ANTHONY HOPKINS
El silencio de Anthony Hopkins. Casi ni se lo escucha cuando entra a un coqueto salón del Regency Hotel neoyorquíno. Como un gato, no hace ruido con las pisadas y se escabulle entre una multitud que lo espera ansiosa. Induso su ropa -saco negro, remera gris- apenas se ve entre tanto tapado, gorro y bufanda típico de la época. Su reloj amarillo y el sonido de los cubos de hielo que flotan en su vaso de agua lo hacen un poco más perceptible. Philip Anthony Hopkins, Sir Anthony o simplemente Tony es, por estos días, Hannibal Lecter, el caníbal que hizo estremecer hace diez años en El silencio de los inocentes. Su cara con los ojos rojos pasea' por Nueva York -nevada como en las películas- sobre los techos de-los taxis, asusta desde los afiches de las paredes't' desde las tapas de las revistas. El viernes se estrenó en los Estados Unidos Hannibal (llega a Buenos Aires el 22), la esperada secuela de aquella película de Jolínatan Dernme que ganó los cuatro Oscar más importantes. Hopkins es uno de los pocos sobrevivientes ya que ni Jodie Foster ni Demme son parte de este nuevo proyecto. Esta vez, el papel de Clarice Starling fue para Julianne Moore y la responsabilidad de la dirección recayó en Ridley Scott. Aunque a Hopkins esto lo tiene sin cuidado. De hecho, es como si nada le importara demasiado. Su actitud es cordial, pero casi indiferente. Aunque hace varios años que vive en Pacific Palisades, en la costa oeste de los Estados Unidos, tiene estancado el acento galés en su garganta. También conserva los modales de caballero. Obvio, no luce como un típico yankee californiano. Pasaron diez años desde que interpretó por primera vez a Hannibal Lecter. La primera pregunta es simple:
¿Lo extrañó? •
No, no tenía idea de que íbamos a hacer la secuela. La gente me lo preguntaba y yo les decía: "Eso se lo tienen que preguntar a Tomas Harris (el autor de la novela). En verdad, pensé en Hannibal algunas veces, pero no mucho. Viví mi vida, hice lo que tenía que hacer... Y un día, hace dos años, me lo propusieron y pensé: Sería interesante volver a hacerlo. Es un trabajo bastante simple, no es cansador, no conlleva ningún problema, Tuve un buen director y una gran coprotagonista, fue una cosa bastante fácil.


