JESUS

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De qué nos protege el cielo protector? ¿Qué hay más allá, del cielo? ¿ Qué hay detrás? ¿ Cuál es el misterio tremendo que brota cuando se parten los cielos? Escribió José Saramago en su Evangelio según Jesucristo: "Jesús muere, muere, y ya va dejando la vida, cuando de pronto el cielo se abre de par en par por encima de su cabeza, y Dios aparece ...... ¿Qué aparece cuando Dios aparece? ¿Por qué, como escribió Oscar Wilde, "allí donde hay dolor, hay terreno sagrado"? La historia y la leyenda sagrada de la Pasión y de la Muerte de jesucristo empezó 33 años antes de su crucifixión, en Belén, hace dos milenios, según los creyentes, cuando nacía, en la inédita indigencia para un Dios, en un pesebre, tan pobre como el desierto. En aquel tiempo, la policía imperial vociferaba la orden de pueblo en pueblo y por todos los caminos y lugares de Galilea y de Judea: todos debían someterse a un censo. En Roma gobernaba el magno emperador Augusto, y en Israel, Herodes, un lujurioso avejentado que nunca había ahorrado crueldades a sus súbditos. A sus oídos había llegado un rumor inquietante. Un niño había nacido en su territorio, un niño que sería Rey y que sería el Mesías, según sus asesores. El censo se implementó con un objetivo mayor para los intereses de Roma: contabilizar los habitantes de Israel para ajustar la nómina de tributantes de impuestos al tesoro imperial. El niño era hijo de José y de María, dos esenios practicantes. Los esenios, puritanos al extremo del ascetismo, confrontaban con otros grupos de judíos religiosos, como los filisteos y los fariseos y los zelotes, entre otros, por el control moral de toda la comunidad hebrea. Los esenios eran pacifistas y férreos en la fe. El censo los obligó a una mudanza y a un peregrinaje que cambió la historia. Deben someterse a la inspección en su lugar de origen, y José partió hacia Judea, de donde provenía. En el camino nació Jesús, y se transfiguro' la Historia. Herodes ordenó asesinarlo y llenó la tierra de verdugos que ejecutaron a todos los niños nacidos para la misma época. Brotó la sangre de los inocentes, pero Cristo no fue capturado. Lo protegía, según los Evangelios, una fuerza diferente. José, su padre, de noche y con presteza, partió a Egipto; allí Herodes no imperaba y sus villanos tampoco. Se habían salvado. Las potencias en pugna ya se habían perfilado. Por un lado, los guardianes del imperio, alguaciles y cancerberos al servicio de Roma y de la voluntad del poder; por el otro, un niño sagrado que después sería un hombre sagrado que sería proclamado Rey aunque su Reino no era de este mundo. ¿ Cómo es ese otro mundo que no es éste? ¿ Cuál es el misterio de la Fe? Qué terrible es ser sólo un hombre, y saber tan poco e ignorar casi todo. Fue más tarde cuando tendría unos treinta años que jesús fue hacia el encuentro de su primo, Juan el Bautista, esenio como él, hijo de Isabel y de Zacarías, el mismo que cuando no había nacido aún y estaba en el vientre de su madre Isabel, dio un salto dentro del vientre al sentir que María con jesús en su seno, llegaba hasta su casa. jesús se acercó hacia Juan, que era un hombre enjuto y afilado, de cuerpo tan árido como el desierto, barbas ralas y fe obsesiva. Comía solamente miel silvestre y langostas. "No obstante ‑como escribió Norman Mailer en El Evangelio según el hjo‑, se decía que estas langostas podían devorar todo el descreimiento en el corazón de quienes acudían a Juan._" Como todos los esenios, Juan era políticamente rectilíneo e intransigente: como escribió de él el teólogo católico John Dominic Crossan en su celebrado volumen titulado ¿Quién rato a jesús?: "Desde su visión apocalíptica criticaba de manera radical y subvertía los fundamentos religiosos, políticos, sociales y económicos del control herodiano y Romano sobre el territorio judío". Según Norman Mailer, las