kennedy
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con su familia
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1en dallas
el matrimonio kennedy
su hermano
en la muerte de kennedy
caricatura

 

marilyn monroe
JHON F KENNEDY

 

 

 

"No sé muy bien cuál es el camino para llegar al éxito, lo único que sé es que, sin duda, el camino hacia el fracaso es pretender agradarle a todo el mundo.
J.F. KENNEDY

El éxito tiene rnuchos padres, pero el fracaso es huérfano." J.F. KENNEDY

"La libertad sin educación es siempre un peligro; la educación sin libertad resulta vana."
J.F. KENNEDY

"Nunca negociemos sin miedo, pero nunca tengamos miedo
J.F. KENNEDY


La llave del reino

Lo mataron el 22 de noviembre de 1963 cuando apenas habían transcurrido mil días de un gobierno al que Gore Vidal con su habitual impiedad, prefirió llamar "reinado". Los norteamericanos, paladines de la democracia, se habían permitido un sueño monárquico en la figura del joven apuesto y su reina, en la tabla redonda de asesores inteligentes, en algunas afirmaciones por la igualdad entre las personas y en errores perdonados. Este sueño americano tuvo también su culminación con una escena sangrienta, de las que imaginaba Shakespeare para los grandes señores.Del otro lado del cuadro, unos pocos años antes, el presidente, bromeando con que iba a morirse en cualquier momento, redactó su Ultima Voluntad. Le dejaba todo a su e esposa, a los hijos y reconfirmaba sus obras de beneficencia -durante su mandato donó puntualmente todos sus honorarios- A la muerte le siguió la construcción del mito, y a éste su desmantelamiento. Kermedy, tal vez previendo a esos biógrafos más crueles que comenzaron a aparecer en la década del '80, en su testamento pedía que echaran llave a sus secretos. Que los papeles privados y relacionados con asuntos políticos no fueran jamás expuestos a la luz.

Su divino tesoro

La juventud fue uno de sus más visibles dones. Amantes de los records, los norteamericanos pronto cayeron en la cuenta de que era el presidente más joven que habían elegido. También era su primer mandatario católico y, entre los 35 que habían pasado por la Casa Blanca, el único que había nacido en el transcurso del siglo XX. La sociedad de los '60 estaba ansiosa por aventurarse en grandes cambios. En un camino que comienza con el espíritu de posguerra, sigue con los lineamientos de la Guerra Fría hasta llegar a la post-modernidad y la globalización, los años '60 marcan un punto de inflexión. Fue en su transcurso que la opinión pública -y no solamente la norteamericanaencontró en la figura de este joven afable y buen mozo el advenimiento de una nueva era. Después, los análisis más fríos de la historia determinaron que el presidente no había sido un gran transformador ni mucho menos un revolucionario, ni siquiera se puede afirmar que sus acciones dístaran tanto de los gobiernos que lo precedieron o que introdujo cambios radicales en la manera de hacer política. Pero, sin duda, su imagen de hombre feliz, bien casado, fuerte, atrevido y, por primera vez en la historia,descontracte logró transmitir la ilusión de que sí lo era. Alguna vez, él mismo escribió que las grandes crisis dan la sensación de pro- --ducir grandes hombres". Sin dudas, su objetivo era demostrar que esos grandes hombres estaban entre susasesores. No llegaba al poder rodeado de gerontes terratenientes u hombres de negocios: la gente se admiraba de que el círculo desde el cual salían las decisiones estuviera formado por intelectuales. Hombres de ideas y no de plata generaron un aura de excelencia.Solía decir al respecto: "Si los políticos supieran un poco más de poesía y los poetas tuvieran algo más de los políticos, tendríamos solucionados gran parte de nuestros problemas". Los mejores y de los mis brillantes, jóvenes, casi todos académicos -la mitad, recibidos en Harvard- planeaban cada frase de sus discursos. Ningún gobierno tuvo a su término tanta bibliografía, tantas memorias críticas, justificaciones teóricas, como las que se ocuparon de publicar los hombres que participaron en éste una vez que la tragedia terminó con los planes. Kennedy, él mismo poseía un aura de joven brillante. Cuando llegó a presidente, ya había ganado un Pulitzer -no importa ahora qué escritores contríbuyeron en su redacción- gracias a su libro Perfiles de coraje, donde enumeraba a través de un análisis de personajes importantes de la historia de los Estados Unidos los valores que hacían a la nación: el sacrificio personal, la entrega, la fortaleza de carácter. Sus colaboradores, liderados por su hermano Bob, de 35 años, tenían unos diez años menos que lo que daba el promedio de los funcionarios de anteriores administraciones. Robert Kermedy fue nombrado secretario de justicia, Robert McNamara responsable de Defensa y Dean Rusk fue el secretario de Estado. La prioridad de¡ nuevo gabinete estaba en el desarrollo económico, la elaboración de una eficaz política de defensa frente a la URSS y el comunismo, la reforma de una administración burocrática y el despliegue de una política de intervención en América latina -que como todo tenía un lema, éste fue bautizado "Alianza para el Progreso"- que a partir del desarrollo económico impidiera la expansión del comunismo en los que muchos veíancomo el "patio trasero" de los Estados Unidos. Paralelamente se llevó a cabo una política interna de contenido social. Este equipo de enérgicos jóvenes era ideal para afrontar las nuevas formas de discurso político que la televisión impuso en los '60.