• ¿Se divirtió haciéndolo?
• Uy, sí. Me gustaba decir gudi, gudi y oki doki. Es cómico porque Hannibal es un personaje extraño. Es a la vez gracioso y aterrador. Alguien me dijo que era un paladín de la justicia. Será porque mata solamente a los malos.
¿No lo encuentra perturbador?
a Todos vamos al cine a ver estas películas y yo no creo que haya nada particularmente perturbador. Nos entretienen, nos dan miedo. Shakespeare escribía obras situadas en Europa durante los siglos XV y XVI y también eran cosas bastante espantosas, horripilantes. Pero así era la vida en esos tiempos. Era una peculiar yuxtaposioción entre la belleza del Renacimiento basada en el barbarismo y una crueldad horrible. Y en esta película hicimos las cosas corno pasan en la modernidad.
¿Cómo progresé el doctor Lectet? ¿A usted se le ocurrió decir old doki antes de cometer un crimen?
. El está cambiado, han pasado diez años y oki doki fue algo que se nos ocurrió en el momento, con Giancarlo Giannini. Sé que al público le gusta ese tipo de cosas por- que hace al personaje más aterrador. Cuando él dice esas palabras, la gente ya se va preparando y sabe que está por hacer algo horrible, aunque suene amigable.
¿Cuál es su técnica para hacer que este i personaje sea tan aterrador?
a Yo no tengo que hacer nada, de¡o que el público se asuste solo. De verdad, el guión ya es terrorífico.
¿Qué leyó primero, el guión o la novela?
Primero leí la novela.
¿Y qué opina del cambio de final?
Me parece bien. Aunque no entendí por qué lo cambiaron. Yo confié en que'e1 director lo iba a hacer lo mejor posible.
¿Le hubiese gustado viajar a Buenos Aires para filmar el final, como dice en la novela?
Sí, claro. Me dijeron que es una ciudad hermosa. Pero bueno, lo dejé pasar. a En la película se sugiere que habrá una nueva secuela,
¿le gustaría hacerla?
Tomas Harris tardó diez años en escribir esta novela; para cuando escriba una nueva ya seré muy viejo. Aunque sé que Dino de Laurentis (el productor y dueño de los derechos) está pensando en hacer una nueva versión de El dragón rojo, la novela donde aparece por primera vez Hannibal Lecter. Pero no sé si eso va a pasar. La verdad, no puedo proyectar más allá de esta tarde. a El doctor Lecter es un hombre muy sofisticado,
¿cuál es la mayor sofísticación suya?
Ni siquiera sé mucho sobre vinos. La gente sofisticada me produce sospechas. Y yo no soy así. Una vez conocí a un tipo sofisticado y me pareció muy aburrido.
¿Cómo se sintió con Jullanne Moore, fue muy distinta a a Jodie Foster?
Claro, porque son diferentes. Pero fue igual de bueno. Yo ya había trabajado con Julianne en Sobreviviendo a Picasso. Y cuando Ridley Scott me preguntó qué opinaba de ella le dije que iba a estar muy bien. Estuve encantado de que la eligieran.
¿Se inspiró en algo o en alguien para interpretar a Hannibal Lecter'?
. a mi me encantan los felinos, me gusta observarlos en las sabanas del Africa, en la jungla de India o en las casas. Me gusta ver documentales sobre ellos. Fui a Africa y vi a las leonas cazar. Es espectacular lo que hacen, la forma en que se mueven, la eficiencia que tienen, son como una máquina. Y pensé que Lecter podía ser así cuando camina. Nadie se le acerca porque hay algo raro en su forma de caminar.
¿Qué guión saca lo mejor del personaje, El silencío de los inocentes o Hannibal? Creo que Hannibal. Tiene más líneas y además pude improvisar bastante.
¿Le es indiferente saber con quién va a filmar o quién lo va a dirigir en una película?
No tengo una personalidad como para controlar cosas. No es mi tarea tratar de ver quién va a ocupar cada rol. Cada vez que dije que una persona tendría que hacer tal cosa, salió mal. Porque de verdad lo que mejor me sale es actuar. Hago lo mío y cobro por eso. Me esfuerzo por hacerlo bien, trabajo duro para aprender el texto y entenderlo y no me meto en ninguna otra cosa. Ni siquiera me importa lo que estás escribiendo en tu libreta sobre mí, porque ese es tú trabajo, no el mío. ¿Por qué cree que a la gente le gusta ver maldad en las películas?
Uno de los personajes más interesantes de Shakespeare es el Yago de Otelo. Cuando lo vemos, lo admiramos de una forma secreta y perversa. Quizás porque a nosotros nos gustaría ser así en algún punto.
¿Qué queremos ver?
Queremos ver la maldad porque es propia del ser humano. Lawrenke Olivier una vez me dijo: "Cuando tenés una mala crítica en un diario hacés.múy feliz a.otros actores". Y es verdad. Uno no qui«Te ver sólo su éxito, quiere ver cómo los demás fracasan. Está en los seres,humanos. Ahora podríamos sonarnos las narices unos a otros y simular que somos puros e inocentes. ¡Mentira!
Ninguno está libre de maldad. Somos corruptibles, codiciosos, magnificentes y todo el resto. Es por eso que vamos a ver esas películas. Por eso nos entretienen.
¿Para qué pagamos siete dólares para entrar al cine?
No quiere decir que seamos malos, sino que somos humanos.
¿Qué hace a un proyecto irresistibie? a No sé. Uno siente apenas empieza a leer un guión si le va a gustar o no. A veces tengo corazonadas... En general son correctas. Pero ya no hago películas para tener una carrera. Tuve una carrera larga, interesante y exitosa. No tengo nada que probar. En marzo voy a hacer una película de acción con Chris Rock. Y lo tomo como un juego. Esta es una industria muy interesante que ha sido buena para mí. Si me quieren, bien. Si no, también. No tengo ambiciones, no tengo un personaje que ansíe hacer, no quiero dirigir, no quiero escribir. Estoy feliz siendo quién soy. a Se considera un actor virtuoso... a El virtuosismo es una sofisticación, una mierda. Yo vengo de un pasado de carne y papas, no puedo soportar a los actores que se dan corte por hacer teatro. Por eso vivo en Mickeyland y soy un hombre de playa. No tengo necesidad de probarme a mí mismo que puedo hacer Shakespeare porque ya lo hice. No es mi objetivo demostrarle a nadie que soy un actor clásico. a ¿Cómo hace para lidiar con los actores pretenciosos?
No tengo problemas, siempre que lleguen a horario. Si quieren darse corte antes de llegar al set, que lo hagan, pero sean puntuales que para eso nos pagan. Los veinte minutos previstos para la entrevista se están por cumplir. Y aunque no lo demuestra, Anthony Hopkins está ansioso por irse volando. Encuentra la oportunidad justa cuando alguien le pide una de sus imitaciones, famosas en los sets de filmación. Simpático, se acomoda en su sillón, junta las manos y suelta unos sonidos que enseguida recuerdan a la voz de Marlon Brando. Amparándose quizá en la personalidad de Don Corleone, dice desde lo más profundo de su alma: "Odio responder todas estas preguntas de estos tontos periodistas". Entonces, veloz como un tigre, se levanta, estrecha con fuerza la mano y se va.

