JOSE SARAMAGo

José Saramago lo sabe: la ternura en un escritor de 78 años puede ser arrolladoramente seductora. Tal vez por eso hilvana sus ideas sobre cómo ve el mundo sin, por ejemplo, perderle el pulso al microclima de la habitación señorial del hotel señorial que lo aloja en su paso breve por Buenos Aires. "Este asunto del aire acondicionado es cosa seria, no vaya a creer, hay que estar atentos, lo voy a regular: no quiero que se resfríe", comenta. Es sólo una de sus tantas gentilezas. Atrincherado detrás de sus gafas gruesas y su discurso: hay‑muchas‑cosas‑en‑las‑que‑no‑creo, Saramago es un hombre tierno. Y seductor. Alto, delgado, con una etiqueta sospechosa de pesimista y una valija llena de definiciones sobre política, economía, pobreza y tecnología, tie­ne lo que todo portugués: una caballerosidad que en otros países se considera pasada de moda. Y lo que pocos escritores: el Premio Nobel, que obtuvo en 1998 ‑el primero otorgado a un escritor de lengua portuguesa‑, una distinción que agradeció ante los miembros de la Academia Sueca con un discurso plagado de algunas de sus ideas recurrentes. Esas que lo hicieron ingresar en el lote de escritores "comprometidos", aquellos que participan activamente en la defensa de los más débiles y se suman a las pro­testas frente a las injusticias. Sus  cartas a Presidentes y los pedidos de audiencia ante autoridades gubernamentales para manifestar reclamos son tan célebres como la prolífica obra que lo consagró como uno de los mejores narradores de este tiempo.

¿Sus pedidos ayudaron a resolver algún problema? ~

  No creo. Pero cuando hacemos reclamos no tenemos que esperar resultados inmediatos. Hay que pensar en nuestras protestas como tentativas que deben sumarse a otras. En Brasil estuve con los del MST (Movimiento de los Sin Tierra) y en México con los indígenas de Chiapas y las cosas no cambiaron por eso. Pero reclamaré tantas veces que seguramente llegará el momento en que algo cambiará. Tal vez lo vea algún día.

¿Qué pasó con su famosa actitud pesimista?

  Yo simplemente digo cómo me parece que está el mundo; algunos in­terpretan esa actitud como una vi­sión pesimista. Creo que ahorraríamos bastante esfuerzo si dejáramos de analizar los hechos sólo desde la óptica pesimista/optimista. Si pu­diéramos despojarnos de ese con­cepto veríamos las cosas como real­mente son.

  ¿Y cómo son?

  Preocupantes, injustas. Millones de personas se mueren de hambre en el mundo. Millones de personas viven en la ignorancia. El 47 por ciento de la riqueza mundial se concentra en 200 y tantas empresas multinacionales que ejercen el verdadero poder en el mundo y que jamás se presentan a elecciones. Se gasta más dinero en enviar un aparato a Mar‑te para buscar algunas rocas que en llegar con ayuda concreta a las personas que necesitan más protección. Es lo que observo, y cuando lo comento dicen que soy pesimista. Lo único que hago es describirla realidad.

  ¿Usted cree que es culpa deL progreso que haya tantas injusticias?

   El progreso nos cambió la visión de algunas cosas. No quiero caer en el facilismo de decir que todo tiempo pasado fue mejor, pero aquellas 24 horas en la vida de décadas pasadas ‑cuando no existía el televisor, por ejemplo‑ eran horas vividas: horas que se podían compartir. Ahora las personas pasan mucho tiempo frente a la pantalla de tevé o de su computadora y se asilan. Antes era más dificil aislarse; había que subir­se a un velero para poder alejarse del mundo. Ahora con engancharse en Internet es suficiente. Eso es una gran fuga de la realidad. Yo no uso Internet; todo lo que ahora está allí ya estaba antes, no hay nada nuevo. Sí tengo computadora (dos: una PC y otra portátil) porque facilita mi tra­bajo, pero Internet no me llama la atención. Por lo demás, las injusti­cias tienen que ver con los poderes económicos y financieros que do minan el mundo. Esos que oprimen y que hacen que la brecha entre los que tienen más y los que no tienen nada sea cada vez más grande. Más dificil de zanjar. Son realmente millones las personas que necesitan ayuda. Vengo de Brasil y de África ‑estuve en Angola y Mozambique‑ y vi mucha gente que vive en extrema miseria. Ni vale la pena decir cuántos son. No sólo están en lugares donde uno espera encontrarlos. En los países desarrollados también hay personas que sufren mucho.