gentes se le acercaban y preguntaban: "¿Qué habremos de hacer?", y Juan Bautista les respondía, "Que quien tenga dos túnicas le dé una al que no tiene ninguna".Juan se dedicaba a bautizar en las lodosas aguas del Jordán a quienes querían creer, y hacia él se acercó jesús y Juan lo sumergió en las aguas y entonces, como narra San Mateo, "jesús salió luego del agua, y he aquí que se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como paloma y venir sobre él, mientras una voz del cielo decía: 'Este es mi hijo muy amado, en quien tengo puesta toda mi predilección‑.El agua y el cielo, se abren los cielos, en las aguas abiertas a la iluminación Cristo asume su carácter divino, y la historia vuelve a partirse. Así lo describe Norman Mailer: `Y Juan vino detrás de mí cuando entré en el agua, y con la fuerza de un león del desierto me tornó de la nariz y ejerciendo presión sobre mi frente con la otra mano, me volvió a arrojar al agua. Al pasar tan pronto del aire al agua, jadeé primero al quedarme sin aliento, y luego por el agua que tragué. Aun así en ese momento vi muchas cosas, y mí vida cambió para siempre ... Tuve una visión de gloria. Los cielos se abrieron por un instante y fue como si viera un millón, no, un millón de millones de almas Tal vez en eso consista e­fectivamente la iluminación, simplemente tal vez sea esa la sabiduría, como lo dijo el filosofo Emanuel   "Se trata simplemente de salirse uno de sí, de quebrar ese sí mismo que todo lo oscurece y de ver al Otro, al rostro del Otro, de verlo y sentir que Apenas muerto Jesús, Pedro, tratando de contar quién fue ese hombre, lo describe simplemente así: Tasó haciendo el bien". Ese hombre, niño, había nacido en un pesebre, fuera de la sociedad política y religiosa: un excluido más. Su destino fue ser fiel a su origen: desde allí sus pies sólo pisaron la vereda de los vencidos; su sentarse fue a la mesa de los parias; su acariciar fue las heridas. Esa fue su opción, ése su paso, ésa su huella: su enseñanza. El corto itinerario de Jesús se extiende desde su aparición en el desierto donde fue tentado con las palabras de Satanás: "Te haré rey sobre todas las naciones". Hasta la tentación final: "Si eres rey, sálvate a ti mismo y baja de la Cruz". De una punta u otra venció la tentación de un reinado sin cruz, la de un Dios sin humanidad. La tentación de¡ poder desde entonces hasta 2.000 años después. Pasando, caminando las calles, ese rabino de 30 años simplemente miraba lo que no es: lo que el otro no tiene, lo que falta. Veía el dolor. Ese mirar reconocía, incluía. Reunía la debilidad y esa reunión era una pertenencia: una comunidad. Ese fue el centro de su mensaje: revelarnos que no nos necesitamos por ser débiles, sino que Dios nos hizo débiles para que nos necesitemos, y su consecuencia: el anuncio de que Dios se acerca reuniendo, que donde los hombres se reúnen se unen a Dios. Al morir no dejó ni un método ascético ni un tratado moral o ritual: dejó unos pocos hombres que corrían de una casa a otra contando que el maestro que había muerto en la Cruz ahora vivía en ellos, compartiendo la experiencia de que la muerte no era la palabra final. Descubriendo que en lo más inaparente había aparecido Dios. Jesús ocupó el lugar hasta entonces vacío en el panteón de los dioses: el lugar del fracaso. Murió sin razón ni justicia, pero revelando que también eso era reunión: murió hacia y por los demás, murió haciendo del fracaso solidaridad de su pasión compasión hacia los otros. Mostró que ese darse era el nombre cristiano del amor, que en ese amor radica lo único con que podemos dar sentido a la vida hasta el final, hasta el absurdo de tener que morir. Ese hombre, el que "pasó haciendo el bien ", fue y es para sus seguidores, Dios encarnado. El Dios que puso el cuerpo hasta el final, hasta la Cruz. Un Dios en carne viva. ese rostro es el alma del Otro, el alma que