UN DESCANSO
Hace poco más de dos años, Anthony Hopkins dijo (al menos eso se publicó en un diario londinense) que quería abandonar la actuación para siempre.
¿Por qué?
"Estaba en el set de Titus Andronicus -explica hoy el propio Hopkins- y pensé que esa era una forma estúpida de seguir. Entonces dije que quería un largo descanso. Y publicaron que quería dejar de actuar. Finalmente planifiqué tomarme un año libre. Me ocupé de mí cuerpo, cambié mi dieta, escalé montañas, corrí en la playa, manejé, toqué el piano, leí, escuché música. A los nueve meses mi agente me llamó y me dijo que había una posibilidad de hacer una participación de cuatro días en una película con Tom Cruise, Misión: imposible, Y le dije que sí. Trabajé durante cuatro días.,Me dieron el guión sólo con la parte que me tocaba a mí, o sea que no tenía ni idea del resto de la película. Pero aprendí mi letra, me pagaron y volví a mi casa. Hannibal es mi primera película después dé -Misión: imposible. Mientras la hice noté el valor del descanso"
POR FERNANDA IGLESIAS ,CLARIN 18/02/2001.

De una panadería en Gales al escalofriante Dr. Lecter hubo un largo trecho y pasaron muchas cosas: una infancia triste, una juventud de teatro, el alcohol, la locura, la huida a Estados Unidos y la consagración total después de los cincuenta años. Momentos de la vida de un grande.
CRÓNICA DE UN NIÑO SOLO