  ¿Son víctimas de la crueldad?

  Sí, aunque tal vez no se trate de una crueldad activa. La indiferencia con que el poder económico provoca la exclusión social y la pauperizaci6n cada vez más acentuada en las masas humanas es llamativa. Y esa in diferencia ya es una forma de crueldad. Creo que la crueldad es lo que realmente nos diferencia de los animales. La crueldad humana sobrepasa todos los límites.

¿Le resulta más fácil analizar el mundo ahora que está cerca de los 80 años? ¿Se siente más "sabio"? 

No sé si la palabra es sabiduría. Comprender el mundo no sólo tie­ne que ver con el hecho de haber vi­vido mucho tiempo. Tiene que ver con el modo en que uno vivió, con la experiencia que acumuló. Yo veo este mundo e inmediatamente creo que no hay ninguna esperanza de mejorarlo.
Apareció otra vez el pesimista. Y esta vez se queda un rato largo. Nacido en Azinhaga, una aldea portuguesa de Ribatejo, en 1922, Saramago es hijo y nieto de analfabetos. Una circunstancia que a lo largo de las cientos de entrevistas que concedió en su vida, se encarga de enfatizar y de comentar con cierto orgullo: "Mi abuelo, jerónimo Melfinho, era una de las personas más sabias que conocí", suele declarar. Hasta los tres años vivió en el campo y aprendió los códigos de la naturaleza que le transmitía su entrañable abuelo. El paisaje bucólico se transformó cuando su familia decidió mudarse e instalarse en Lisboa. Una Lisboa que ‑afortunadamente para los seguidores de su obra‑ vio con otros ojos. Y así la retrató en sus libros (ver recuadro); la presentó ante el mun do como un lugar mágico, como envuelto en las brumas de un eterno desasosiego, con sus personajes más emblemáticos recorriendo todos sus rincones.

  ¿Qué soñaba cuando era chico?

  ¿ Sueños? Noooo. Ese niño, pobrecito, casi ni sabía, soñar. Nunca tuve sueños o ambiciones. Nunca quise llegar a alguna cosa en especial. Nunca tuve ninguna ambición, ni de pode¡, n'i de dinero, tú de gloria. Viví con lo que la ‑vida tenía para darme. Llegué adonde llegué no porque estuviera planeado o como resultado de alguna ambición. Todo me sucedió porque me tenía que suceder, simplemente. Nadie podría decir que planifiqué una carrera de escritor porque, de hecho, empecé a escribir relativamente tarde.

Tarde pero seguro. Luego de pasar por varios oficios, desde cerrajero, hasta ayudante de mecánico, incluido un paso breve pero intenso por el periodismo ("un mundo en el que cuando dicen'escriba 500 palabras', no hay otra opción: una tiranía"), y de abrazarse al ateísmo y al comunismo (en 1969), se animó a publicar con cierta continuidad recién después de los 60 años, a la edad en que muchos piensan en el retiro. Su demora en el ingreso al mundo de las letras merece un párrafo aparte. Es el que sigue. Como uno bien se imagina, en su hogar con varios familiares analfabetos no había una biblioteca nutrida, ésas que por lo general inspiran a un chico para pensar en un futuro como escritor. Al niño Saramago, sin embargo, le gustaba muchísimo leer y se desquitaba con cuanto periódico llegaba a sus manos. Vivía muy informado y en su adolescencia, la incipiente fascinación por los libros lo llevó a hacerse amigo de varios libreros y bibliotecarios. Con el tiempo se convirtió, además, en un habitué de las bibliotecas públicas. Una anécdota de sus 14 años refiere a un episodio que él no reconoce como iniciático pero que se apro3dma bastante a un ingreso en el mundo de la literatura. Tenía una fiebre altísima, fruto tal vez de una gripe ‑no lo recuerda bien‑ y ante la pregunta casi desesperada de su mamá "hijo, ¿qué necesitas?", él respondió: libros. La mujer no encontró ninguno en la casa y tuvo que salir a preguntarle a los vecinos si tenían alguno para prestarle. La en fermedad duró unos días y al recuperarse, Saramago ya tenía en su cabeza unas cuantas historias. Ahora ni recuerda cuál fue la primera que leyó; dice que puede ser El secreto del molino, de un inglés que tampoco quedó en su memoria. Ya en sus 20 años, exactamente a los 24, empezó a escribir casi profesionalmente pero el entusiasmo no le duró mucho. Pronto decidió dejar de hacerlo porque, en realidad, "no tenía nada para decir". Así se mantuvo hasta que pasó la barrera de los SO: ,en silencio. Y aquí está, a los 78, viajando por el mundo con el peso del Nobel sobre sus espaldas, pero sin queja alguna por ese motivo: "El Nobel no impone ninguna obligación. Yo podría quedarme tranquilamente en mi casa pero creo que es un deber asis­tir a los lugares donde quieren escu­charme. Me reciben bien, me dan cariño, y me puedo dar el gusto de transmitir mis ideas".