 Supieron generar una imagen articulada y a la vez natural, capaz de hablarles a las cámaras. Para los coleccionistas de records, John Kermedy coronó su emblema de juventud primera y eterna cuando agregó a sus marcas, en aquel setiembre de 1963, el haber sido el presidente más joven en morir en ejercicio

Estamos en el aíre

El famoso debate que se transmitió por televisión entre Nixon y Kermedy fue crucial a la hora de mover la balanza hacia alguno de estos dos candidatos presidenciales que, por más que se presentaran como opuestos, se ubicaban bastante al centro de la cuestión política. La falta de polarización en la oferta debió reemplazarse en el nivel de las impresiones. Y justamente acababa de llegar a la mayoría de los hogares -a esa altura ya tenía televisión el 90 por ciento de la población- el vehículo perfecto para vender, para ofertar gestos y rasgos de personalidad con intención proselitista. Aquel debate dio resultados asombrosos: los que lo escucharon por radio, lo dieron definitIvamente ganador a Nixon "porque sus argumentos parecieron por lejos más sólidos y convincentes". Sin embargo, quienes lo vieron por televisión concedieron la victoria rotunda a Kermedy, que "supo transmitir la sensación de tener humor, estar seguro de lo que decía, tener encanto y magnetismo frente a su oponente algo demacrado, desarreglado, vencido". El uso estratégico de la televisión a lo largo de todo su gobierno le dio una popularidad comparable a la que había alcanzado Roosevelt en sus discursos radiofonícos. Kermedy fue el primer presidente norteamericano qu aceptó ruedas de prensa en directo y que trató a los periodistas como a profesionales. Durante su etapa presidencíal, la Casa Blanca, que por iniciativa de su esposa por primera vez en la historia se abrió al público, fue mostrada en una emisión especial de televisión y se convirtió en centro de ebullición artística y social. Ahora, los planes del presidente se presentaban aquí, en una vidriera decorada por los mejores diseñadores y visitada por los artistas de vanguardia. La idea de transparencia, democratización de las decisiones, se logró justamente abriendo a la mirada de las masas la Casa que parecía hasta el momento reservada para los príncipes de la democracia. El reinado al que alude Gore Vidal lo fue aún más, recurriendo a este gesto. Tantos indicios contribuyeron a aumentar las expectativas de cambio sesentistas y a una glorificación del presidente, que impulsaba la política con nombre feliz: la "Nueva Frontera",un mensaje de idealismo y de compromiso generoso. El marco de estas promesas era el crecimiento ininterrumpido más largo del que hayan gozado alguna vez los Estados Unidos hasta ese entonces, y estaban avaladas por los constantes progresos técnicos que colocaban al país a la cabeza de una nueva civilización. En los '60 se llevó a cabo el primer trasplante de corazón y en 1961 nadó la Xerox Corporacion que cambiaría para siempre el mundo de la administración y los negocios. Aun así, ciertos valores religiosos, morales, familiares, estaban intactos y el presidente contribuyó, con sus excesos y sobre todo con sus encubrimientos, a avalar el espíritu victoriano de su sociedad. John F. Kennedy, corno personalidad histórica y como mito posterior, no puede ser pensado separado de los ciudadanos de su época. Tanto en la memoria del resto como en la euforia de sus contemporáneos, siempre representó un momento glorioso, de optimismo y de idealismo, con la cuota cínica que ambos estados tienen en el revés. Su muerte reiteró la teatralidad de losdías anteriores y fue repetida -talvez en este punto también exista un record- hasta la morbosidad por la televisión. Como ocurrió con Lincoln el asesinato de Kennedy contribuyó a magnificar su imagen y su recuerdo. Su esposa Jacqueline, después de haber sido la esposa ideal el modelo de mujer que revolucionó la manera de vestirse, caminar y usar anteojos de sus compatriotas, se convirtió en la viuda por excelencia y contribuyó con escuetas y certeras declaraciones a construir un mito de
su esposo, el héroe de Camelot. La leyenda perfecta tan inspirada en las aventuras formidables del rey Arturo, como en la comedia musical que a principios de la década habían protagonizado Richard Burton con
julie Andrews. Las biografias sobre este presidente
superan las mil versiones, además de los incontables artículos que pueden hallarse en la Kermedy Library de
e Boston. Las razones de su asesinato hAn dado, lugar a películas, documentales, tesis doctorales y las más profudas Investigaciones. La sociedad entera ha preferido pensar siempre que fue víctima de una conspiración frente a la posibilidad de que la historia hubiera quedado en manos de un paranoico asesino. Las investigaciones y presunciones han sido seguidas con el fervor con que se siguen los capítulos de una serie de televisión. Las encuestas de opinión periódicas que llegan hasta nuestros días demuestran que la gente lo sigue considerando como su mejor presidente, siempre bastante por delante del rato.

El discurso inaugural

Durante la preparación de este discurso, el futuro presidente dio a sus asistentes las líneas fundamentales a seguir: no estaba de acuerdo con la retórica bélica ni con las alusiones a la amenaza comunista, aunque sabía que era imprescindible hacer referencia a la política exterior. No te parecía apropiado hablar de política interna. Analizó cada uno de los discursos de los 34 presidentes que lo precedieron y descubrió que poco había de interesante en ellos. Y, lo que era peor, las mejores palabras correspondían a gobernantes que en su mandato habían hecho exactamente lo contrario de lo que habían prometido. Seguramente de esta lectura surgieron sus intenciones de hacer la alocución más corta del siglo XX. Pidió que se analizara cuidadosamente el legendario discurso de Linco1n ante el cementerio de Gettysburg para desentrañar dónde había estado su secreto. Los analistas cayeron nuevamente en el tópico de la brevedad: entre una palabra larga y una corta, Linco1n siempre había elegido una corta; entre una frase y una palabra, se había quedado siempre con la última. Para el record de brevedad Kermedy llegaba tarde, ya que Roosevelt, con su corto mensaje en tiempos de guerra en 1944, se le había adelantado y era imposible superarlo. Por esta razón, se impuso un tope máximo de 2 mil palabras. Una semana antes comenzó el proceso de redacción. Llegaron colaboraciones de diversos escritores, además de listas de sugerencias de citas clásicas, bíblicas y literarias. Unos pocos días antes e la lectura oficial, decidió caro cambiar e uso de la primera persona del singular lar por el "nosotros". Muchas de sus frases provienen de sus propios discursos de campaña o de su época de senador y concretamente el encabezado de la oración que luego pasaría a la posteridad, "No me pregunten", fue sacada textualmente de un discurso de Washington. El 20 de febrero de 1961, en Washington, la ceremonia comenzó a las 12 en punto. Era un día especial, luminoso y más caluroso de lo previsto. Robert Frost tuvo que recitar de memoria su poema, ya que el reflejo del sol en la nieve pegaba en sus anteojos y lo encandilaba. Kermedy, en su primer acto irreverente e irresistible, se quitó el saco para leer su discurso. En 14 minutos estuvo terminado.

