HUMPHREY  BOGART


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Han pasado más de cuarenta años desde su muerte, pero Humphrey Bogart es hoy más popular que entonces. Sus personajes se han convertido con el paso del tiempo en arquetipos éticos de gran impacto, tanto para nostálgicos de todas la edades como para estudiantes de cine. 
Bogart representa un símbolo para minorías en su faceta de precursor del antihéroe moderno sin  dejar de ser uno de los actores más celebres de la edad de oro de Hollywood. No está nada mal si  tenemos en cuenta que sus primeras apariciones en la pantalla fueron como modelo infantil, anunciando latas de comida para niños, aunque más tarde, siendo todavía un chiquillo, consiguió un papel en Broadway que consistía en asomarse por una ventana y gritar: "¿Quién juega al tenis conmigo?". 
Bogart comenzó a forjarse una personalidad interpretativa el siete de enero de 1935, fecha de la primera de ciento ochenta y una actuaciones en el papel del gángster Duke Mantee para la obra teatral "El bosque petrificado", de Robert Sherwood. La adaptación al cine le llevo hasta Hollywood, aunque Bogart ya había debutado en el cine en 1930, en una serie de películas que pasaron sin pena ni gloria. Pero esta vez fue diferente, porque el papel valía la pena. 
La Warner Brothers, productora para la que trabajó en numerosas ocasiones, lo volvió a escoger para interpretar a un gángster vicioso en una serie. Hacia finales de los años treinta Bogart desplegó una actividad frenética con papeles secundarios en producciones de calidad, como el personaje de Baby face Martin en "Dead end" (1937), de William Wyler, película costumbrista sobre los suburbios de Nueva York. A esta siguieron otras en las que Bogart secundaba a Cagney y Robinson, encarnando al gángster perverso sin asomo de arrepentimiento que resultaba ser un cobarde justo antes del clímax. Las películas que interpretó bajo esta fórmula fueron los clásicos "Angels with dirty faces" (1938) y "The roaring twenties" (1939), así como la ignorada comedia "Brother Orchid" (1940), en la que el estafador Edward C. Robinson se esconde en un monasterio. Actúo como protagonista de innumerables películas de serie B que los estudios más importantes producían en cantidades industriales. 
Pero no todo fueron éxitos; entre las películas que interpretó a finales de los treinta hay unas cuantas malas. Los westerns "The Oklahoma kid" (1939) y "Oro, amor y sangre" (1940) le hicieron poca justicia, así como la lacrimógena "Amarga Victoria" (1939), película protagonizada por Bette Davis en la que Bogart libra una batalla perdida de antemano en el papel de entrenador de caballos con acento irlandés. La que realmente se lleva la palma es "The return of Dr. X" (1939), film que la Warner Brothers le obligó a aceptar como castigo por haber rechazado otros papeles con la excusa de que eran inferiores, Si el público de hoy viera a Bogart representando al ridículo Doctor Xavier, acicalado para la ocasión con un mechón de pelo plateado, se partiría de risa en lugar de morirse de miedo. Quizá la culpa de que resulte tan cómico haya que achacarla a su estampa encarnando a personajes tan célebres como Sam Spade, lbok Blaine o Philip Marlowe. 
A comienzos de los cuarenta se le presentaron una serie de oportunidades que fueron las que lo llevarían a la fama. El favor se lo debe a otras estrellas de la Warner Brothers que rechazaron los papeles principales en películas como "El último refugio" (1941), que narra la historia de un delincuente que comete su último atraco. Edward C. Robinson, Paul Muni y George Raft rechazaron el papel, Parece ser que éste último era supersticioso y no quería morir en escena. "El halcón maltés" (1941) (otro film que Raft había rechazado, esta vez porque no quería trabajar con un director novato) fue la que asentó definitivamente su personalidad interpretativa. El director y guionista en cuestión, John Huston, volvió a trabajar con Bogart en otras cuatro películas. El personaje de Sam Spade es fundamental para comprender el atractivo de Bogart: independiente, 
cínico, fiel, con sentido del humor y su propio código moral... tanto las pistolas y como las mujeres se le dan de maravilla, y se encuentra en su salsa en el submundo del hampa. 