¿Qué le gustaría transmitir en este rincón del mundo?

Todo lo que le he dicho pero si quie­re que hablemos en términos loca­les le diría que la situación de Amé­rica latina es especialmente de­sesperanzadora. Me parece que aquí necesitan de una nueva liberación. Ya no de los colonizadores es­pañoles o portugueses sino de la tu­tela de los Estados Unidos. En ese país creen que todas las naciones de América son su terreno. Después de todo, las dictaduras que ustedes padecieron fueron apoyadas y entrenadas por ellos. La opresión económica que ejercen, además, es uno de los espectáculos más vergonzosos. América latina necesita liberarse cuanto antes de eso, reaccionar, aprender a decir no. No hablo de pensar en una protesta armada: todos los enfrentamientos armados me parecen absurdos. Hablo de que debería existir una conciencia nacional o continental...

  América latina es como varios mundos en un mismo mundo.

  No estoy pensando en una entidad única porque eso sería imposible. Y tampoco se trata de hacer un localismo vano sino de intentar huir de esa dependencia vana. La situación que están manteniendo no puede resistir mucho más. Deberían revertir lo que están padeciendo: dependen de los Estados Unidos política, económica e ideológicamente.

   ¿Cómo cree que se podría cambiar esa situación?

  No se trata de tener un plan para escapar de eso. Además, disculpe que le diga esto, pero me parece que ya es un poco tarde para revertir las cosas. Ya está todo instaurado. Todo es espectáculo y diversión; nadie se detiene a pensar. Hay una pauperización de pensamiento, de ideas...

Eso pasa en todo el mundo.

  Sí, pero en América latina, que he visto durante mis vial, sólo no protestan sino que parecen  aceptar todo lo que viene o se piensa en los Estados Unidos como  fuera un mandato divino. también que los políticos  que ustedes, des tienen son instrumentos de los intereses económicos y políticos de ese país. En plena campaña pueden promover lo que quieras, pero desde el  momento en que se sientan en su despacho ya no pueden , romper la cadena de la opresión Pero, bueno, tal vez las cosas cambiarían   un poco si tuvieran gobernantes valientes que fueran capaces de desafiar, aunque sea  un poquito, esa situación. Con que uno se animara habría alguna esperanza. Apareció la esperanza. El rostro vital  de Saramago regala una sonrisa. Sencillo, afectuoso (sus gentilezas no cesan) dice que, como todo  mundo, tiene deseos: «Tener buena salud, como tengo. Lo mis para mi familia (tiene una hija, Violeta Matos, bióloga de 54 años, dos nietos) y está casado con Pilar  del Río, una periodista española , que llegó a su vida atraída por sus, de sus libros ‑Mernorial del conven to y El año de la muerte de Ricado Reis‑ y que después de un reporta, le entregó su corazón. junto a ella , vive en Lanzarote, una de las islas Canarias. Su mansión blanca, a la que bautizó sencillamente A Casa (La casa, en portugués) es como de cuento, "hecha con libros, mi primera propiedad» y, claro, una de las más famosas de esa isla volcánica. En su quinta corretean tres perros: Cam5es, igual que uno de los autores clásicos portugueses, y los inquietos Greta y Pepe. De su huerta generosa se cosecha lo necesario para servir mesas bien puestas, y por su umbral desfilan decenas de fans por año. Vienen de todas partes del mundo en busca de la foto histórica y del autógrafo‑trofeo. Se llevan todo eso y a veces el recuerdo adicional de sobremesa iluminadas por la verborragia de su escritor‑ídolo. 'Tos invito a comer porque vienen de muy lejos y no puedo menos que atenderlos como buen anfitrión. No sé por qué me quieren si pregono el pesimismo", ironiza una vez más el portugués. llegó hasta ese lugar de folleto turístico luego de recibir críticas feroces por su libro El Evangelio según Jesucristo, que apareció en 1991. En realidad, su vida allí comenzó como una especie de auto exilio, pero ahora es "" nuevo hogar y me quedaré allí todo el tiempo que pueda". En aquel libro polémico, Saramago hizo una recreación de la vida, pasión y muerte de Jesús, algo que le valió no pocos disgustos. En esa época era candidato para recibir el Premio europeo de Novela pero el gobierno portugués, en 1993, vetó su postulación por considerar su obra como blasfema. Aunque él se adelantó y retiró antes su postulación. Les ganó de mano.