La herencia del viejo Kennedy

La mayoría señala al viejo Joseph Kermedy como el responsable de todo. Había comenzado siendo el hijo de un matrimonio de inmigrantes católicos irlandeses que llegaron a América con pasajes de segunda clase. Instalada en Boston sin poder salir de una situación bastante precaria, la pareja fue testigo de cómo ese chico transformaba una modesta herencia de su abuelo en gran fortuna. Joseph construyó su imperio especulando con acierto en la Bolsa, con incursiones en la floreciente industria cinematográfica, con el negocio del alcohol en tiempos de la Ley Seca, con el alquiler de viviendas populares y también con algunos contactos con la mafia. No satisfecho con tal proeza, decidió fundar una dinastía política y económica. Cuando estuvo en edad de formar familia, ya poseía una fortuna que lo destacaba entre lo más.selecto de la sociedad de Boston. Entonces, para elegir mujer pensó en aquella que le diera lo único que le estaba faltando: un lazo con la clase política. Es entonces que ingresa en esta historia Rose Fitzgerald, la joven católica señora, hija del alcalde de Boston, que al poco tiempo de casada iba a tener que tolerar la indiferencia y las infidelidades de su esposo. Por no enojar a Dios, que nunca quiso darle la anulación de matrimonio, se quedó en casa, aunque con la condición de mantener relaciones sexuales con su marido únicamente con el fin divino de la procreación. El trato dio lugar a sus cuatro hijos, un buen número para los planes del padre. Mientras los hijos fueron chicos, Joseph llegó hasta donde pudo en política, muy alto. Contra lo que opinaba la mayoría en la década del '30, su olfato lo llevó a impulsar la campaña electoral del futuro presidente Roosevelt; a su vez, la crisis de 1929 y el crac de la Bolsa de Nueva York no lo tocaron. Fue inspector general de Wall Street; en 1938 fue nombrado embajador en Londres, cargo que desempeñó hasta 1941 y significó el punto culminante de su carrera. Pero su ambición personal no terminaba en su propia vida sino que continuaba con la de los hijos quienes, a medida que iban naciendo, ocupaban un lugar en la admínistracíón pública de sus sueños. No es casual que alguno de ellos llegara a presidente. Pensando en el sillón presidencial, les inculcó los valores del sacrificio y la competencia. Su elegido fue, sin lugar a dudas, el mayor, Joseph, el primero, el brillante, el valiente. Era sobre todo más fuerte que John, el niño tímido y enfermizo, siempre atacado por dolores de espaldas y vencido por la fiebre y las infecciones. De todas maneras, ningún cabo quedó suelto. A pesar de admitir las debilidades de este hijo, el viejo invirtió una buena suma en su educación: lo mandó al Croate College de Wallinford (en Connecticut) y, aunque las calificaciones no fueron brillantes, en 1936 logró que lo admitieran en Harvard para estudiar Derecho, pero sobre todo para entablar relaciones con la futura clase dirigente que se estaba educando en esas aulas. Cuando el joven, a pesar de tantos esfuerzos, no se mostraba interesado por la carrera política, su padre decidió enviarlo dos años de gira por varios países europeos, para prepararlo aún más. Podría haberse' mantenido en un segundo plano y hasta dedicado al periodismo, que desde siempre pareció ser su vocación, sí no hubiera ocurrido una de las primeras tragedias que configuraron La vida de los Kennedy. En 1944, su hermano mayor, joseph, que prestaba ser vicio en la aviación estadounidense, murió cuando se dirigía a destruir una fábrica alemana de bombas. El patriarca familiar inmediatamente apuntó su objetivo en el joven John Su carrera se inicia en 1946, cuando consigue con sólo 29 años, pero con la omnípresencia de su padre, un puesto de congresista por el estado de Massachusetts. Las influencias M patriarca cosechadas durante una larga vida -incluyendo la mafia y al mafloso Sam Giancana- y también la fortuna se ponen a disposición de las campañas electorales. Cuando hubo que trabajar para la presidencia Kennedy era el único de los candidatos de aquel entonces que se trasladaba de un esta do a otro en avión privado. Además, durante su mandato contó con 10 mi~ llones de dólares del fondo familiar, lo que le permitió donar sus honorarios y mostrarse desinteresado por esa tonteria del dinero. Los archívos secretos En El lado oscuro de^, uno de los libros más despiadados sobre la era Kennedy, Seymour M. Hersh se ocupa de narrar los primeros minutos que sucedieron al asesinato, centrándose en la figura de Robert Kennedy. El hermano menor "había pasado casi tres años en una situación confusa como custodio de las leyes del país, como agente secreto de su hermano en crisis internacionales y como perro guardián de un hermano mayor que se com placía en una actitud personal temeraria". Según el autor, Bob estuvo a la altura de su fama de hombre prag~ mátíco y firme notificando lo sucedido a los miembros de la familia, ocupándose del regreso del cadáver de su hermano, respondiendo a las dudas legales del nuevo presidente Lyndon Johnson y, sobre todo, concentrándose en las tareas de encubrimiento. Sabía perfectamente que si ciertos secretos salían a la luz, tanto el prestigio de su hermano como su futura carrera se derrumbarían. Entre las muchas llamadas telefónicas de aquella tarde hubo una para McGeorge Bundy, el