por:Silvia Maestruti

Antes, mucho antes de convertirse en la perfecta síntesis entre el actor teatral británico y el galán maduro de Hollywood, mucho antes de recibir cheques de 10 millones de dólares por película, antes de ser Hannibal Lecter o de conocer a la reina Isabel y de recibir el título de "Sir", Anthony Hopkins tuvo que pasar por una infancia demasiado gris en Gales.
Port Talbot se llama el pueblo del sur de Gales en el que nació el 31 de diciembre de 1937, Un entorno austero, tranquilo y con sierras qué apenas pasaba los 15 mil habitantes. Fue hijo único y se crió en una casa arriba de la panadería de sus padres, Richard y Muriel. "En Port Talbot llovía tanto que no me quedó otra que desarrollar un sentido fuerte de la introspección, y me volví melancólico. Miraba los cerros por la ventana y dibujaba todo el día. Después, se me dio por tocar el piano como un autista Cuando Anthony Hopkíns habla, la modestia gana, y no le preocupa demasiado esconder algún punto oscuro de su biografla o inventar algo para quedar bien. No parece oportunista ni ventajero A lo sumo, reservado.
De chico no tenía amigos. No entendía para qué servía el colegio y le costaba un Perú aprender matemáticas. Odiaba la escuela y para colmo, como la mayoría de los chicos de clase media o media alta británicos, era pupilo. "Decían que era disléxico o lento de razonamiento, pero la verdad es que era estúpido", confiesa, "no retenía las cosas y mi mamá estaba preocupada; mi papá, que era un tipo simple y básico, hijo de un gremialista de los panaderos de Londres, directamente no me entendía. Me acuerdo que una noche entró al living de casa, todavía sacudiéndose harina de las mangas, y se quedó mirándome mientras tocaba el piano. Me preguntó: '¿Qué tocás?. Veethoven le contesté. Pegó media vuelta y antes de salir me rezongó: 'Con razón se quedó sordo'. Así me crié, metido en mi propio mundo, entre una madre sobre protectora  siempre preocupada y un padre que no tenía esperanzas en mí y que me consideraba, con bastante razón, un inútil
Sus compañeros de escuela nunca llegaron a entenderlo. Le tenían miedo porque si bien no le gustaba jugar al rugby o al fútbol, tenía mucha fuerza y era bastante bruto. Por las dudas se mantenían lejos; le decían El Loco Hopkíns. Dicen que era tan ermitaño que a veces ni iba a sus propias fiestas de cumpleaños.
Fue recién a los catorce años que encontró el rumbo. Una tarde de primavera se enteró que el galán Richard Burton, por ese entonces la celebridad del pueblo, había ido a visitar a su hermana mayor Sissy en un viaje relámpago desde Hollywood. El futuro marido de Elizabeth Taylor y futuro protagonista de Cleopatra tenía 26 años, y ya había deslumbrado al público londinense haciendo a Shakespeare. En esa época, desde Londres se lo criticaba por elegir a Hollywood en lugar de los escenarios teatrales británicos, por elegir el billete, por abaratarse. Por supuesto que poco le importaba ese asunto al adolescente tardío Tony, que se dirigió tímido a la casa de Sissy en busca de un autógrafo tan preciado para él como para su madre. Antes de golpear la puerta, oyó a los hermanos hablando en galés. Tuvo miedo de tener que usar el idioma local, lengua que para su incomodidad futura jamás aprendería.
Sissy lo dejó entrary lo llevó hasta el baño. Burton en camiseta musculosa, se estaba afeitando con una máquina eléctrica, toda una excentricidad para los años cincuenta. El actor le preguntó dónde vivía y más tarde dijo: "Trabajé en un negocio justo enfrente de tu casa, pero me echaron porque era un desastre".
Mientras caminaba de vuelta hacia la panadería familiar, una poderosa convicción se había apoderado del lunático Hopkins. Si Burton también había fracasado haciendo cosas normales, ¿por qué él no podía tener éxito haciendo grandes cosas? Todo el mundo -pensó- tenía que tener al menos una chance en la vida.
Un minuto después, el jaguar plateado de Burton le tocaba bocina y desaparecía en la ruta camino a Car El chico se infló de determinación y pensó: "Tengo que aclarar mi cabeza y salir cuanto antes de este pueblo. Quiero ser como él, importante y famoso". Ahí comenzó la lucha por exorcizar los demonios de la soledad, lo que él llamó "la lucha de mi vida".
"Benditos sean los débiles porque ellos heredarán la tierra Fueron las primeras líneas que Anthony Hopkins recitó arriba de un escenario. Aunque todavía no tenía en claro si iba a dedicarse a la música o a la actuación, se había anotado en el grupo de teatro de la Asociación Cristiana de jóvenes de Port Talbot empujado por su padre, quien se cansó de verlo encerrado en su cuarto y un día lo amenazó: "¡Por el amor de Dios, salí de una vez de esta casa y hacerte algún amigo!".
Le dieron un papelito en una obra religiosa. Tras decir esas únicas dos líneas volvió a sentir aquella inspiración, aquella sensación de poder. Instantáneamente lo tuvo claro: "Hacer esto es mucho mejor que ir a trabajar".
ELTEATRO Y EL TRAGO AMARGO
Tres pruebas fueron importantes en la vida de Anthony Hopkins La primera, en la Asociación Cristiana de Jóvenes, lo ayudó a encontrar una vocación. Sus dudas entre la música y la actuación se disiparon. A los 17 años viajó a Cardiff, la capital de Gales, y estudió dos temporadas en la Universidad de Música y Actuación. Se decidió porloúltimo cuando lo llamaron para hacer el examen médico de aptitud para el servicio militar.
"¿Cómo dijo?", recuerda que le balbuceó al médico. En el segundo gran papel de su vida, Hopkins intentó hacerse pasar por sordo. Pero lo descubrieron. Los dos años siguientes tuvo que tipear cartas y hacer mandados en un cuartel de Salisbury Plains.