sufre". El cielo que se abre y las aguas que se parten son las del ego, según la visión de Levinas, pero también se abre el semblante de los otros que aparecen y es entonces cuando írrumpe el prójimo, un millón de millones de almas, que tienen el rostro insondable, sufriente y éticamente demandante de Dios, que todo se transfigura y lo profano de vivir se vuelve sagrado, diferente, y mejor. Volviendo a la historia misma, cabe señalar, como escribió el eminente teólogo Wálter Kasper, que "jesús se distingue de Juan el Bautista, puesto que no lleva una vida ascéticamente retirada, apartada del mundo. No se aleja ni se retira a un convento. Va a los hombres y vive con ellos ......Sin embargo, en un punto, en un punto mínimo pero también maximo en muchos sentidos, Juan el Bautista y Cristo coinciden fatalmente. Escribió Abelardo Castillo en su Evangelio según Van Hutten "jesús, lo mismo que el Bautista, se había educado en el Desierto, con los esenios, de quienes adoptó la regla de los bienes en común, la cena ritual, la ceremonia del bautismo y su desprecio por la propiedad, pero al cumplir treinta años se apartó de la secta, en rebeldía con ella o autorizado por ella, para predicar su propia doctrina y fundar su propia orden. Se permitió beber, cosas que no hacían los esenios, y curar en sábado, 'porque el sábado fue hecho para el hombre y no el hombre para el sábado'. Nunca sin embargo, dejó de sentirse esenio".Además, a ambos los ejecutaron los romanos.'luego de la ejecución de Juan, escribió Crossan, no hay razón para suponer que jesús no haya imaginado un destino similar para él." El destino de Juan fue tremendo. Herodes Antipas (el hijo de Herodes el Grande, el que había asesinado a todos los niños contemporáneos a jesús) había ordenado su arresto. Sus guardias pretorianos capturaron a Juan y lo arrojaron a un calabozo de la siniestra fortaleza de Machaerus. El día del cumpleaños de Herodes Antipas, la hermosa Salomé danzó ardientemente delante de Herodes y de todos sus capitanes. Este, lujurioso le dijo: pídemelo que quieras", y ella pidió la cabeza de Juan el Bautista. En una hora un verdugo aparecía con la cabeza de Juan en una bandeja, y entonces, Salomé danzó más ardientemente que nunca frente a la bandeja y ante todos los invitados y frente a la mefistofélica mirada de Antipas. La historia es más larga y compleja, pero no menos tremenda. Y prefiguraba el otro crimen, el crimen contra Dios, según la visión de los creyentes. Por aquel tiempo, jesús partió al desierto, donde ayunó durante cuarenta días y durante cuarenta noches. Fue entonces cuando se le apareció el Diablo. Hay una frase de Goethe, en el Fausto, desbordante de sentido que dice: "El vulgo no huele al Diablo, ni aunque el Diablo lo tenga tomado por el cuello". El mal se enmascara, se escabulle y se acerca y seduce y tienta, sobre todo cuando la necesidad apremia. Si hay una prueba de fuego ésa es la de detectar al mal para resistirlo mejor. El desierto es una metáfora, según la visión del filósofo Martín Heidegger, es una soledad sonora y espacial que propicia la escucha, que abre el alma al llamado y el mal llama a la puerta del alma de los hombres y el bien también. Pero ¿quién es el Diablo y quién es el Buen Dios? No es fácil distinguidos en el día a día de la vida, cuando nada es fácil. Es en soledad que al fin cada uno decide, es en el desierto existencial, cuando se juega el destino 1 de la libertad. Como escribió el teólogo español Alfonso Alvarez  Bolado "el desierto representa la ecología del silencio, donde es posible la incorporación del discernimiento y de la decisión, como palabra y compromiso con la vida. Precisamente por eso el desierto es también el lugar más peligroso". En el desierto no hay nada, y en ese "medio‑ambiente" acontecen las disquisiciones interiores esenciales. Ante la nada, ante su nada, cada ser humano decide su vida, en