asesor del presidente muerto en asuntos de seguridad nacional, quien recibió instrucciones de proteger los papeles de John Kermedy y logró que se cambiaran las combinaciones de los archivos privados del presidente, antes de que los hombres de Lyndon Johnson pudieran leerlos. I_a lista de secretos corresponde a una amplia gama que va desde lo más doméstico hasta las decisiones más comprometidas en términos de relaciones internacionales. De acuerdo con Hersh, entre las primeras estaba el primer matrimonio de Kennedy, siempre en rumores y siempre negado, con una mujer de la alta sociedad de Florida llamada Durie Malcolm, en 1947, cuando él era congresista. Uno de sus amigos íntimos le confesó al autor del libro desmitificador que en aquella oportunidad le advirtió a Kennedy: "Te has vuelto loco. Queres llegar a presidente y te dedicás a ir casándote por ahí`. Este amigo declaró además que, al día siguiente de la aventura, se presentó con un abogado ante el juzgado local y retiró los papeles por orden expresa del flamante esposo. También en este grupo de intimidades se encuentran las revelaciones sobre las enfermedades que atormentaron al presidente, su dependencia a los fármacos, el abuso de anfetaminas y la prohibición que tenía su entorno de revelar sus dolores de espalda que lo persiguieron toda la vida. La amplia lista de mujeres, enfermedades venéreas y el estilo de comedia de enredos que le imprimió a la Casa Blanca también forman parte de los secretos ocultados. Desde personajes tales como Frank Sinatra hasta sus propios custodios eran los encargados de proporcionarle chicas que pasaban por sus manos en cuanto la primera dama se retiraba del hogar. Había agentes encargados de controlar la entrada, cerrar puertas de ascensores, ver pasar señoritas desnudas de un lado a otro y avisar cuándo' aparecían moros en la costa. La piscina era el centro orgiástico donde siempre estaban invitados los integrantes del gabinete, Bob entre ellos. Uno de los agentes de seguridad tenía la misión de llevar fotografías sexuales del presidente desnudo con sus diversas amantes a MíckeIson's, una de las galerías de arte más distínguidas de Washington, para hacerlas enmarcar. En una entrevista concedida al autor del libro en el año 1966, Sidnei MickeIson admitió haber enmarcado fotografías para la Casa Blanca durante los años '60 donde se podía ver claramente, y con el encuadre de un profesional, escenas con gente desnuda, señoritas siempre preciosas y hombres a veces enmascarados, alguno, diríamos igual al presidente, sacadas en la Habitación de Lincoln. En el segundo grupo de los secretos aparecen pruebas sobre su intento de asesinar a Fidel Castro, sus vínculos con ta mafia, su espíritu conservador, también heredado de su padre conservador -que militaba para los demócratas por una cuestión de visión política más que de convicciones-, su interés poco sincero por solucionar la cuestión de los negros en su país, sus intenciones de manipular a los países de Latinoamérica después del fracaso con Cuba. Según Hersh, los archivos del presidente revelan que jack y Bobby Kermedy estuvieron algo más que al corriente del complot de la CIA para asesinar al primer ministro cubano Fídel Castro: de hecho, fueron sus príncipales defensores. La necesidad de matar a Castro se convirtió en una obsesión presidencial tras el estrepitoso fracaso de la invasión a Bahía de Cochinos en abril de 1961, y siguió siendo una obsesión hasta el final. El vicepresidente no estaba informado al respecto. El vicepresidente ignoraba asimismo que el adamado triunfo de Jack Kennedy en la crisis cubana de los misiles en octubre de 1962 estuvo lejos de ser una victoria. Tras unas semanas de angustia por el peligro de un holocausto nuclear, el mundo conocería que el presidente Kennedy se había mostrado firme ante la amenaza soviética, obligando a Nikita Kruschev a volverse atrás. Como Bobby Kennedy sabía, la verdad era muy otra. Sabiendo que sus futuros políticos estaban en juego, los hermanos se habían visto forzados a un pacto secreto de última hora con los soviéticos. El verdadero acuerdo -y la importancia real de la crisis- siguió siendo un secreto de Estado durante más de veinticinco anos 6 aventura y la derrota de aquel desembarco en la Bahía de Cochinos es el pecado que más se le ha perdonado a JFK. No porque no hubiera tenido desastrosas consecuencias sino porque habían trans-currido pocos meses de gobierno, era un plan heredado de su antecesor, Eisenhower, y se encontraba entonces persuadido por la CIA de que eso era lo correcto. Este desastre desembocó en nuevas heridas en la relación con la URSS y también fortaleció el poder de Fidel Castro. Cuando en 1962 aviones espías norteamericanos descubrieron mi-siles soviéticos en Cuba, Kennedy inauguró el hábito del bloqueo para con las islas. Con ello, se apuntó diversos tantos: la firmeza demostrada le dio votos y el apoyo del bloque occidental. En los archivos secretos, el autor descubre entretelones de la intervención norteamericana en Indochina, el programa de ayuda militar al gobierno pro-estadounidense que incluía la intervención directa de tropas norteamericanas y la postura alegremente occidental frente al levantamiento del muro de Berlín que el presidente resumió con el envío de tropas y la famosa frase: «Yo también soy berlines