Hopkins pasó esos dos años leyendo autores clásicos y practicando entre las sombras. Como buen adicto al trabajo, no iba a perder todo su tiempo haciendo deberes para los oficiales. Cuando volvió a la calle, venció el prejuicio y se anotó en la Escuela Real de Arte Dramático en Londres, el semillero de innumerables grandes actores. No muy alto (1.73), Hopkins deslumbraba por sus ojos celestes y una fuerza inquietante que se concentraba en su mirada --dándole ese look inquietante- o motorizaba sus movimientos. "Una vez me echaron de una obra por zamarrear muy violentamente a un compañero. Todos en mi familia tenemos un extra de energía: mi papá, mi abuelo. Que ninguno de ellos te apretara las manos... "
Tras hacer un poco de expenencia en circuitos menores, se presentó a la tercera gran prueba de su vida: la entrada en el Teatro Nacional.
Sir Laurence Olivier -el mayor actor inglés vivo en aquel entonces y el más reconocido especialista en Shakespeare- le tomó la audición en persona. En aquel momento estaba representando Otelo con un tremendo exito Cuando lo vio, a Hopkins le temblaron las piernas. Olivier le preguntó: "¿Qué pieza de Shakespeare vas a interpretar?". HopIcins, que dominaba una sola obra, contestó: "Otelo". Viendo que los nervios paralizaban al postulante, Sir Laurence intentó romper el hielo: " Sos un caradura", y pidió un cigarrillo: "Es que me ponés nervioso, querido, no sea cosa que resultes mejor que yo". La humorada relajó a Hopkins quien hizo su parte y esperó el veredicto.
"No creo que vaya a perder el sueño esta noche, pero sos muy bueno, podés entrar en la compañía", fue la bienvenida del maestro.
Oliver vio en Hoplkins a su sucesor, y lo apadrinó. Fue su mentor, dando consejos' decisivos: "Arriesgá, colgate de la rama de un árbol, acércate al limite".
A Hopkins el destino lo unía no sólo a Burlan, sino también a Oliver Uno de los primeros papeles que tuvo en el Teatro Nacional fue por accidente, y tuvo que ver con Sir Laurence. Hopkins había sido designado suplente de su padrino para el papel principal de La danza de los muertos. Olívier tuvo que serinternado de urgencia por una apendicitis. De golpe, Hopkins entraba en escena como protagonista, reemplazando al genio de las tablas.
Años después, Olivier contaría en sus memorias aquel momento mágico: "En esa obra tan complicada el chico saltó al escenario con la suficiencia de un gato que camina con un ratón atrapado entre los dientes".
La primera experiencia con el cine no llegó mucho después y también lo vinculó a un grande. Fue en el 67, en Londres, cuando Hopikins recibió una llamada de otro de sus ídolos, Peter O'Toole. El actor le dijo que era el candidato para hacer de Ricardo Corazón de León en El león de invierno, junto con él y Katharine Hepbum y lo citó para su primera prueba de cámara al otro día en Chelsea. Ala mañana siguiente, después de una hora de testeo, O'Toole se le acercó y le preguntó: "Te gusta la cámara?". Tras la afirmativa de Hopkins agregó: "¿Y entonces por qué le das la espalda todo el tiempo? Si hacés eso te voy a robar la escena. Bueno... pensándolo bien probablemente tela voy a robar igual hagas lo que hagas". 0'Toole, otro grande, lo aconsejó para su debuten cine: " Olvídate del actor de teatro. Actuá menos, guarda  la voz, dejá que trabaje la cárnara".
Fueron los años de crecimiento. Mimado porlos grandes en la escena teatral clásica de Londres, protegido por Olivier, incipiente en el cine, a Hopkins se lo recuerda en esa época como un tipo bastante inestable, hiperadicto al trabajo y un poco más amigo de la cerveza que lo aconsejable. Y defensor del teatro por sobre todas las cosas: "El cine es ridículo, se gana plata y fama, pero puede arruinarte, a menos que seas Humphrey Bogart El teatro es atletismo mental, pero el cine o la TV son tan fáciles que uno ni se concentra".
A principios de los setenta, se divorció de su primera mujer, Petronella Baker y abandonó a su hija Abigail, a quien prácticamente no vería en los siguientes 18 años. Su temperamento inquíeto (" Necesito moverme siempre, estar en hoteles, de acá para allá") le escribió el guión para esos años. Una vez más eligió estar solo, abandonó la puesta de Macbeth por un ataque de pánico y se mudó a NuevaYork, donde dejó la cerveza para enamorarse del tequila. "Estaba haciendo Equus en Broadway y me acuerdo que Regaba una hora antes al bar del teatro y me tomaba unos cuantos tequilas. Era la única forma de vencer el miedo de salir al escenario." Fueron años de pesadilla, Hoplkins se había convertido en un tipo insoportable. Vivía peleándose con colegas y directores, y le llegaban pocas ofertas interesantes de Hollywood.
Harta de sorportarlo en ese estado, Jennifer Lynton, su flamante segunda esposa, se tomó un avión a Londres y le prohibió acompañarla hasta que no hiciera un tratamiento. Tuvieron que pasar unos cuantos tragos más para que Tony entrara en razón. "Un día me desperté en mi auto en una autopista de Phoenix, Arizona, y lo único que me acordaba era que había salido de Los Angeles el día anterior. Había hecho 1.600 Icilórnetros completamente borracho y no me maté ni maté a nadie de milagro. Dije:' suficiente' y al otro día fui a una reunión de Alcohólicos Anónimos en Los Angeles. La mía fue una derrota de la MÍ inteligencia, un triunfo del ego y de la arrogancia. Por suerte me convertí en un alérgico a la bebida." Las únicas gotas de alcohol que probó desde 1975 fueron de Chianti, el bajativo favorito del doctor Hannibal Lecter.