soledad, porque en el fondo, diría Sartre "estamos solos". Cristo resistió la tentación del Diablo en el desierto y desde el desierto fue a Galilea, y comenzó a predicar y a decir en todas partes "Arrepentios porque se acerca el Reino de Dios". Y así fue que su fama fue creciendo y los discípulos lo fueron rodeando, su fama se extendió por toda Galilea, y por Siria, y las muchedumbres empezaron a creer en él. "Lo seguían todos los que padecían algún mal, los atacados por diferentes enfermedades y dolores, los endemoniados, lunáticos, paralíticos y los curaba" (San Mateo 4‑5). Y viendo entonces a la muchedumbre, subió a un Monte y dijo muchos cosas y entre ellas una muy llena de esperanzas: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán recompensados". Sus prodigios y sus dichos se esparcieron por todas partes. Pidió "amar a los enemigos", multiplicó los pa nes y los peces, caminó sobre el mar, echó a los mercaderes del templo, perdonó a una prostituta, aseguró que es más fácil que un camello atraviese el ojo de una aguja a que un rico llegue al Reino de las cielos, recomendó poner la otra mejilla y hasta resucitó a un muerto llamado Lázaro .Era demasiado para la corta paciencia de las autoridades imperiales. Decidieron capturarlo y las patrullas romanas comenzaron a perseguirlo y a azuzar a las masas para ponerlas en su contra. Escribió el gran poeta francés Charles Baudelaire: "Dios es el único ser que para Reinar no necesita ni siquiera existir".Eso es lo que no comprendieron los presuntos asesinos de Dios, no comprendieron que el Dei­cidio es imposible. No comprendieron lo que He­gel enseñó mucho después: "Dios es la Idea de Dios". De allí su condición de eternidad y de ina­sibilidad para la malicia de los hombres. 'la ilu­sión del crimen de destruir una vida ajena y de in­crementar así la propia se disipa, pues aparece en escena el espíritu incorpóreo de la vida dañada, revuelto contra el crimen." Eso escribió precisa­mente Hegel en un texto llamado El Espíritu del Cristianismo y su destino. Y sin embargo lo crucificaron. La muerte en la Cruz estaba notablemente extendida en el mundo antiguo. Era la preferida por los verdugos griegos, los persas y los cartagineses, por ejemplo. En general todos éstos solían aplicar ese método para ejecutar a jerarcas militares o políticos acusados de traición. Y los romanos lo utilizaban mayormente para matar a esclavos, criminales violentos y de baja ralea. Por cierto, las ejecuciones eran públicas, y concluían con un horrible espectáculo final. Las víctimas no eran enterradas y sus cuerpos quedaban expuestos al público mientras eran devorados por los buitres y otras bestias de rapiña. 'la crucifixión. como muerte sin sepultura ‑escribió el biblista alemán Martin Hengel‑ significaba la má‑Úma deshonra para los ajusticiados." Cristo, sin embargo, fue sepultado, aunque, según los Evangelios, él abandonó el sepulcro al tercer día para resucitar y ascender a los cielos. Pero antes de esto, su historia fue dramática, tanto, como sólo pudo serlo el thriller sagrado más arduo de todos los tiempos. Por cierto hubo un traidor. En la Ultima Cena, Cristo, que lo sabía todo de antemano, señaló al traidor dándole un pan y le dijo mirándolo a los ojos: "Lo que vayas a hacer, hazlo rápido".Como escribió John Dominic Crossan, "judas es demasiado malvado para ser falso". El traidor, uno de los integrantes del círculo íntimo de los Doce Apóstoles, cobró treinta monedas de plata, para delatar a su maestro, y lo hizo con un beso. Frente a una turba con sed de sangre divina armada con machetes y con palos, besó a Cristo en el rostro, era la contraseña esperada por los perseguidores. "Aquel a quien yo bese ‑les había anunciado judas‑, ése es el Cristo Según San Mateo, el traidor se arrepintió. Y arrojó las treinta monedas de plata en el templo de los Sumos Sacerdotes y luego se ahorcó .La construcción