El mundo de Camelot

El mismo año de su elección como senador conoció a su futura esposa, Jacqueline Lee Bouvier, por entonces periodista del Washington Times Herald, que lo detuvo unos minutos para hacerle una entrevista. El noviazgo fue muy breve y una vez que el patriarca aprobó la clase y la distinción que la consorte traería para su proyecto, el matrimonio fue un hecho. El viejo estaba en lo cierto: el papel de su esposa en la carrera política de Kennedy, si bien no fue determinante, estuvo acorde con toda el aura mitológica que le dio sustento. JFK tuvo tres hijos. El último falleció pocos días despues de nacer. Caroline vino al mundo en noviembre de 1957 y John en 1960, dos semanas más tarde que su padre llegara a la presidencia. El mito de Camelot a través del cual fue narrada tradicionalmente la vida y el gobierno del presidente fue una invención de su viuda. La mujer, que había contribuido con su figura a la imagen del gobernante eficaz y perfecto, temió por lo que la historia iba a decir una vez desaparecido su esposo, con tantos hilos aún sin atar. Todos los que vieron de cerca aquel matrimonio dijeron que en nada se parecía al cuento de hadas que la gente vio en sus televisores. No se veían casi nunca, ella sabía de las infidelidades y fingía a la perfección que las ignoraba. Se los veía alegres y enamorados, pero ellos no estaban juntos. Alguien definió el asunto con esta frase: "Ella lo ama y él la ama, pero ambos por razones diferentes». Si había una construcción en común, ésa era la elaboración de dos personajes mitológicos, o al menos uno. A pocos días de la muerte de su esposo, la viuda decidió dar una entrevista a un periodista amigo de la familia, Theodore H. White, para que la publicara en la revista Life que también había hecho en su momento la crónica del casamiento y sobre el nacimiento de los hijos. Dicen que cuando llegó el día, ella pidió al servicio secreto que fueran a buscar al periodista al aeropuerto y que como toda respuesta recibió: "Usted ya no goza de esas atribuciones". En cuanto se reunió con él, narró con lujo de detalles el legendario viaje en auto por las calles de Dallas, el ruido de los disparos, la sangre de su esposo manchándole el vestido. De pronto se detuvo como iluminada y agregó: «Es curioso, miro aquellos días y siento que hemos estado viviendo escenas de la historia de Camelot Jackie tomaba aquí la imagen del rey Arturo, pero pasada por la versión que a comienzos de los '70 había hecho furor en Broadway. No hablaba simplemente del clásico relato conocido por algunos lectores sino de la comedia musical que habían protagonizado Richard Burton y julie Andrews. "Nosotros nos íbamos a dormir escuchando las canciones de ese musical", dijo tal vez conmovida. Y luego agregó el golpe de gracia: "Habrá buenos presidentes, el mismo johnson es maravilloso, pero nunca más habrá un Camelot ?'.Quería que los americanos lo recordaran como un hombre mágico, a cargo de una presidencia breve, brillante y especial. Sin dudas, lo consiguió. White más tarde, se arrepintió de haber colaborado con ese deseo de Jackie, considerando que ese endiosamiento había tenido efectos perniciosos en la visión y en la política del país. Los historiadores dicen que la misma iniciadora no tenía idea de la fuerza que iba a tener su idea de Camelot.

La muerte eterna

La escena final, un presidente que sonríe y saluda mientras su coche avanza hasta que una bala invisible rompe el cuadro, es la última y por supuesto involuntaria contribución que JFK ha hecho para el imperio de las imágenes. Los otros asesinatos políticos que-conmovieron al país tanto por la magnitud de la víctima como por lo misterioso de los hechos no contaron con el privilegio o la indecencia de la cámara. Todo televidente, desde aquel día hasta hoy, tiene grabada en su memoria la manera exacta en que el presidente de los Estados Unidos dejó de existir. No existe esta veracidad para Martin Luther K ing, que falleció por la bala de un rifle que nadie sabe muy bien quién disparó; ni para la muerte de Robert Kennedy, quien recibió tres disparos de frente en el Hotel Ambassador de Los Angeles a manos del palestino Sirhan Bishara Sirhan cuando el senador, candidato presidencia¡ seguro del Partido Demócrata se dirigía hacia la salida tomando un inesperado atajo
por la cocina.John Kennedy se encontraba en plena
campaña proselítísta para lograr su reelección cuando eligió realizar aquella gira por el estado de Texas,
donde su popularidad se encontraba más debilitada. Sería en otoño,comenzando el 21 de noviembre por
las ciudades de Houston y San Antonio, y el 22 seguiría rumbo al sur, primero Fort Worth y luego,alrededor de las 13 horas, DallasLos pocos segundos que dura aquella
clásica escena han sido explotados con todos los recursos posibles: la imagen se ve más lenta, se superpone con otras versiones del mismo instante, se sale de foco, vuelve al primer plano. En fin, la muerte eterna dio pie para la producción documental con más cantidad de
variaciones. Hecho y noticia, figura híbrida entre la historia y el períodísmo. Sin embargo, nada ha podido hacer esta perseverancia documental para resolver el enigma del asesinato. Cuando el escándalo impactó en el mundo, las elecciones seguían en el horizonte de los políticos. Es por esta razón que el nuevo presidente, Lyndon Johnson, encomendó a la prestigiosa comisión de siete notables conocida como la Comisión Warren que publicaran su informe sobre la tragedia antes de los sufragios. El resultado tranquilizó al público norteamericano: un demente comunista desquiciado en su afán de notoriedad era el único culpable. La prensa festejó el informe. En Europa también pasó la prueba de filego hasta que Francia reclamó un poco de seriedad para tratar el tenia. El periódico Paris-Presse dijo: "El informe, sin duda, convencerá a la gran masa de estadounidenses. Pero los franceses no creemos en todo esto por la sencilla razón de que es increíble". Asimismo, Le Figaro señaló las lagunas y contradicciones, y las declaraciones difíciles de creer del Informe Warren LHumanité tituló: "Las verdaderas preguntas siguen sin obtener respuesta". La Unión Soviética tampoco creyó en la versión y ya a mediados de 1964 dentro de los Estados Unidos comenzaron a aparecer investigacÍones paralelas. El gobernador de Texas, John Conally que viajaba al lado de Kennedy aquel día, negó la versión oficial que dice que la misma bala hirió a los dos. Aparecieron testimonios que habían sido obvíados por la comisión, y una serie de personas, consideradas testigos clave, murieron de manera sospechosa. El informe fue sometido a debate. Tiene fallas técnicas, no explica las preguntas más elementales y, sobre todo, saca conclusiones de pistas endebles. Los pocos que aún consideran factible la hipótesis de que el asesino haya sido Lee H. Oswald, movido solamente por su locura, acusan al pueblo norteamericano y a su séquito de ingenuos de no poder tolerar que el hombre de los sueños no haya caído en una gran emboscada sino muerto en la mitad de una sonrisa por un verdadero nadie. Según muchos, la solución llegará en el año 2017 cuando sean abiertos los vos secretos sobre el c
aso