Ese No sé qué que tienen los villanos

HOPKINS Y EL PERFIL SIEMPRE SEDUCTOR DE LOS PERSONAJES COMO LECTER 0 HITLER.

 

Kenneth Tynan, el critico británico de cine y teatro más influyente de¡ sigo pasado, dijo una vez que uno de los atributos indispensables para considerar a alguien un gran actor es la habilidad de poder comunicar una sensación de peligro". Anthony Hopkins hizo de esa habilidad un culto. En primer lugar, claro, está Hannibal Lecter, pero muchos años antes, en 1975, hizo un memorable Hitler para el telefilm El búnker. Interrogado sobre si sus prejuicios pueden llegar a arruinar una interpretación de un personaje odiado o monstruoso como Hitler o Lecter, contesta sin reparos: "Un actor nunca debe juzgar a sus personajes. Cuando tuve que hacer a Hitler me mentalicé en que era un h que tenía un sueño y fracasó". ¿Relación entre Lecter y HITLER Hopkins cree que hay una: "Los grandes villanos tienen una característica no tienen dudas, no tienen incertidumbres. Son como máquinas, saben lo que van a hacer por naturaleza. Una vez leí que Hitler tenía en su biblioteca mil libros, y que casi seguro no había abierto casi ninguno. Me acuerdo que pensé: ¿para qué iba a leerlos si no tenía ninguna duda acerca de lo que quería hacer? Está en la historia: Mefistófeles, Yago de Shakespeare... los personajes malvados hacen sin rendirle cuentas a los cargos de conciencia. Y al resto no nos gusta, pero nos fascina o nos llama la atención, porque en el fondo todos tenemos un lado oscuro, y el que diga que no, miente. No nos atrae el éxito de los demás, sino su fracaso.

Inglés, irremediablemente inglés

por: Diego Lerer

Acaso sea algo ingles Demasiado inglés Lo cierto es que Anthony Hopkins es uno de los pocos actores -sino el único, en la era del colágeno- que parece mayor que la edad que tiene. Cuando hizo EL silencio..., hace diez años, tenia 52. Saquen cuentas. El dato parece más que una simple curiosidad. En un mercado de egos, Hopkins hace todo lo posible por esconder el suyo: nada de cirujias ni teñidos de pelo, ni sacrificios por el arte, ni siquiera una e pasión. No es nada britanico vanagloriarse del éxito ni aparecerse después de un Oscar con una nariz nueva. Hopkins gusta considerarse a sí mismo norteamericano. Lo dice todo el tiempo: admira a sus actores, le fascina el país, su gente y hábitos. Esa elección lo aleja de cierta postura británica de superioridad (¡Ah, Shakespeare!) que le resulta irritante. Sin embargo, hay algo irremediablemente inglés en su estilo actoral, en la forma en la que repite -cual Laurence Olivier frente a los dilemas psicológicos de Dustin Hoffiman para interpretar a su personaje en Maraton de la Muerte aquéllo de: "¿Por qué no probas actuar Muy sutilmente se burló de Julianne Moore, su coestrella en Hannibal, cuando ella dijo que tuvo que ir al psicólogo luego de hacer el papel de Clarice Staring. Como Oliver Hopkins se sentó hace pocos días en el Festival de Berlín y miró a los periodistas con cara de: Esto es un trabajo. Te pagan, lo haces, y a otra cosa". Mal no le han pagado al bueno de Tony por Hannibal. Llegaría a ganar US$ 25 millones. Hannibal hace las vecEgenial creación y su producto más bastardo: es el Obi Wan Venobi que torturó por muchos años a Alec Guiness. Un papel que no lo representa (¿cuántos otros villanos hizo en su carrera?), pero que lo consagra y lo define. Hopkins, sin embargo, no se avergüenza y jamás dirá: "Yo soy mucho más que esto. Mientras cuenta el dinero, seguramente recordará que esto es sólo un trabajo". Y rechinará los dientes como el Dr. Lecter después de un buen atracón.
LA VIDA EMPIEZA A LOS CINCUENTA

