HOMERO

 

El HEROE SABIO

Por Carlos A. Ronchi March

Para LA NAcioN-Buenos Aires, 2001

Con el título La aventura de la Odisea publicó en 1960 el gran helenista Karl Reinhardt su estudio sobre la estructura del famoso poema homérico que junto con la Ilíada marca el comienzo de la literatura occidental.

El protagonista de la iliada es Aquíles, "el héroe de la fuerza", como lo llama el filósofo Vico, en tanto que al de la Odisea, Ulises, lo denomina "el héroe de la sabiduría" Efectivamente, este último, cuyo nombre griego (Odysséus, con variantes como Ulixéus, que a través del latín dio Ulises) es probablemente prehelénico, resulta para nosotros más cercano que los héroes de la Iliada Hasta podemos decir, sin más, que Ulises es el Hombre, con mayúscula, y por eso desde Homero, Ovidio o Séneca hasta Shakespeare, Goethe, Tennyson, joyce o Kazantzakis, la tradición occidental ha ido descubriendo en él un reflejo de los más diversos ideales y hasta defectos humanos. Se ha observado repetidamente que en la escala de valores de esa época la sinceridad La Odisea es el primer libro de aventuras, la primera novela de toda la literatura europea. Cuando yo estudiaba en la Facultad, nuestros profesores de griego solían decirnos que el gran poema se compone de tres partes: la Telemaquia, los viajes de Telémaco, el hijo ya mozo de Ulises, que ante la larga ausencia de su padre decide dejar en la isla de Itaca a su madre Penélope, asediada por los pretendiéntes a quienes engaña con el tejido de una interminable tela, y salir en busca de su padre Ulises. Luego los viajes del propio Ulises, que navega con sus compañeros por entre mares y pueblos desconocidos, acosado por el odio del dios Poseidón pero protegido hasta el fin por la no menos poderosa Palas Atenea, y por último, el retorno del héroe a Itaca y la matanza de los pretendientes de su mujer. Con t3l división tripartita, puramente didáctica, nos querían hacer notar que la estructura de la Odisea no es lineal. Efectivamente no lo es, pero ante un atento análisis se revela mucho más compleja y refinada todavía, hasta el extremo de incluir la llamada "composición en anillo". da con pocos trazos, la princesa Nausícua, por su pureza, por su vivacidad juvenil, por la ingenua frescura de sus sentimientos, es una de las más grandes creaciones de la poesía homérica. Ulises, que se presenta como un simple extranjero, es recibido con agasajos por el rey Alcínoo, y en un banquete nocturno, al oír cantar al aedo Demódoco la caída de Troya mediante el ardid del caballo de madera, no puede evitar el llanto y es reconocido por el rey, quien lo invita a narrar sus aventuras. De este modo, con el canto IX comienzan los relatos acaso más fascinantes de la Odisea: los lotófagos o comedores de loto, la planta cuya flor causa el olvido de la patria y del regreso; los lestrígones, gigantes antropófagos; Circe, la maga bellísima que por un momento transforma en cerdos a los compañeros de Ulises; el país de los cimerios, envuelto en perpetua noche, y allí mismo la solemne evocación de las almas de los muertos (Nékyia), entre ellos su propia madre, que ha sucumbido de tristeza por la ausencia del héroe; el monstruoso cíclope Polífemo, gigante de un solo ojo, a quien engaña y ciega