El cumpleaños

Con un vestido que el diplomático Adlai Stevenson describió como "piel y abalorios, sólo que no vi los abalorios", la actriz cantó los primeros versos de¡ "Happy Birthday" y luego alzó sus brazos para animar al público a cantar con ella mientras dos cocineros subían al escenario un pastel de casi dos metros con 45 velitas colosales. Entonces, Marilyn cantó, al son de "Thanks for the Memory": Gracias, señor presidente Por todo lo que ha logrado Las batallas que ha ganado Por la forma en que ha tratado El acero americano Yotros miles de problemas Muchas gracias le damos.Kennedy respondió: "Después de escuchar este feliz cumpleaños cantado para mí en un tono tan dulce y puro, ya puedo retirrarme"

"No me pregunten

"En la larga historia del mundo, sólo pocas generaciones han tenido garantizado el rol de defender la libertad en su hora de mayor peligro. Yo no me alejo de la responsabilidad, le doy la bienvenida. Yo no creo que ninguno de nosotros quiera intercambiar su lugar con el de otras personas o con cualquier otra generación. La energía, la fe, la devoción que nos ha llevado a este emprendimiento iluminará nuestro país y a todos los que lo sirven, y el resplandor de este fuego puede realmente iluminar el mundo. Y entonces, mis compatriotas americanos, no se pregunten qué puede hacer América por ustedes sino pregúntense qué pueden hacer ustedes por su país. Mis camaradas y ciudadanos del mundo: no me pregunten qué puede hacer América por ustedes sino qué podemos hacer juntos por la libertad. Finalmente, ya sean ustedes ciudadanos de América o del mundo, pídannos a nosotros los mismos altos niveles de fuerza y sacrificio que nosotros les pedimos a ustedes. Con la conciencia limpia, nuestra única y segura recompensa, con la historia, la jueza final de nuestros actos, vayamos hacía adelante para liderar la tierra que amamos, pidiendo su bendición y su ayuda, pero sabiendo que aquí, en la Tierra, el trabajo de Dios debe ser, en realidad, el nuestro." **Fragmento final del discurso de Keennedy al asumir como presidente.

Maldita espalda

Entre todas las enfermedades que sufrió y que se le atribuyen, su dolor de espalda es la que más historias y conjeturas ha provocado. Por su dolencia fue' eximido del servicio militar, aunque por intervención de su padre, quien en todo momento pensaba lo que los libros de historia iban a decir de ellos, fue aceptado para participar en la guerra. Allí, en un acto heroico salvó la vida de unos soldados después de que su barco fuera hundido por el destructor japonés Amagíri en 1943. Debieron someterlo a una operación y durante su larga convalecencia se dedicó -seguramente dando por terminada las aspiraciones políticas- al periodismo y a escribir el libro que mereció el Pulitzer y a redactar comentarios para el International News Service. La espalda vuelve a aparecer en los relatos de la muerte en Dalias. Según algunos peritos, el primer disparo no fue mortal y sí lo fue el segundo. Kermedy, de no haber tenido una especie de arnés que le sostenía la espalda para mantenerlo erguido a pesar de sus dolores, podría haberse agachado y evitado la bala fatal. Muchos aseguran que JKF se vio obligado a usar esa especie de faja debido a un accidente sufrido el día anterior cuando, en una de sus habituales fiestas en la piscina de la Casa Blanca, con una legión de señoritas, se había resbalado y se había vuelto a lesionar la maldita espalda.

Otro record

I_a revista Lífe dio la primicia de que podía leer a una velocidad de 1200 palabras por minuto cuando las personas normales suelen leer 250 en ese lapso. JFK, afirmaba la publicación, era capaz de leer un informe de 25 páginas en menos de diez minutos y luego hacer preguntas pertinentes al respecto. Sin embargo, las cifras --que luego fueron tomadas como una palabra sagrada- fueron producto de un tironeo en la Casa Blanca, según confesó más tarde el periodista que las llevó a la fama. Algo era cierto: Kennedy había hecho un curso de lectura veloz. En el instituto habían informado al cronista que la velocidad alcanzada por el alumno había llegado a los 750 palabras por minuto. Cuando el presidente leyó el borrador del artículo, decidió que había que batir un nuevo record: 1200 es el número desde aquel día.

Mujeres, un asunto de familia

Ningún extraño puede comprender del todo la dinámica interna de otra familia, pero todos quedaban estupefactos ante lo que encontraban en casa de los Kennedy. La fama de mujeriego compulsivo, que los agentes secretos se encargaron de sacar a la luz en cuanto pudieron, tiene también un origen hereditario. El viejo Joseph era famoso no sólo por sus aventuras sino por la ostentación que le gustaba hacer de ellas. El asesor principal de Lyndon Johnson ha narrado una comida que tuvo con su jefe, en aquel momento líder de la mayoría en el Senado, en la casa de la familia Kermedy en Palm Beach: "Rose se encontraba en el recibidor sola, elegante, encantadora como siempre, cuando de pronto apareció su marido, el viejo Joe con una chica de diecisiete o dieciocho y, sin decir ni mu, subió las escaleras y se embarco en lo que por los estrepitosos ruidos no podía ser más que un coito.,-Allí abajo estaba el líder de la mayoría en el Senado conversando con su esposa. El almuerzo prosiguió como si nada hubiera pasado".