Con el correr de los años, Hopkins había sumado una veintena de películas, muchas de ellas remarcables (Un puente demasiado lejos, 1977, El hombre elefante, 1980; El motín, 1984; Un coro de desaprobación, 1989), pero siempre debajo de otros grandes y lejos del prefijo mega que Hollywood le in flinge a todo lo que toca.
Un día de 1990, su agente lo llamó y le di j o que tenía para él un papel que le podía cambiar la vida. "Cuando me dijo el título creí que era algo para chicos. Al leerlo me di cuenta que era tan bueno que tenía que rechazarlo, que no podía ser para mí. Son esas cosas que te pasan una vez en la vida", dice sobre la película, El silencio de los inocentes, y el personaje, Hannibal Lecter. Hopkins siempre le sumó cosas suyas a los personajes, y Lecter no fue la excepción. No bien empezó a leer el libreto se dio cuenta de cómo iba a ser el asesino serial. Tensé en administrar la energía y el poder sutilmente esconderlo detrás de maneras elegantes; pensé en un animal, como me gusta hacer con mis personajes, y se me ocurrió un gato: Lecter tenía que ser un gato con la cabeza redonda como una bola de billar y el pelo grasoso, como una rata. Tenía que ser un personaje sexy y a la vez remoto. " Sin brillo, para no distraer, sin parpadeos (el Doctor Lecter todavía no parpadeó en sus dos apariciones en la pantalla grande), para robarse la atención, Hopkins hizo una composición genial y su vida cambió de golpe.
"Todo el mundo me decía que iba a ganar el Oscar pero yo no lo creía porque los críticos habían dudado si ponerme en la categoría Mejor Actor o si ponerme Mejor Actor de Reparto, debido a que Lecter aparecía en la peficula apenas 20 minutos", refleja antes de recordar una coincidencia agridulce: "El día que recibí el Oscar se cumplían 11 años de la muerte de mi padre, un tipo que se murió pensando que su hijo tenía que buscarse un trabajo serio en lugar de hacer payasa das. En realidad creo que tenía razón: soy actor porque soy vago. No puedo creer que me gane la vida haciendo esto. Coincido con lo que pensaba David Níven, quien temió hasta último momento de su vida que alguien le golpeara elhombro yle dijera: 'Se terminó la farsa, impostor, ahora vas a tener que buscarte un trabajo serio'." La varita mágica lo tocó a los 52 años. Desde aquella película fue conocido en todo el mundo y se alejó cada vez más del ghetto prestigioso del teatro y la entonación británicas. Fue Picasso, Nixon, El Zorro, trabajó en Drácula y en Misión Imposible II. Dirigió en 1996. Lejos de aquellas primeras consideraciones sobre el cine y el teatro, la fama mostró un Hopkins ideológicamente muy cambiado: "El teatro me hace acordar al colegio, es académicoy aburrido. Detesto a todos esos snobs que fuman sus puros en la platea de Londres. Quiero pochoclo y autopistas. Estoy harto de la hipocresía inglesa, prefiero la sociedad norteamericana: ellos son directos, si fracasás te cierran todas las puertas, pero si te va bien..." Sí, el actor que mejor simboliza la estirpe británica en estos tiempos (sobre todo después del viudo reprirnido, de La rnansión Howard y del mayordomo de Lo que queda del día, ambas de James Ivory) moría por hacerse norteamericano.
Ese amor veníadelejos. En la infancia solitaria, algunos de sus pocos amigos fueron soldados del ejército estadounidense que preparaban en Gales el desembarco en Normandía. "Los fines de semanavenían acasayjugaban conmigo, me empujaban el triciclo y me regalaban chide y revistas Look con fotos de actores y de un país que me parecía de sueños. Después me enteré que los mataron a todos en el desembarco y me shockeó, pero siempre guardé sus recuerdos. Para mí era la Tierra Prometida y hoy la disfruto. Amo las playas de California, amo hacer vida sana y amo agarrar un auto y poder manejar 6.000 kilómetros cuando se me antoja."
El romance con Estados Unidos le trajo una fila de problemas, todos desde Gran Bretaña. Jennifer lo acusó de estar loco "por preferir la tierra del ratón Mickey" y lo tentó decenas de veces para irse con ella a Londres. Hopkins se negó y vivieron en casas separadas muchos años antes de divorciarse en 1998. Otra prueba de fuego fue recibir su ciudadanía norteamericana: el 12 de abril del año pasado junto con sus padrinos Steven Spielberg-videocámara en mano-y John Travolta, debió juraranteun juez que renunciaba al título de Sir que la reina Isabel II le había dado en 1994. En Gales estallaron, quisieron despojarlo de su condición de Ciudadano Ilustre de Port Talbot y lo llamaron traidor. En Londres privó la calma: podría seguir siendo un Sir en suelo británico. Hace dos meses, su madre Muriel, quien vive cerca de él en Pacific Palisades, suburbio cerca de Los Angeles, también recibió su ciudadanía americana. Y Hop1dns, sordo a las críticas, hasta se permitió un comentario: 'Te salió rápido el trámite porque con 88 años no es una amenaza en el mercado laboral
Hoy en día, Hopkins es más grande que nunca. Hannibal bate récords acá y allá con un doctor Lecter que, como su mentor, perdió voltaje siniestro y se volvió más pochoclero con los años.
La desconfianza acerca de la llegada de la buena estrella es una cruz que Hopkins cargó siempre en su vida. Como si después de haber sufrido tanto de chico le costara creer que algo pudiera salirle bien. "Hay días que me levanto, veo que las cosas están perfectas, y pienso: ¿estás seguro de que no te equivocaste de persona?", confiesa.
Separado de la guionista Francine Kay ("No estoy para compromisos, ya lastimé a mucha gente"), se lo ha visto esporádicamente con Martha Stewart, una famosa presentadora de programas de TV para la mujer.
Pero, como en aquella infancia galesa, prefiere estar solo en su casa regando las plantas, tocando el piano o dándole de comer a los pájaros. Un poco de calma antes de la verdadera acción: acelerar su BMW hacia el horizonte, siguiendo infatigablemente la estela imaginaria del jaguar de Richard Burton, aquel otro galés renegado que desde un día y para siempre le mostró el camino .

