace en la sesión del 24 de mayo en la sección dedicada a historia colonial y geografía. Intervienen en la discusión de suponenciaAntonio Larrouy, Adolfo Saldias, Hermán von Ihering y Robert Lehman-Nitsche. El texto, dividido en seis capítulos, es en su misma formulación un programa precursor del enfoque social de nuestro pasado. Es más: puede decirse que establece una agenda aún pendiente para la historiografía regional, 83 años después de esbozada. Pocos años antes, Juan Agustín García había inaugurado el enfoque sociológico de nuestro pasado colonial. María recogió durante su niñez en Salta los remanentes de ese pasado, aún visible y palpable en la vida cotidiana de los habitantes de la ciudad y la campaña. No escoge un camino fácil paraestablecerel origen de esas diferencias. Su ambicioso plan arranca del pasado prehispánico: describe y establece comparaciones entre los diferentes grupos aborígenes, introduce al español en sus pugnas y fusiones con los pobladores nativos y se pregunta «¿Ha sido favorable la influencia española a los indios?».Lamentablemente no conocemos su respuesta y opiniones, pues no nos fue posible todavía encontrar ese texto. El enorme volumen de 650 páginas que contienen las actas del Congreso de Americanistas no incluye la ponencia de María Bertolozzi. ¿Celos o desdén del ámbito académico? ¿Criterios selectivos dominados por una larga tradición misógina? El capitulo tercero sorprende por la elección de los temas: «La sociedad bajo el antiguo régimen. Nobles, gente decente, mestizos, cholos, indígenas, negros y mulatos. Caracteres generales y particulares. Cultura social. Vida doméstica». Más que un programa de investigación para comienzos del siglo XX, el enunciado parece un desafio para los actuales estudiosos de nuestra historia regional. María concluiasu trabajo abordando lacuestión indige-na y ampliando su pregunta inicial: «Influencia de la civilización. ¿Le es benéfica o perjudicial?». La tesis con que se graduó en la Facultad de Filosoa y Letras tampoco figura en esta biblioteca. Sólo disponemos de su libro editado en 1924. Además de los relatos incluye una serie de canciones populares «transcriptas y armonizadas por el maestro Athos Palma». Alli figuran: En el barrio de arriba. Yo soy una ñor. Canción quichua y el más conocido Oiga cocheríto. Ella misma define su libro como «un conjunto de leyendas, casos, escenas, descripciones, que escuché, recogí en mis viajes, hube presenciado y sentí en mi infancia y adolescencia». Dentro de una modalidad que se extendía, añade al final del libro un glosario de léxicos: «explicación de algunas palabras, expresiones y juegos locales». Suman más de un centenar de voces y costumbres locales. El erudito Diccionario de regionalismos sáltenos, de José Vicente Sola (1950), no lo menciona como fuente. En ese glosario María demuestra su manejo de fuentes clásicas; por ejemplo, como las obras de los cronistas e hi storiadores españoles de la conquista y colonización como Pedro Cieza de León o el padre Lozano, además de servirse de la tradición oral y la literatura costumbrista del Perú y el Alto Perú. Alrededor de 1912 contrajo matrimonio con el critico literario y escritor Calixto Oyuela, que años antes había sido su profesor de Literatura Española en la Facultad.Los separaban treinta años de di ferencia pero los aproxi -maban afinidades intelectuales y lacasi segura admiración de la discipula joven por el hombre maduro y el intelectual consagrado, y de éste por aquella. Oyuela colaboraba también en la revista Renacimiento. La primera mujer de Oyuela, Carmen del Molino Torres, fallecioafinesdel año 1900. ConeIlaOyuelatuvocinco hijos, cuatro mujeres y un varón: Calixto A., Susana, Carmen, Mana Teresa y Sara. Hacia 1912, con 55 años, se casó con Mana, de 24. Para la misma fecha, con motivo del cumpleaños de Mana, Oyuela le dedica un poema que tiene más valor afectivo y testimonial que literario. Le dice:

Los últimos anos de Oyuela están consagrados a su hogar y a sus trabajos como presidente de la Academia Argentina de Letras, función que cumple hasta su muerte el 13 de junio de 193$, Palos generosamente aportados por don Ernesto Oyuela nos permi ten reconstruir estos aspectos de la vida de don Calixto. La vida de Mana luego de la muerte de Oyuela nos es desconocida. Se haba desempeñado como profesora en la Escuela Normal de Capital Federal, conservado los papeles y biblioteca de su esposo hasta su muerte, acaecida el 20 de diciembre de 1967. Ese mismo día fallece otro escritor provinciano, Arturo Capdevila, nacido unos meses después que María. Dos escuetas esquelas en Cfarin y La Nación recogen la noticia de la muerte de Mana Clotilde. Sólo participan de ella sus hermanos Alejandro y Samuel Bertolozzi y «su fiel servidora» Sabina Torres. En aparente soledad se velan sus restos en lacasade lacalle Quito3779. Ninguno de los hijos de Oyuela publicaparticipación del deceso. En aquella época la relación familiar con- una madrasta debió ser difícil y conflictiva. Esta no parece haber sido la excepción. ¿Qué pasó con María Clotilde Bertolozzi después de su graduación universitaria y su ponencia en el Congreso Internacional de Americanistas? ¿Qué pasó luego editar sndeliciosolibro de relatos? ¿Acaso su matrimonio con un hombre del prestigio académicoy la edad de Oyuela absorbieron su tiempo y energias? ¿Acaso eligió ser sólo su colaboradora y Secretaria, la compañera del anciano académico? ¿Fueron éstos u otros motivos los que nos privaron de frutos más maduros de su promete-aora precocidad? ¿O tal vez la investigación que no , ¿amos por concluida nos deparará nuevas sorpresas en tomo a esta talentosa mujer salteria que a principios i de siglo llegó a Buenos Aires para emprender un camino | «o transitado antes por ninguna comprovinciana?

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