Marilyn, apenas una más

Donald Spoto, el biógrafo más respetado de Marilyn Monroe, asegura'que nadie puede decir que existiera una relación amorosa entre el presidente y la actriz. Según sus cálculos, se vieron solamente cuatro veces, tres de las cuales en escenarios públicos y una en la cama. Desde aquella habitación, en la casa del actor Peter Lawford, cuñado de JFK y entregador de beldades, Marilyn llamó a uno de sus amigos para contarle que había pasado esa noche con el presidente carismático y que "no fue nada especial para ninguno de los dos». Pero, más allá de que esto haya sido así, ningún aspecto de la vida de la diva ha provocado tantas páginas como su relación con los hermanos Kermedy. En algunas versiones vivió un breve romance con uno, en otras, cualquiera de los dos está a punto de dejar a su esposa por ella; también se ha dicho que Marilyn aborta un hijo que a veces es de Bob y a veces de JFK, y hasta que pierde la vida en manos de sus sicarios. Los amigos de la actriz en general niegan que existiera una historia amorosa con el presidente, mientras que algunos reconocen que la vieron entusiasmada con Bob en los últimos tiempos. Casi todas las teorías de conspiración acerca de la muerte de ella se centran en su relación con los dos hombres más poderosos de los Estados Unidos: el presidente y el fiscal general. Las acusaciones, que han dado origen a películas y a muchos hipotéticos relatos del final, dicen que las escapadas sexuales del presidente con Marilyn habían sido escuchadas mediante micrófonos que el FBI, o el jefe mafioso Sam Giancana o el sindicato de camioneros, había colocado para vengarse por alguna traición. La actriz, a su vez, despachada porque no iba a poder ocupar el sitio de la primera dama, había amenazado con dar una rueda de prensa y contar las intimidades de los hombres del poder. En estas versiones, Lawford actúa como cómplice con el psiquiatra de ella que le receta unas pastillas para que esté dormida a la hora de asesinarla. Otras, desmienten esta versión basándose en dos premisas: no era la primera vez ni la última que los hermanos tenían una relación con una estrella como para pretender ocultarla liquidando a la partenaire Por otro lado, frente a quienes dicen que Marilyn había amenazado con vengarse de los maltratos o de los desamores, hay una versión psicologista que responde que jamás en toda su vida la actriz se defendió de aquellos que la lastimaron

Mala Salud

Cuando tenía dos años se enfermó de escarlatina, estuvo internado en el Hospital de Boston y los médicos no daban muchas esperanzas. Entonces, el patriarca los agarró del cuello y les prometió que si salvaban al chico, él donaría la mitad de su fortuna a la Iglesia. Porque lo escuchó Dios o porque la plata logra milagros, el niño se salvó y el padre pagó 3500 dólares de los 2 millones de dólares que había prometido. Desde entonces, la debilidad fue una razón de ausencias repetidas en la escuela, y de las largas temporadas en cama o visitando médicos. Su estado calamitoso de salud fue mantenido como secreto de Estado. Siempre negó rotundamente que padeciera la enfermedad de Addison dolencia que afecta la capacidad de combatir las infecciones y que impone un fuerte tratamiento a base de cortisona. Tampoco se supo que había sido víctima de enfermedades venéreas durante más de treinta años y que había pasado la mayor parte de sus días ingiriendo antibióticos. También abusó de inyecciones energizantes ,, de anfetaminas suministradas por el fatídico doctor Marx Jacobson, médico de Nueva York que lo acompañaba en los viajes y siempre estaba presente en la Casa Blanca.

¡Quiero Mass Media!

Mr. Clack, el vicepresidente de la CBS News, pensaba que "Jack Kermedy nunca olvidó que era un actor en un drama público. Tenía siempre preparadas una ocurrencia y una sonrisa, creo que tenía instinto para la televisión. Sabía además que los periódicos eran menos importantes. De todas formas, apenas resultó electo, las revistas se lanzaron como nunca a sacar fotografias e inauguraron el tan trillado ahora 'Un día en la vida de Las publicaciones más serias, como el U.S. News World Report, no pudieron resistirse a la tentación de publicar diez páginas enteras con fotos del flamante presidente trabajando. Una foto de la pequeña Caroline hablando con su padre con un teléfono de juguete se vendió a las revistas de todo el país. El círculo se cerraba con la imagen que se hizo muy popular del propio Kermedy lector fanático de diarios y revistas.
Tenía compulsión para leer todo lo que se dijera sobre él y, además, tenía influencia en los probables lectores. Si el lo leía, ellos también. Era muy posible encontrarse en las publicaciones de entonces con fotos del presidente leyendo con atencion la misma revista que había salido la semana anterior.

La Maldición

"¿Nuestra familia estará maldita?",se preguntó en 1968 Ted Kennedy cuando ya habían muerto sus tres hermanos, Joseph Jr., John y Robert en circunstancias trágicas. Otros se preguntaron s' la maldición, en realidad, sobrevolaba el cielo norteamericano, ya que las muertes en aquella familia significaban fuertes cambios de timón en la política del país. Richard Nixon, por ejemplo, confesó en sus memorias que cuando supo del atentado de Bob, inmediatamente comprendió que él iba a ser el próximo presidente. Y así fue. Bob Kennedy era el candidato más firme, según lo marcaban todas las encuestas. Heredaba el carisma de su asesinado hermano y el fervor de la gente por seguir presencian do las representaciones de Camelot. La respuesta a la pregunta de Ted, que ya había sido adelantada por el tan certero corno tramposo Nostradamus, llegó bastante clara al poco tiempo con las muertes de sus sobrinos, David Anthony, víctima de una sobredosis, y Michael fallecido en un accidente de esquí. Luego, en julio de 1999, vino el accidente aéreo de John John, el hijo del ex presidente. La lista de los hechos trágicos comienza en 1944 con la muerte de Joseph en la Segunda Guerra Mundial cuando tenía 24 años, continúa con la de Patrick Kennedy, el hijo de JFK que nació en 1963 y falleció a los tres meses; y sigue . con el asesinato del presidente, y el de Robert en 1968, cuando tenía 42 años. La maldición no sólo cayó sobre los Kennedy. También sobre personas allegadas a ellos: otros integrantes de la familia protagonizaron accidentes automovilísticos donde las víctimas fatales fueron sus acompañantes. Los dos hijos de Robert murieron en el transcurso de 1995 a 1997. El hijo de Kennedy, John Ir., fue [a última víctima de la maldición o de esa necesidad de enfrentarse a los riesgos, sean del tipo que sean, que también caracterizó a este linaje. Hay que sumarles a las muertes las acusaciones de estupro, violación de menores, los ataques depresivos que han sufrido los hijos de Edward y otros descendientes del mismo clan.