TODO UN CABALLERO

por .Monica Soraci

Creo que me atraen los monstruos. No me gusta la crueldad, pero, tal vez, es mejor aceptar el aspecto siniestro de la propia naturaleza que reprimirlo aceptó el actor que también encarnó al hombre solitarío y conmovedor que se enamora de Debra Winter en Tierra de sombras
Sabe si quiere o no hacer un ffim con una simple hojeada al guión. "Es algo instintivo, Leo las primeras diez páginas y enseguida me doy cuenta de si me interesa o no -aclaró- Siempre me preguntan por qué acepté ciertas películas. Hice algunas malas ... A veces no pensé, simplemente termíné y me fui con el
Soy (le Inglaterra, y los actores ingleses siempre están desesperados por trabajar."
12 fama no logro correcto de su camino solitario. "Nunca estuve cerca de mi lamilia. No puedo quedarme en la casa de otro durante mucho tiempo. Si alguien me ínvita a comer, voy, pero no veo la hora de irme, especialmente si hay chicos---reconoció-Fantaseo con que algún día desapareceré en las colinas y nunca más me veran.
Como se dice en estos casos: tiene dificultades con los afectos. "No supe nunca cómo ser un amigo -confesó-. El otro día le escribí a mi hija; hace mucho que no la veo..." En carta era más que escueta: "Si alguna vez querés venir a Los Angeles... firmado: tu padre descarriado".

Con calma

A pesar de su intrincada vida personal, su carrera escaló cada vez más alto. En el'95 se atrevió a dirigir, componer la música y actuar en August, una adaptación de la obra de Anton Chejov.
Los Ingles La reina lo nombró Caballero, pero desistió del título para nacionalizarse norteamericano. Anton Chejov. En el estreno, los críticos le mostraron porprimera vezl os dientes. Unaño más tarde recibiría los elogios de la prensa con Amistad de Steven Spielberg, actuación que le valió una nueva nominación al Oscar.
Su conmovedora habilidad para ponerse en la piel de sus personajes le permitio cambiar hasta su apariencia fisica en Sobre a Descanso. Aclamado por su excelente actuación, logró un parecido casi exacto del pintor cubista.
En el '98 sorprendió participando de La máscara del zorro, con Antonio Banderas. "No quería jubilarme sin hacer una película (le las que se ven comiendo palomitas de maíz", Cronista.
Los años lo han poblado de canas, pero también le enseñaron a tomarse la vida sin tanto ajetreo. "He descubierto cómo no derrochar energía. Aprendí a obedecer una orcien que me doy: Trena, baja la marcha, Tony Estoy en pleno aprendizaje de enfrentar las cosas con calma -se convence-, no tomármelas muy en serio. Ni en la vida ni en el trabajo."
En el codo de su camino y nuevamente en pareja -con Francine Kay, algunas décadas menor-, Hopkins despertó de la melancolía. le descubierto que la vida es un sueño breve... Es un sueño, pero la mía es ahora un buen sueño. Cada día es una bendición."



FOTOS

EN LO QUE QUEDA DEL DIA

EN EL VENTRULOCUO DE MAGIA

COMO VAN HELSING EN DRACULA

EN UN PUENTE DEMASIADO LEJOS

EN kEAN DE sartre

en lo que queda del dia

en el zorro

en la amistad

leyendas de pasion

como nixon en nixion

con su madre y Jenniy pareja durante 20años

como picasso

con Martha su actual relacion

con el oscar por el silencio de los inocentes

cuando fue nombrado caballero y lo rechazo

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