narrativa de la figura de judas se enriqueció con todo el ¡imaginario de lo siniestro. Un obispo llamado Papis de Hierópolis escribió, antes de la mitad del siglo segundo, con derroche literario, el destino de judas tras su traíción: "judas fue un horrible ejemplo de impiedad caminando por este mundo, con su carne tan hinchada que no podía pasar por donde pasaba fácilmente un carro. Ni siquiera el enorme bulto de su cabeza podía pasar. Se cuenta que sus párpados estaban tan hinchados que le era imposible ver la luz... Sus partes privadas eran vergonzosamente grandes y era un oprobio mirarlas, salían por ellas pus y gusanos ......Al instante de recibir ese beso de la muerte de parte de judas, Cristo ya era arrestado y comenzaba el calvario que lo llevaría al Patíbulo .Fue sometido a juicio dos veces, primero por los Sumos Sacerdotes presididos por Caifás y luego ante el populacho manipulado por Pilato. Caifás fue Sumo Sacerdote de los hebreos entre el año 18 y el 36 d.C, y Pilato fue prefecto romano de Judea entre el26 y el 36 d.C. Caifás estuvo durante 18 años en su trono, el doble de tiempo que su sucesor Anás 1. Todos los datos históricos indican que Caifás y Pilato tenían un pacto de mutuo acuerdo y que ese pacto, como señala John Dominic Crossan, ofendió la sensibilidad judía. Es sugestivo que ambos (Caifás y Pilato) hubieran abandonado sus respectivos puestos en el mismo año. Según un documento escrito por un emisario de Roma y dirigido al César, alrededor del tiempo en el que Cristo fue crucificado, "Pílato se valía de sobornos, insultos, robos, atropellos, injurias, constantes ejecuciones sin juicio y una constante y ofensiva crueldad". Como se ve, no hay nada nuevo bajo el sol. De acuerdo al historiador Flavio Josefo' , en una oportunidad "Pilato utilizó el tesoro sagrado de los hebreos (producto del tributo que los judíos pagaban a sus sacerdotes) para la construcción de un acueducto para llevar agua a Jerusalén. Los judíos no estaban de acuerdo con lo que consideraban un usufructo doloso de dineros públicos y sagrados, y se reunieron decenas de miles para protestar por esa obra. Pilato ordena a una cantidad de soldados que se pusieran ropas judías bajo las cuales llevaban garrotes... Con ellos, dispersaron a la multitud".El hecho permite fortalecer la idea del pacto entre Pilato y Caifás, a espaldas de los judíos entonces colonizados. Lo cierto, según los Evangelios, es que ambos tramitaron el juicio sumario sobre Cristo. La crucifixión fue intensa y dolorosa. Los Clavos, en las manos y en los pies, la corona de espinas sobre la frente, la lanza sobre el costado, los dos ladrones crucificados a su lado, el malo y también el bueno, las burlas de la turba y la soldadesca, el silencio de Dios, y el largo silencio de Cristo, hasta su invocación estremecedora, "Padre, porqué me has abandonado", y su muerte y su sangre goteando sobre las arenas del Gólgota y la sangre de los justos que sigue brotando en todas partes, porque el mundo desborda ya de Crucificados, y la tierra se llena de gritos, de aullidos, de agonías, y los pobres que aún no se sienten bienaventurados y el dolor que vuelve y que se hace eterno, y el sentido de la vida que se esconde y que por momentos parece reaparecer, todo eso, todo, la vida misma y la muerte, pueden verse, sentirse y percibirse en el instante de esa crucifixión, la de Cristo, que tantos misterios alberga. Tantos, como el vuelo de una mariposa o como el agua y el aire. Dicen los Evangelios que a los tres días resucitó. Y los que tienen fe, así lo creen a

 nota del 24/12/2000 de revista viva

 

 

 

 

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Dios en carne víva .

  HIZO EL BIEN DURANTE TODA SU VIDA. SU DIVINIDAD SE HIZO PATENTE AL PERCIBIR EL DOLOR AJENO. MURIO HACIENDO DEL FRACASO, SOLIDARIDAD.

Por Hugo Mujica

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