Conclusiones del informe de la Comisión Warren

"...El presidente fue primero herido por una bala que entró por la parte trasera del cuello y salió a través de la parte más baja del frente de su garganta, causando una herida que no necesariamente habría sido letal. El presidente fue herido por segunda vez por una bala que entró por la parte derecha trasera de su cabeza, causando una gran y fatal herida. El gobernador Conally fue herido por una bala que entró por la parte derecha de su espalda y viajó hacia abajo a través de la parte derecha de su pecho, saliendo bajo su pezón derecho. Esta bala pasó después a través de su muñeca derecha y entró en su muslo izquierdo, donde causó una herida superficial. No hay evidencia creíble de que los disparos fueran realizados desde el Triple Paso del Ferrocarril al frente de la caravana presidencial, 0 desde cualquier otra localización. 1- El peso de las pruebas indica que se realizaron tres disparos. 2- Aunque no es necesario para ninguna conclusión esencial de la Comisión determinar qué disparo impactó al gobernador Conally, hay una persuasiva evidencia de los expertos para indicar que la misma bala que atravesó la garganta del presidente también causó las heridas del gobernador Conally. De cualquier manera, el testimonio del gobernador Conally y ciertos factores han dado lugar a ciertas diferencias de opinión con respecto a esta probabilidad, pero no hay ninguna duda en la mente de ningún miembro de esta Comisión de que todos los disparos que causaron las heridas del presidente y del gobernador Conally fueron disparados desde la ventana del sexto piso del Texas School Book Depository 3- Los disparos que mataron al presidente Kennedy e hirieron al gobernador Conally fueron disparados por Lee Harvey Oswald. Esta conclusión se basa en lo siguiente: a. El rifle Mannlicher-Carcano de 6'5 mm desde el que se realizaron los disparos era propiedad y estaba en posesión de Oswald. b. Oswald llevó este rifle al edificio del depósito en la mañana del 22 de noviembre. C. Oswald en el momento del asesinato, estaba presente en la ventana del sexto piso desde la cual fueron realizad, os los disparos.d. Poco después del asesinato, el Mannlicher-Carcano que pertenecía a Oswald fue encontrado parcialmente escondido entre algunos cartones en la sexta planta y la improvisada bolsa de papel en la cual Oswald llevó el rifle al depósito fue encontrada cerca de la ventana desde la que los disparos fueron realizados. e. Basándose en los testimonios de expertos y en el análisis de las películas del asesinato, la Comisión ha concluido que un francotirador de la capacidad de Lee Harvey Oswald pudo haber realizado los disparos desde el rifle usado en el asesinato dentro del tiempo del tiroteo. La Comisión ha concluido que Oswald poseía la habilidad con un rifle que le permitía cometer el asesinato. f. Oswald mintió a la policía tras su arresto con respecto a cuestiones importantes. Oswald,intentó asesinar al general Edwin A. Walker (US. Arrny) el 10 de abril de 1963, demostrando su disposición, para tomar una vida humana. 4- Oswald asesinó al patrullero JD. Tippit aproximadamente 45 minutos después del asesinato. Esta conclusión Refuerza el descubrimiento de que Oswald realizó los disparos que mataron al presidente Kennedy e hirieron al gobernador Conally y es apoyada por lo siguiente: a. Dos testigos presenciales vieron el tiroteo de Tippit y siete testigos escucharon los disparos y vieron al pistolero dejar la escena con un revólver en la mano. Estos nueve testigos identificaron positivamente a Oswald como el pistolero que vieron. b. Los casquillos encontrados en la escena del tiroteo fueron disparados por el revólver en posesión de Oswald cuando fue arrestado, a la exclusión de cualquier otra arma. c. El revólver en posesión de Oswald en el momento de su arresto fue comprado y pertenecía a Oswald. d. La chaqueta de Oswald fue encontrada a lo largo del camino de huida tomado por el pistolero mientras escapaba de la escena del crimen. Ochenta minutos después del asesinato y 35 minutos después del asesinato de Tippit, Oswald se resistió al arresto en el teatro intentando disparar a otro policía de Dallas..."

TESTAMENTO DE JOHN E KENNEDY

Yo, JOHN F. KENNEDY, casado, residente en la Ciudad de Boston, Commonwealth of Massachusetts, estando en buena salud y en disposición de mi memoria, y consciente de lo incierto de la vida, procedo a destinar mi herencia, publico y declaro que éste es mi testamento y última voluntad.
PRIMERO: Con éste quedan revocados los anteriores testamentos. SEGUNDO: Declaro que mis deudas y gastos del funeral serán pagados por mis ejecutores. TERCERO: Lego a mi esposa JACQUELINE B. KENNEDY, si me sobrevive, la suma de $ 25,000. dólares, además de mis objetos personales, muebles, adornos, platería, que posea al momento de mi muerte. CUARTO: Durante mi vida, he hecho sustanciosas contribuciones a diversas obras de caridad, causas .e instituciones de diversa fe, tanto de manera individual como dentro de la Fundación Joseph P. Kennedy Jr., que se estableció en honor de mi hermano fallecido. Estoy seguro de que esas contribuciones que yo y otros miembros han hecho seguirán siendo utilizadas en la Fundación para los mismos propósitos. QUINTO: Ordeno a los ejecutores del presente documento dividir en dos partes iguales el resto de mi herencia, real, personal, cualquiera sea el lugar donde esté situada o cualquiera sea el lugar donde yo muera o cualquiera sea el título que yo posea en el momento de mi muerte.
Cláusula 1. Lego a mi esposa JACQUELINE B. KENNEDY, si me sobrevive y ninguno de mis hijos me sobrevive, la primera y la segunda de esas dos partes iguales en la que he dividido mi herencia entre ella y mis hijos. Si ella no me sobreviviera, mi herencia se repartirá como si yo hubiera muerto intestado. Cláusula 2. Los albaceas de este testamento se ocuparán de disponer de mis papeles públicos dando a conocer lo que ellos consideren necesario para el juicio de la posteridad y destruyendo el resto.


ORIGEN DE DATOS:LEGADOS DE PAG 12

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