Rick Blaine, el protagonista de "Casablanca" (1942), completó el mito de Bogart aportándole el rasgo que 1e faltaba: la vulnerabilidad. Considerada por muchos como la película de Hollywood por excelencia, nada podía estar más lejos de la realidad; el guión se iba escribiendo a medida que avanzaba el rodaje y nos muestra a una Ingrid Bergman indecisa entre escapar con Bogart o quedarse con el aburrido defensor de los derechos humanos interpretado por Paul Henreid. Sin embargo, el reparto era el ideal (Claude Rains, Peter Lorre y Sydney Greenstreet en papeles secundarios), la Warner puso a trabajar a los mejores técnicos y el estreno de la película coincidió con la Conferencia de Jefes de Estado Anglo-Americanos en Casablanca. Para poner la guinda a la torta, a Bogart lo nominaron para el Oscar. En un principio se pensó en Ann Sheridan, Ronald Reagan y Dennis Morgan como protagonistas, combinación que habría resultado catastrófica. La clave del éxito de la película no esta en el argumento, sino en el reparto; buena prueba de ello son, por un lado, el espantoso film de Charles Bronson titulado "Caboblanco" (1981), y por otro, la serie televisiva de David Soul. 
La vida privada de Bogart contribuyó a impulsar su mito: bebía como un descosido (en palabras del actor, "el problema es que la gente siempre lleva tres copas de menos"), se casó en terceras nupcias con la actriz Mayo Methot (la prensa ventiló con todo lujo de detalles su atormentada relación), junto a la que trabajó en "Marked woman" (1937); suscribió casi tantas frases famosas como Marilyn Monroe. También salieron a la luz sus peleas con la Warner Brothers a causa de los papeles que le ofrecían, lo que llevó a que gran parte del público identificara al Bogart-actor con el Bogart-persona. Puede que el mismo empezara a creérselo, pues, según comentó Dave Chasen, dueño de un restaurante en Hollywood, "Bogart es encantador hasta 1as once y media. A partir de entonces se cree que es Bogart". 
Alcanzó la cima de su carrera con interpretaciones magistrales en una serie de magnificas películas, entre las que se encuentran las cuatro que protagonizó con Lauren Bacall a mediados de los cuarenta. Se casaron tras trabajar juntos en "Tener y no tener" (1945), película debut para la Bacall en la que pronunciaba la inolvidable frase "Sabes silbar, ¿verdad Steve? Sólo tienes que juntar los labios y soplar", Su siguiente película juntos, "El sueño eterno" (1946), con un Bogart perfecto en el papel de Philip Marlowe, superó a la anterior. La trama era tan compleja que incluso el autor de la novela, Raymond Chandler, tenía dudas sobre quien había asesinado al chofer. El diálogo, demasiado atrevido para la época, convirtió a la pareja Bogart-Bacall cn uno de los grandes dúos de la historia del cine. Luego vinieron "La senda tenebrosa" (1947) y "Cayo Largo" (1948), aunque entonces Bogart cosechara mayor popularidad con "El tesoro de Sierra Madre" (1948), de John Huston. A pesar de ser una buena película, esta historia de codicia resulta un tanto vanidosa hoy en día. Bogart finalizó la década con la creación de su propia productora, Santana. Los años cincuenta no desmerecieron su labor anterior. Empezó con "In a lonely place" (1950) de Nicholas Ray, que no deja de estar infravalorada a pesar de que fue ganándose gradualmente una buena reputación. La película, que narra la historia de un guionista de Hollywood del que se sospecha que es un asesino, es una reflexión profunda sobre la violencia. Bogart recibió su único Oscar gracias a la película "La reina de Africa" (1951), junto a alguien cuya elección pudo sorprender en principio pero que más tarde resulto un acierto: la célebre Catharine Hepburn. Los buenos papeles le siguieron lloviendo en películas como "Beat the devil" (1953), "El motín del Caine" (1954) y "No somos ángeles" (1954). Y le habrían seguido lloviendo de no ser por el cáncer que le quitó la vida en enero de 1957, tras una desesperada lucha por combatirlo.

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