  ¿Por qué no cree en Dios?

  Podría responderle de la misma forma en que responden los que creen: es mi fe. Me parece completamente absurdo. Creo en la existencia  de un universo que mide miles de millones de años luz. Y en una evolución que nos llevó a descender de las ramas y millones de años después, a caminar erguidos. ¿Desde cuándo se supone que tenemos alma? ¿Ya la teníamos cuando nos balanceábamos de rama en rama? ¿0 sólo la poseemos desde que somos "hombres modernos"? La realidad es que estamos en transformación constante y que una idea como la de Dios sólo habita en la mente humana. Cuando el último de los hombres se muera, ¿qué pasará con la idea de Dios?, ¿quién la sostendrá? Jesús, en cambio, es otro personaje; creo que efectivamente existió un hombre llamado Jesús, que vivió en esa época que todos suponen, que protagonizó hechos reales y cuyas palabras fueron recogidas. Basten pruebas de que Jesús e3dstió. Pero Dios. . . Sin embargo, los excluidos sociales, a los que usted tanto defiende, están muy aferrados a la idea de Dios. Pero fíjese que deben estar muy desconcertados. Quién entiende ala Iglesia ahora que Juan Pablo II puso en duda aquello del Paraíso y del In­fierno. Los católicos deben estar pensando en qué estuvieron cre­yendo. Y no me haga hablar de reli­gión porque para mí no existe con­frontación más absurda que la reli­giosa. Es totalmente estúpida. Los excluidos que tanto defiende este caballero portugués, a quien su calvicie despiadada sólo lo hace lu­cir venerable, y con quien una está segura de no resfriarse, son parte de su nuevo libro, La Caverna. En él una alegoría de la La Caverna de Platón, hay imágenes de algo común en nuestros días: la extinción de especies animales y vegetales, profesiones, idiomas y tradiciones. "Una época en la que las personas ya no se reúnen en plazas, parques o jardines. Porque ahora el único lugar de encuentro es el shopping. Una señal más de que el mundo de los excluídos está creciendo. No hay Dios que los proteja." Otra vez Dios. Y si finalmente un día de éstos lo encuentra, ¿qué te diría Que no valió la pena.

origen de datos: clarin  revista viva del 7/01/2001

Un escritor sin CLISES

  SU LITERATURA TIENE LA FRESCURA DE QUIEN ACABA DE DECIDIR SU DESTINO

  José Sararnago irrumpió en las letras portuguesas (y en las de¡ mundo) con Memorial del convento, en 1982. No era precisamente un joven escritor, recién descubierto por algún sagaz editor. No. Saramago nació en Azinhaga, en 1922. En 1947 había publicado una novela olvidable, y en 1977 un libro interesante, Manual de pintura y caligrafía. 0 sea, Saramago empieza a escribir cuando una gran cantidad de buenos, excelentes y grandes escritores comienzan a declinar, ya agotados por múltiples hallazgos y por las caricias de la fama. Esta singularidad marca el estilo y la actitud de Saramago   ante la literatura. Porque empieza a escribir sus grandes obras con un impulso lleno de sorprendida alegra por el trabajo. No hay desgaste, no hay clisés adquiridos a lo largo de los años, no hay compromisos con un pasado literario. En pocas palabras: Saramago es un escritor libre, que se pone a trabajar con la frescura de quien  acaba de decidir su destino, luego de un largo desvío. Pero también crea a partir de una vida decantada por la intensidad, erosionada por los sentimientos. Se trata de una alquimia especial, un hierro forjado en llamas recién nacidas. Saramago suele decir que cuando no tenga nada para decir, va a abandonarla escritura, en la volcánica isla de lanzarate donde ~ ahora. Porque Saramago escribe para decir, para revelar un mundo de sensaciones y de despiadadas realidades. Su literatura dice siempre algo. Yeso la hace imprescindible.

 

POR MARCELO PICHON RIVIERE  

ESE niño que fui, probrecito, casi ni sabía soñar. Nunca tuve sueños o ambiciones. Nunca quise llegar a alguna cosa en especial. Viví con lo que la vida tenía para darme. Todo me sucedió porque me tenia que suceder, simplemente  

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SARAMAGO

 

 

 

 

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